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Jueves 21de Noviembre de 2019CORRIENTES27°Pronóstico Extendidoclima_nublado

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Ser, una tarea

Por José Ceschi

 ¡Buen día! En esta “cultura del paquete” en que vivimos sumergidos no resulta siempre fácil valorizar lo que no aparece. Alegremente decimos que “lo esencial es invisible a los ojos”, pero citando a “El Principito” seguimos dejándonos llevar por lo exterior. Como si los principios fueran por un carril y la vida práctica por otro. 
“En realidad, la vida es algo que se nos mueve dentro, y depende de cómo se plantee uno su propia realidad, de cómo la reflexione, la asume y la madure, para vivir más y mejor, o poco y necesariamente. La historia está llena de personas que supieron transitar por paisajes íntimos a veces sublimes y a veces angustiosos, pero siempre extraordinarios, pese a haber tenido existencias aparentemente grises y rutinarias. Por ejemplo Kafka, burócrata de una aburrida compañía de seguros, o el escritor portugués Pessoa, modesto representante comercial. Pero adentro de sus cabezas ardía el mundo”.
Estoy aludiendo a la nota de Rosa Montero, “El difícil viaje de crecer”, publicada en un semanario español. Dice luego: 
“Entender nuestra propia vida, saber lo que somos, desentrañar lo que queremos: esas sí que son metas prácticamente imposibles de alcanzar. Dudo de que haya habido una sola persona en la historia capaz de comprenderse por completo a sí misma; mientras, en lo exterior, los seres humanos hemos sido capaces de colocar a un tipo en la luna. Las distancias más difíciles de cubrir son siempre las interiores...
Todos vivimos nuestras vidas en frente de los demás; todos crecemos con testigos. Se trata de una gesta solitaria que se realiza en público. Aunque sólo fuera por eso, deberíamos esforzarnos en vivir nuestras vidas con decoro. A menudo lo pienso, cuando percibo esa enorme presión de nuestro entorno para ser más ricos y más triunfantes. Qué estupidez basar el éxito solamente en lo público, en lo profesional, en lo tangible. Porque ¿qué mayor triunfo puede haber que el de vivir dignamente y saber crecer y envejecer y a la postre morir con gracia y con grandeza?”. Definitivamente, quien vive en función de los aplausos ajenos está poniendo su vida en manos ajenas.
 ¡Hasta mañana!

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Ser, una tarea

Por José Ceschi

 ¡Buen día! En esta “cultura del paquete” en que vivimos sumergidos no resulta siempre fácil valorizar lo que no aparece. Alegremente decimos que “lo esencial es invisible a los ojos”, pero citando a “El Principito” seguimos dejándonos llevar por lo exterior. Como si los principios fueran por un carril y la vida práctica por otro. 
“En realidad, la vida es algo que se nos mueve dentro, y depende de cómo se plantee uno su propia realidad, de cómo la reflexione, la asume y la madure, para vivir más y mejor, o poco y necesariamente. La historia está llena de personas que supieron transitar por paisajes íntimos a veces sublimes y a veces angustiosos, pero siempre extraordinarios, pese a haber tenido existencias aparentemente grises y rutinarias. Por ejemplo Kafka, burócrata de una aburrida compañía de seguros, o el escritor portugués Pessoa, modesto representante comercial. Pero adentro de sus cabezas ardía el mundo”.
Estoy aludiendo a la nota de Rosa Montero, “El difícil viaje de crecer”, publicada en un semanario español. Dice luego: 
“Entender nuestra propia vida, saber lo que somos, desentrañar lo que queremos: esas sí que son metas prácticamente imposibles de alcanzar. Dudo de que haya habido una sola persona en la historia capaz de comprenderse por completo a sí misma; mientras, en lo exterior, los seres humanos hemos sido capaces de colocar a un tipo en la luna. Las distancias más difíciles de cubrir son siempre las interiores...
Todos vivimos nuestras vidas en frente de los demás; todos crecemos con testigos. Se trata de una gesta solitaria que se realiza en público. Aunque sólo fuera por eso, deberíamos esforzarnos en vivir nuestras vidas con decoro. A menudo lo pienso, cuando percibo esa enorme presión de nuestro entorno para ser más ricos y más triunfantes. Qué estupidez basar el éxito solamente en lo público, en lo profesional, en lo tangible. Porque ¿qué mayor triunfo puede haber que el de vivir dignamente y saber crecer y envejecer y a la postre morir con gracia y con grandeza?”. Definitivamente, quien vive en función de los aplausos ajenos está poniendo su vida en manos ajenas.
 ¡Hasta mañana!