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Macri a todo o nada de cara octubre

Desde la paliza que recibió el gobierno en la encuesta más cara jamás realizada, las elecciones Paso, pasaron sólo días. Sin embargo, el dólar trepó más de 25%, el riesgo país se disparó a 1.900 puntos y el panorama económico y político se tornó verdaderamente sombrío.
Finalmente, Macri (que también es candidato) anunció un paquete de medidas que parece totalmente inspirado en las propuestas de la oposición.
Lo que ocurre acá es que, perdido por perdido, el gobierno se mete en el barro opositor y busca “poner plata en el bolsillo de la gente”. Y que sean los demagogos los que ahora pregunten de dónde va a salir el dinero, aseguró Iván Carrino director de Iván Carrino y Asociados, una consultora especializada en economía y finanzas.
El viernes previo a las Paso las encuestas sugerían que Fernández iba a salir victorioso, pero que la diferencia con el segundo puesto (Macri) no iba a ser tan grande. Se especulaba de hecho con que, si esa brecha era menor a 5 puntos, entonces iba a haber una fiesta en los mercados.
Los eventos concretos no pudieron estar más lejos de la realidad.  Ocurrió entonces lo que puede catalogarse como un “cisne negro”, un evento que nadie anticipó y que, por tanto, tiene un efecto magnificado.
Los inversores le temen a Alberto Fernández porque, como viene acompañado de Cristina Fernández de Kirchner, piensan que sería posible que vuelva el cepo cambiario, que haya un default de la deuda, que vuelvan a darle a “la maquinita” para financiar el gasto público, y que vuelva a cerrarse la economía tal como estaba cuando Guillermo Moreno era secretario de Comercio.
Claramente, Alberto busca despegarse de esos lastres sosteniendo que no tiene nada que ver.
Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de hablar de economía dijo que no iba a pagar los intereses de las Leliq, que iba a bajar la tasa de interés y que el dólar estaba demasiado barato. Además, habló de “prender la economía” incentivando el consumo. Es decir, algo muy similar a lo que se repite hasta el cansancio, que a la economía se la arregla “poniendo plata en el bolsillo de la gente”.
Con este escenario, y tras su aplastante victoria, es normal que suba el dólar y se dispare el riesgo país.
Ahora bien, hasta aquí el gobierno intentaba llevar adelante una política medianamente racional cumpliendo los pactos firmados con el Fondo Monetario Internacional: metas fiscales, independencia del Banco Central, y dureza monetaria para bajar la inflación.
Obviamente, todo esto tuvo sus excepciones, pero mayormente se buscó una política económica lo menos populista posible. ¿Por qué? Porque el populismo, cuando no hay plata, lleva a crisis macroeconómicas.
Es decir, uno pude aumentar el gasto público, emitir dinero para financiarlo y usar controles de precios por un rato para que no explote todo. Eso fue de hecho lo que hizo el kirchnerismo durante 2003-2015.
Sin embargo, esa estrategia choca con la realidad  y nadie quiere financiar el gasto.
Ahora bien, dado que tras las elecciones todos estos efectos ocurrieron (el dólar subió violentamente, así como el riesgo país) y que eso tendrá consecuencias como más inflación, caída de la economía y caída del salario real, ya no quedan frenos para emprender una carrera populista.
Así que Macri y su equipo, desesperados por entrar en el balotaje, cayeron en el barro propuesto por la oposición: “¿Querían plata en el bolsillo de la gente? Aquí la tienen. Bonos y aumentos de salario para todos y todas ¿Querían controles de precios? Aquí va. Congelamiento de tarifas y también de las naftas por lo que queda del año”.
Las medidas son populistas e implican enormes riesgos para el futuro de la economía. Pero al gobierno hoy sólo le importa evitar que Fernández llegue al poder y espera que tanto el susto por la suba del dólar como la plata nueva gastada para consumo le ayude.
En definitiva, a la economía no le interesa quién gobierna sino si se van a cumplir ciertos principios básicos como el pago de las deudas, la seguridad jurídica, la independencia del Banco Central y la libre movilidad de capitales, si eso ocurre.
Lo que queda claro es que, pase lo que pase, para adelante nos espera mucha más inflación, caída del salario real y una nueva recesión en 2020.

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Macri a todo o nada de cara octubre

Desde la paliza que recibió el gobierno en la encuesta más cara jamás realizada, las elecciones Paso, pasaron sólo días. Sin embargo, el dólar trepó más de 25%, el riesgo país se disparó a 1.900 puntos y el panorama económico y político se tornó verdaderamente sombrío.
Finalmente, Macri (que también es candidato) anunció un paquete de medidas que parece totalmente inspirado en las propuestas de la oposición.
Lo que ocurre acá es que, perdido por perdido, el gobierno se mete en el barro opositor y busca “poner plata en el bolsillo de la gente”. Y que sean los demagogos los que ahora pregunten de dónde va a salir el dinero, aseguró Iván Carrino director de Iván Carrino y Asociados, una consultora especializada en economía y finanzas.
El viernes previo a las Paso las encuestas sugerían que Fernández iba a salir victorioso, pero que la diferencia con el segundo puesto (Macri) no iba a ser tan grande. Se especulaba de hecho con que, si esa brecha era menor a 5 puntos, entonces iba a haber una fiesta en los mercados.
Los eventos concretos no pudieron estar más lejos de la realidad.  Ocurrió entonces lo que puede catalogarse como un “cisne negro”, un evento que nadie anticipó y que, por tanto, tiene un efecto magnificado.
Los inversores le temen a Alberto Fernández porque, como viene acompañado de Cristina Fernández de Kirchner, piensan que sería posible que vuelva el cepo cambiario, que haya un default de la deuda, que vuelvan a darle a “la maquinita” para financiar el gasto público, y que vuelva a cerrarse la economía tal como estaba cuando Guillermo Moreno era secretario de Comercio.
Claramente, Alberto busca despegarse de esos lastres sosteniendo que no tiene nada que ver.
Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de hablar de economía dijo que no iba a pagar los intereses de las Leliq, que iba a bajar la tasa de interés y que el dólar estaba demasiado barato. Además, habló de “prender la economía” incentivando el consumo. Es decir, algo muy similar a lo que se repite hasta el cansancio, que a la economía se la arregla “poniendo plata en el bolsillo de la gente”.
Con este escenario, y tras su aplastante victoria, es normal que suba el dólar y se dispare el riesgo país.
Ahora bien, hasta aquí el gobierno intentaba llevar adelante una política medianamente racional cumpliendo los pactos firmados con el Fondo Monetario Internacional: metas fiscales, independencia del Banco Central, y dureza monetaria para bajar la inflación.
Obviamente, todo esto tuvo sus excepciones, pero mayormente se buscó una política económica lo menos populista posible. ¿Por qué? Porque el populismo, cuando no hay plata, lleva a crisis macroeconómicas.
Es decir, uno pude aumentar el gasto público, emitir dinero para financiarlo y usar controles de precios por un rato para que no explote todo. Eso fue de hecho lo que hizo el kirchnerismo durante 2003-2015.
Sin embargo, esa estrategia choca con la realidad  y nadie quiere financiar el gasto.
Ahora bien, dado que tras las elecciones todos estos efectos ocurrieron (el dólar subió violentamente, así como el riesgo país) y que eso tendrá consecuencias como más inflación, caída de la economía y caída del salario real, ya no quedan frenos para emprender una carrera populista.
Así que Macri y su equipo, desesperados por entrar en el balotaje, cayeron en el barro propuesto por la oposición: “¿Querían plata en el bolsillo de la gente? Aquí la tienen. Bonos y aumentos de salario para todos y todas ¿Querían controles de precios? Aquí va. Congelamiento de tarifas y también de las naftas por lo que queda del año”.
Las medidas son populistas e implican enormes riesgos para el futuro de la economía. Pero al gobierno hoy sólo le importa evitar que Fernández llegue al poder y espera que tanto el susto por la suba del dólar como la plata nueva gastada para consumo le ayude.
En definitiva, a la economía no le interesa quién gobierna sino si se van a cumplir ciertos principios básicos como el pago de las deudas, la seguridad jurídica, la independencia del Banco Central y la libre movilidad de capitales, si eso ocurre.
Lo que queda claro es que, pase lo que pase, para adelante nos espera mucha más inflación, caída del salario real y una nueva recesión en 2020.