Por Francisco Villagrán
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Especial para El Litoral
El cementerio de la capital paraguaya, La Recoleta, comenzó a funcionar en 1845, luego de que el gobierno paraguayo confiscara los terrenos a la orden de los franciscanos recoletos, dando origen a su nombre.
En la ciudad, las leyendas urbanas hablan de extraños fenómenos paranormales que ocurren allí, dentro del jardín de paz, tanto de día como de noche. Tal como sucede en cementerios de nuestro país y en muchos del mundo, en la capital paraguaya suceden increíbles hechos que hacen creer hasta a los más escépticos. Cuando aparecieron hechos contundentes que fueron filmados o fotografiados, demostrando que la cosa no es puro cuento o simples leyendas. Espíritus y entidades fantasmales son los casos más resonantes, al igual que gritos, presencias oscuras y el llanto desgarrador de un recién nacido.
Se cree que son almas en pena que no pudieron pasar al otro plano, tras dejar su vida terrenal en este mundo, y aún no encuentran el camino correspondiente para el descanso final.
Estos hechos se cuentan a menudo y llaman la atención de expertos y aficionados a los fenómenos paranormales. El cementerio de Asunción es la última morada de grandes personalidades de la historia cultural, social y política guaraní.
En el cementerio La Recoleta trabajadores y visitantes manifestaron ser testigos de situaciones fuera de lo común, no solo inexplicables sino también escalofriantes. Se habla de sombras, espectros, ruidos fuera de lo normal. No es casualidad que quienes van a visitar a sus seres queridos, sufren la experiencia de un inesperado fenómeno paranormal.
Lo mismo ocurre con aquellos empleados que recorren diariamente las calles internas, refiriendo escuchar pasos a sus espaldas y gente murmurando, como hablando entre ellos, y hay hasta quienes aseguran que gritan nombres, “como buscando a alguien”. Y curiosamente hay cientos de personas que coinciden en estos testimonios, sin conocerse entre ellas.
Valiosos testimonios.
En diferentes medios, un extrabajador del cementerio, Alberto Cardozo, reveló que se desempeña como guardia de seguridad hace unos 25 años y que siempre le tocó cubrir turnos en diferentes cementerios.
Y por supuesto, La Recoleta fue uno de ellos. Según contó, “allí hay una planta de mango debajo de la cual generalmente nos sentábamos los guardias. A eso de las doce y media de la noche me empezaban a tirar piedras. Al principio pensé que era alguien que quería molestar y después iba a buscarlo, pero no encontraba nada. Esto ocurría a la misma hora”. Además, indicó que la peor experiencia fue cuando se dirigía al baño y vio cómo la cadena del inodoro funcionaba por sí sola una y otra vez. “Muchos compañeros veían a una mujer de blanco que de repente desaparecía; muchas cosas pasan en ese cementerio porque todo tipo de personas están enterradas ahí. Más aún porque hay como catorce portones y el guardia de turno tiene que cerrarlos”.
En paralelo, otros guardias coinciden en que pareciera que los fantasmas hablan entre ellos, mientras otros fantasmas parecen girar sin descanso por la vieja necrópolis paraguaya. La florista Gladys Mir, quien desde hace varios años tiene un puesto en una de las puertas, reveló: “Una vez, cuando era niña, jugaba con mis hermanos en un árbol de moras, ubicado en los límites del cementerio, cuando aparecieron dos monjas vestidas de blanco y nos pidieron que no hiciéramos mucho ruido porque querían descansar. Como travesura les tiramos algunas moras, pero a pesar de impactarles, no ensuciaban sus hábitos”.
“Eso nos asustó mucho y nos fuimos corriendo”. Recordó que segundos después de emprender la huida, “cuando miramos hacia atrás, ya las monjas se habían esfumado”.
“Luego, con el tiempo y ya grandes, nos enteramos de que allí carca había un panteón donde estaban enterradas algunas monjas, y creemos que algunas de ellas podrían ser aquellas que se nos aparecieron. Lo tengo marcado a fuego, fue una experiencia increíble que hasta hoy me acuerdo”.
Por otra parte, hay que recordar que Francisco Solano López, figura destacada de la política paraguaya, y su esposa, Elisa Lynch, fallecieron en París, Francia, en julio de 1886 y poco tiempo después sus restos fueron repatriados y sepultados en La Recoleta paraguaya. No tardó mucho en oírse la primera versión de la aparición de los esposos, todo lo cual fue corroborado por numerosos testigos que coincidieron en las características físicas, lo que no hacía dudar de que la pareja era el prócer y su esposa en sus años de esplendor.
La niña de blanco
Sabido es que en la mayoría de los cementerios del mundo existen hechos y fenómenos paranormales que no admiten ningún tipo de explicación lógica y racional. En el cementerio paraguayo, por ejemplo, hay un caso que se ha convertido en un clásico entre las apariciones que tienen lugar allí. Es el de la niña de blanco. Muchas son las personas que visitaron esta necrópolis y aseguran haber visto paseando entre las lápidas de las tumbas, la imagen de una nena vestida todo de blanco, que luego desaparece, se esfuma, desaparece en la nada, ante el asombro de los visitantes. “Yo he sido testigo de eso, hace mucho que ella está entre nosotros”, sostiene Ramón Porfirio Ortiz, un limpiador que se desempeña en el cementerio. “Hace muchos años que estoy trabajando aquí y en otros cementerios, pero en este lugar siempre se habló de la niña que aparece entre los pasillos y luego desaparece. Incluso hay personas que la llaman por su nombre, Ana”.
Al parecer, según cuenta la historia, la menor que allí aparece se trata de una nena que murió en un trágico accidente automovilístico ocurrido hace ya muchos años. No obstante, su alma sigue circulando a menudo por los largos pasillos del cementerio, como pidiendo ayuda para que poder elevarse y ascender al otro nivel. Otro de los tantos casos de fantasmales apariciones que tienen lugar en todo el mundo.