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La Pacha: destellos de un viaje entre selva y arroyo

Cabañas a orillas del arroyo Alegre en plena Selva Misionera. Visita al Salto Encantado y al Salto Las Piedras. Senderos por el monte sin conexión de wifi. Un viaje regido con el humor de las personas.
 

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 Isaías “Cacho” Villalba extiende su mano derecha y saluda con amabilidad. Sonríe. Viajamos en micro y él nos va a buscar hasta la ruta. Ya en el predio cuenta que la cabaña tiene un dormitorio con cama matrimonial y cucheta, aire acondicionado, los espacios se abren con la cocina comedor donde también hay una cama marinera. Cuenta, además, con todos los utensilios para cocinar, hay heladera, mesa, sillas. Mientras camina las palabras se van soltando de una en una, luego saca un par de llaves, una para la puerta de entrada y otra del acceso al balcón. Se da media vuelta y se funde en el paisaje en silencio.
El viaje a Misiones se proyectó un mes antes de partir. Ana, de siete años y Francisco de 11, sin dudar se inclinaron por visitar la tierra roja. Allá fuimos en búsqueda de mucho verde, agua, calor y ese clima fresco de las noches húmedas. Viajamos en micro hasta la ciudad de Aristóbulo del Valle, nos baja en el acceso al Santo Encantado sobre Ruta Nacional 14, ahí nos esperó Isaías para llevarnos hasta La Pacha.
Tras los saludos y la primera inspección en la cabaña salimos derredor.  Los niños miran con entusiasmo tanto verde, agua y el vació inmenso. Dejaron sus mochilas en la puerta y se bifurcan a explorar el lugar entre árboles y plantas altas. Los helechos de brazos grandes se hamacan a su paso. A sus correteos me uní y después en la foto en cruz sobre el pasto. Sin televisión, sin computadoras, el humor de nosotros tres sólo podía hacer alegre un paseo por estos pagos.
El sonido del agua sorteando las piedras del arroyo Alegre contagia cierto contento. A diez metros de la cabaña teníamos el cauce del agua. Al llegar a la Pacha ese sonido de ambiente cautiva, primero se hace zumbido constante y tras ello ese susurro se vuelve cándido al oído contra la almohada en la hora del sueño. A lo largo de toda la estadía es una compañía constante.
Tras el desayuno del primer día partimos rumbo a Salto Encantado. La travesía inicial fue caminar atravesar un sendero por el monte, cruzar un puente estrecho sobre el arroyo hasta llegar a un camino que iba bordeando una plantación de té. Así finalmente llegamos a un camino vecina de tierra. En el sendero las hojas lucen nuevas, el sol hiende algunos espacios y dibuja figuras en el suelo que queríamos abrazar. En una planicie una alfombra infinita de tréboles nos cautiva, en vano buscamos por un momento el famoso trébol de cuatro hojas.

Salto Encantado
El Salto Encantado está dentro del Parque Provincial que lleva su nombre. Tiene una caída de 64 metros de altura. El predio supera las 13 mil hectáreas donde pueden recorrerse senderos y otros saltos que siguen el mismo curso de agua. Está ubicado a 6 kilómetros de Aristóbulo y dista unos 140 de Posadas, la Capital de Misiones.
En el parque hay un restaurante con una arquitectura integrada al medio ambiente. Muchos vidrios que permiten la entrada de la luz durante el día. Hay bebidas, dulces, golosinas. Comer en el balcón con vista a la selva nos vuelve pequeños ante esos árboles milenarios que se yerguen en la selva. El entorno además se vuelve mágico con música, hay “… una batalla musical / para ver quién puede cantar/ la nota más alta/ o la más baja / o la más intensa de las alegrías/ o la más tierna? Sus picos fuertes, desafilados, / beben el aire/ mientras luchan/ melodiosamente/ no en tu nombre/ ni en el mío/ y no en el nombre del éxito/ sino por puro deleite y gratitud/ créannos, dicen. / Es cosa seria estar vivo”, así cierra un poema bello de Mary Oliver, que podría ser leído en cualquier ocasión, pero llegó aquel día y hoy mientras las líneas se amontonaban en esta página llegó seguro, altivo, feliz.
Recorrimos los senderos deck y de tierra, estos últimos muchos más divertidos y atractivos en su geografía. Hubo tiempo para jugar a la vira cambota, hacer rol con el cuerpo completo sobre una bajada de pastos muy verdes. Soltamos así nuestra algarabía de pájaros.
Mientras maduraba el día volvimos a la cabaña. Merendamos, nos bañamos, leímos “La diversión de Martina”, libro que Ana trajo para estos días de silencios largos. A la noche bajo las sábanas suaves, la noche total y el sonido del agua nos reímos de las cosas que pasaron en el día, una risa suelta, estridente, acertada. Palabras como “puberto” nos hace reír infinitamente.
A la mañana desayunamos con vista al cauce del arroyo, rodeados de delgados árboles que se extendían altos lejos de nosotros. Isaías se acercó y preguntó si nos estaban molestando los sonidos del ambiente, el agua y los pájaros lo ignoraron mientras los niños sonrieron ante lo imposible – “nadie puede bajar la música de la selva”.

Piedras Blancas 
Emprendimos otra excursión, ahora el turno era el salto Piedras Blancas. Comimos en el camping. Unos perros nos rodearon mientras los choris se cocinaban lentamente. Nos fuimos a conocer senderos entre de piedras y mucha agua. La planta de nuestros pies se mantenían limpias de andar por arroyos.
Cada regreso a la cabaña era repetir una canción donde plantaciones de té y yerba quedaban atrás. La selva siempre es arrogante ahí en el medio mientras la atravesábamos. En un momento discutimos. Volvimos en silencio. Veo sus rostros mudos, todavía estoy ahí demorado en ese instante amargo mientras pienso que me gustaría que echaran un vistazo a estas líneas. Fueron cuatro días sin Facebook, Twitter, Instagram, Youtube, y sin wifi.  Ahí en La Pacha florecimos solos los tres, el ambiente natural de Misiones y un libro de papel.

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SALTO 
ENCANTADO

Se puede bajar hasta el pie de la cascada por una escalera serpenteante de 375 escalones. El sonido del alud de agua es aún más fuerte abajo. Hay otros senderos que ofrecen distintos puntos de vista del Salto Encantado y también permiten conocer otras caídas de agua de menor altura, como el Salto Escondido, la Olla, Cascada el Picaflor y Salto Acutí. Cómo llegar: desde Posadas se llega tomando la Ruta Nacional N° 12 hasta Santa Ana, luego la Ruta Provincial N° 103 hasta Oberá y, finalmente, la Ruta Nacional N° 14 hasta tomar la Ruta Provincial N° 220 a la izquierda por 3 km. O bien por Ruta Provincial 7.

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La Pacha: destellos de un viaje entre selva y arroyo

Cabañas a orillas del arroyo Alegre en plena Selva Misionera. Visita al Salto Encantado y al Salto Las Piedras. Senderos por el monte sin conexión de wifi. Un viaje regido con el humor de las personas.
 

 Isaías “Cacho” Villalba extiende su mano derecha y saluda con amabilidad. Sonríe. Viajamos en micro y él nos va a buscar hasta la ruta. Ya en el predio cuenta que la cabaña tiene un dormitorio con cama matrimonial y cucheta, aire acondicionado, los espacios se abren con la cocina comedor donde también hay una cama marinera. Cuenta, además, con todos los utensilios para cocinar, hay heladera, mesa, sillas. Mientras camina las palabras se van soltando de una en una, luego saca un par de llaves, una para la puerta de entrada y otra del acceso al balcón. Se da media vuelta y se funde en el paisaje en silencio.
El viaje a Misiones se proyectó un mes antes de partir. Ana, de siete años y Francisco de 11, sin dudar se inclinaron por visitar la tierra roja. Allá fuimos en búsqueda de mucho verde, agua, calor y ese clima fresco de las noches húmedas. Viajamos en micro hasta la ciudad de Aristóbulo del Valle, nos baja en el acceso al Santo Encantado sobre Ruta Nacional 14, ahí nos esperó Isaías para llevarnos hasta La Pacha.
Tras los saludos y la primera inspección en la cabaña salimos derredor.  Los niños miran con entusiasmo tanto verde, agua y el vació inmenso. Dejaron sus mochilas en la puerta y se bifurcan a explorar el lugar entre árboles y plantas altas. Los helechos de brazos grandes se hamacan a su paso. A sus correteos me uní y después en la foto en cruz sobre el pasto. Sin televisión, sin computadoras, el humor de nosotros tres sólo podía hacer alegre un paseo por estos pagos.
El sonido del agua sorteando las piedras del arroyo Alegre contagia cierto contento. A diez metros de la cabaña teníamos el cauce del agua. Al llegar a la Pacha ese sonido de ambiente cautiva, primero se hace zumbido constante y tras ello ese susurro se vuelve cándido al oído contra la almohada en la hora del sueño. A lo largo de toda la estadía es una compañía constante.
Tras el desayuno del primer día partimos rumbo a Salto Encantado. La travesía inicial fue caminar atravesar un sendero por el monte, cruzar un puente estrecho sobre el arroyo hasta llegar a un camino que iba bordeando una plantación de té. Así finalmente llegamos a un camino vecina de tierra. En el sendero las hojas lucen nuevas, el sol hiende algunos espacios y dibuja figuras en el suelo que queríamos abrazar. En una planicie una alfombra infinita de tréboles nos cautiva, en vano buscamos por un momento el famoso trébol de cuatro hojas.

Salto Encantado
El Salto Encantado está dentro del Parque Provincial que lleva su nombre. Tiene una caída de 64 metros de altura. El predio supera las 13 mil hectáreas donde pueden recorrerse senderos y otros saltos que siguen el mismo curso de agua. Está ubicado a 6 kilómetros de Aristóbulo y dista unos 140 de Posadas, la Capital de Misiones.
En el parque hay un restaurante con una arquitectura integrada al medio ambiente. Muchos vidrios que permiten la entrada de la luz durante el día. Hay bebidas, dulces, golosinas. Comer en el balcón con vista a la selva nos vuelve pequeños ante esos árboles milenarios que se yerguen en la selva. El entorno además se vuelve mágico con música, hay “… una batalla musical / para ver quién puede cantar/ la nota más alta/ o la más baja / o la más intensa de las alegrías/ o la más tierna? Sus picos fuertes, desafilados, / beben el aire/ mientras luchan/ melodiosamente/ no en tu nombre/ ni en el mío/ y no en el nombre del éxito/ sino por puro deleite y gratitud/ créannos, dicen. / Es cosa seria estar vivo”, así cierra un poema bello de Mary Oliver, que podría ser leído en cualquier ocasión, pero llegó aquel día y hoy mientras las líneas se amontonaban en esta página llegó seguro, altivo, feliz.
Recorrimos los senderos deck y de tierra, estos últimos muchos más divertidos y atractivos en su geografía. Hubo tiempo para jugar a la vira cambota, hacer rol con el cuerpo completo sobre una bajada de pastos muy verdes. Soltamos así nuestra algarabía de pájaros.
Mientras maduraba el día volvimos a la cabaña. Merendamos, nos bañamos, leímos “La diversión de Martina”, libro que Ana trajo para estos días de silencios largos. A la noche bajo las sábanas suaves, la noche total y el sonido del agua nos reímos de las cosas que pasaron en el día, una risa suelta, estridente, acertada. Palabras como “puberto” nos hace reír infinitamente.
A la mañana desayunamos con vista al cauce del arroyo, rodeados de delgados árboles que se extendían altos lejos de nosotros. Isaías se acercó y preguntó si nos estaban molestando los sonidos del ambiente, el agua y los pájaros lo ignoraron mientras los niños sonrieron ante lo imposible – “nadie puede bajar la música de la selva”.

Piedras Blancas 
Emprendimos otra excursión, ahora el turno era el salto Piedras Blancas. Comimos en el camping. Unos perros nos rodearon mientras los choris se cocinaban lentamente. Nos fuimos a conocer senderos entre de piedras y mucha agua. La planta de nuestros pies se mantenían limpias de andar por arroyos.
Cada regreso a la cabaña era repetir una canción donde plantaciones de té y yerba quedaban atrás. La selva siempre es arrogante ahí en el medio mientras la atravesábamos. En un momento discutimos. Volvimos en silencio. Veo sus rostros mudos, todavía estoy ahí demorado en ese instante amargo mientras pienso que me gustaría que echaran un vistazo a estas líneas. Fueron cuatro días sin Facebook, Twitter, Instagram, Youtube, y sin wifi.  Ahí en La Pacha florecimos solos los tres, el ambiente natural de Misiones y un libro de papel.