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Cuando río suena…

Los hechos nos demuestran lo endeble que somos, jugándonos la vida, un país todo, azorado que no escucha siempre recomenzando.

Sabado, 30 de agosto de 2025 a las 22:22

Los dichos populares tienen la particularidad de actuar intuyendo, leyendo por casualidad, hechos no queridos, sonidos que nos trae el viento, el ánimo de la gente, la paciencia de los límites que, siempre sabe establecer tiempos…
Uno se da cuenta del peso del límite, cuando las cosas vuelven a revivir viejas luchas, la constructiva época cuando el trabajo abundante y el estudio, ponían una sonrisa innegable de un pueblo ensayando alegría, ganas de vivir, luchar por algo: nuestro bienestar.
Hay un final de película que me impacto muchísimo que tiene que ver con la guerra, cuando se desatan las rabias, las deudas, y lo político infalible a infaltable “mete la cola”, en busca siempre de beneficios particulares.
“Sin novedad en el frente” marca la calma que anticipa temerosos nubarrones que la otra cara de las contiendas pasa desapercibida agazapada en la noche, donde convive la violencia, mueren las esperanzas, y la pelea se hace una dramática forma de vida.
Esa película filmada en su primera versión, cuyo estreno se llevó a cabo en el año 1930, es una novela de tremenda fuerza que desvela la calma, la ascendencia de las broncas, hasta la colisión de las razones. Y, después, a partir de allí, el orden ha perdido y derecho el que la libre expresión la tiene el más fuerte.
El autor es el escritor alemán, Erich María Remarque, cuya dirección le fuera encomendada a Lewis Milestone, siendo un éxito desde el vamos.
La imagen final de la contienda que configuró la Primera Guerra Mundial, configuró un “The and” de mucha fuerza que denota el cambio violento de la armonía de la paz hasta la conflagración donde todos luchan contra todos.
La calma de una zona de trincheras, como si fuera un domingo venturoso en que la supuesta tregua marcara el final del camino para el regreso a casa, reunirnos con los propios, y de entre las cenizas poder volver a soñar.
Pero uno nunca sabe el final, puede intuir pero no ver como concluye realmente. Una toma que abarca todo el campo de batalla. El oteo a las trincheras enemigas y la ilusión de la calma, donde no surge nada en ambas.
Casi poéticamente, el soldado vigilante casi aburrida por tanta calma escudriñando más allá del horizonte donde la vista se permite un paneo total de cámara.
En esa espera, aguardando el tiempo que se consume ilusionado de tregua, al soldado vigía de la trinchera se le posa en el rostro una maravillosa mariposa que distrae por un momento la atención del hombre en guardia.
Nos vuelve las esperanzas a quienes copamos pegados a la platea, avizorando mejores tiempos, mientras un aire benigno bendecido por un sol creciente ilumina  de optimismo el vasto campo que comienza a brillar en calma.

No nos defraudemos, trabajemos mancomunadamente.


En el momento mismo en que toma la mariposa que se ha posado en su rostro, un tiro de Máuser se le clava en la nuca, poniendo fin a todo: sueños, esperanzas, angustias, felicidad.
Es grande la diferencia pero tal vez muy parecidas la calma aparente de la guerra. La pelea de la concordia. La misma ansiedad para tomarlas. Pero cierto que en un santiamén todo se transforma.Todo cambia.
Los argentinos si aprendiéramos de las voces que nos trae el río, tal vez no caeríamos siempre con más de lo mismo: la corrupción, la negligencia, haciendo exactamente lo que criticamos. Entablando triquiñuelas que a ambos perjudican. 
No saliendo al cruce afirmando o desmintiendo. Sino, siempre quedando pegados ante la duda y el desconcierto.
Escuchando a la gente, no solamente la de arriba, sino todos con idénticas posibilidades. Si escucháramos más seguido a toda la gente, es decir de todas las formas de pensar, tendríamos la realidad en su integridad.
Existen frases que por ciertas y populares, que marcan una historia para no repetirla “Argentina, el país que premia a sus ladrones.”
No nos curamos más. Este quehacer prelectoral los ha terminado por enloquecer, pero mucho más a nosotros como pueblo. Las preguntas de los noticieros son claras: “Qué opina de sus representantes.”
Toda opinión es vana, porque es como una ola, verdad creciente donde nadie da el ejemplo, candidatos, funcionarios, ciudadano común, personas hastiadas, cansadas y demolidas.
Políticos que votan contra sus partidos, el Congreso Nacional es un gallinero en rebelión, donde nadie respeta a nadie
Seguimos dejando pasar el tiempo que es oro. Los años suman esfuerzos pero también cansancio, ensanchando no sé hasta cuándo “la paciencia nacional”. Todo está detenido, como dice el Cambalache de Discépolo: “Todo es peor. Nada es mejor” Uno se pregunta y no sin razón, qué país del mundo puede confiar en nosotros, si no tenemos entidad, ni seriedad.
El Premier alemán alguna vez se lo dijo a Milei: “Nada se acomete sin la gente. Todo debe ser pensando en ella y con ella.” Pero no ilustres desconocidos que después dan el golpe, como el tiro certero (metafórico) del soldado de “Sin novedad en el frente”, que cuando esperábamos el fin de la guerra un tiro de Máuser pudo más que la bella mariposa, dando justamente donde fluye la vida.
Cuando el río suena escuchemos sus voces. Que algo de cierto traerán, diciéndonos que cuando se pierde la calma de la paz, recuperarla es la prueba de fuego de cualquier batalla por ser un país en serio.
Recuperar los principios, que las dádivas del estado no sean nuestro único objetivo, que los principios auténticos están en la confianza delegada, en el recíproco acuerdo selladas en las urnas. No nos defraudemos, trabajemos mancomunadamente.
Que la “guerra” es mala consejera. Que la paz y la concordia son el justo premio para hacer futuro. Desechemos de una buena vez por todas, aquello de: “Argentina, el país que premia a sus ladrones.”  

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