No es la primera vez que el Gobierno recurre al FMI y tampoco es la primera vez que renegocia los pagos a los que se había comprometido.
En Economía describieron que entre los principales ejes del acuerdo está la búsqueda de un crecimiento sostenible e inclusivo en el tiempo, la lucha contra la inflación, el logro de una estabilidad cambiaria, la reducción del financiamiento monetario, políticas de precios e ingresos, la reducción del déficit fiscal, los subsidios que se destinan a las tarifas del sector energético y la potenciación de las exportaciones, la inversión y la productividad.
También subrayaron que el entendimiento reconoce la importancia de “impulsar políticas de crecimiento y resiliencia” para abordar los “cuellos de botella de largo plazo” y sentar las bases de un “crecimiento más sostenible e inclusivo” en el tiempo.
Estas políticas tratarán de “potenciar el crecimiento y la diversificación de las exportaciones; la inversión y la productividad; el desarrollo económico local y regional; el empleo formal y la inclusión laboral que incluya perspectiva de género; mejoras en la eficiencia y la sostenibilidad del sector energético; las políticas de mitigación y adaptación ambientales y; el desarrollo más amplio de los mercados de capitales”, se planteó, según describió un cable de la agencia Télam.
En el Gobierno destacaron que también se coincidió con el FMI en que la inflación es un “fenómeno multicausal” que debe ser abordado desde un “enfoque integral” y que la condición necesaria para consolidar la desinflación es mantener un “proceso de acumulación de reservas”.
Llegar a un acuerdo le llevó meses al equipo que conduce el ministro de Economía, Martín Guzmán. Tampoco conformó a todos en el Gobierno: una muestra de ello es que el diputado Máximo Kirchner renunció como jefe del bloque de Diputados, en “desacuerdo” con el “acuerdo”.
Si el país que recibió el expresidente Mauricio Macri tenía problemas como la inflación y el cepo, el que le tocó a Alberto Fernández, no fue mejor: endeudado con los privados en pesos y en moneda extranjera y con una deuda con el FMI impagable tal como estaba prevista. También Fernández recibió el país con cepo.
Ahora el acuerdo tiene que ser aprobado por el Congreso, una tarea trabajosa sin dudas.
Pero si bien acordar es mejor que no hacerlo, que nadie se ilusione. La realidad de la economía de la Argentina es preocupante. Se necesita de un esfuerzo importante para atraer inversiones, bajar la inflación y cumplir con los compromisos más allá de la renegociación de la deuda con el FMI. La pregunta que hay que responderse es cómo seguía la economía sin acordar con el FMI.