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Vigencia de mandatos

Por El Litoral

Sabado, 12 de noviembre de 2022 a las 01:00

León Horacio Gutnisky
Especial para El Litoral

En la Constitución de 1853 se establecía que el mandato del presidente y vice era de seis años sin reelección.
Por acuerdo político se acordó la realización de una reforma de la Constitución en 1994 que establece que el mandato del presidente es de cuatro años con una reelección.
El desarrollo de nuestro país se realizó con presidentes de seis años sin reelección, lo que daba un tiempo suficiente para realizar un plan de gobierno sin estar pensando en una reelección, por lo que considero que fue un error modificar el articulo 90 de la Constitución del 53. Ya en el gobierno de Perón se reformó la Constitución, pero no se tocó este tema. 
Si un presidente electo inicia su tarea en diciembre, un mes de preparativos y consultas y de inmediato vienen las vacaciones de enero y febrero, y el Congreso inicia su tarea el 1 de marzo y ya hay que poner los ojos en la elección de medio mandato el año siguiente.
Digamos que, terminando el año cero, asume el presidente, en el año 1 de un mandato de 4 se reúne recién el Congreso y ya estamos con los ojos puestos en las elecciones del año 2, y, realizadas estas, los ojos giran hacia el año 4 buscando la reelección.
Es decir que el país y los partidos políticos, y el presidente en especial, que asumió con media Cámara de Diputados, quieren completar en el año 2 sus fuerzas en el Congreso; entonces, si tiene que tomar alguna medida que pueda ser mal vista o mal interpretada pero positiva para el país se abstiene de hacerlo pensando en las elecciones del año 2, y así sucesivamente.
Es decir, sus dos primeros años busca mayoría en el Congreso que lo ayuden en el año 4 a ser reelecto.
En mi concepto, deberíamos volver a un mandato de seis años sin reelección, de manera que el presidente pueda trabajar tranquilo, sin pensar en las elecciones del año que viene. 
En el caso de los diputados nacionales tendrían también mandato de seis años con renovación parcial en el tercer año de los seis del presidente, dejando libre al presidente para que gobierne sin el apremio de la próxima elección.
También soy partidario de reducir la cantidad de diputados nacionales, lo que le dará al Congreso mayor agilidad en el tratamiento de los temas trascendentes.
Soy consciente de que para modificar los mandatos hay que reformar la Constitución, pero para reducir a un número lógico de diputados nacionales no es necesario reformar la Constitución, si no cumplir con el Art. 45 de la Constitución nacional vigente y fijar el número de representantes con la base superior al vigente, es decir cantidad de ciudadanos por diputado.
Esto debe hacerse para la renovación del año próximo, porque la proporción vigente hace que tengamos más diputados que los Estados Unidos.

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