El director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Ilan Goldfajn, dio claramente a entender que la graduación de las exigencias en el acuerdo por el pago de la deuda había contemplado los limitantes políticos del gobierno argentino. El propósito era facilitarle su aprobación legislativa.
Eso explica que no se pretendan las reformas estructurales tan necesarias para resolver los problemas de fondo. Solo se cubren objetivos básicamente fiscales con la meta puesta en evitar el default y llegar a 2023. Aun con esa condescendencia, para el credo del kirchnerismo y las izquierdas cualquier arreglo con el FMI es entendido siempre como venderse al enemigo.
Para ese segmento político no alcanzan las palabras fervorizadas del presidente Alberto Fernández en su discurso del 1º de marzo, cuando expuso con tono triunfal que no habrá reforma laboral, ni impositiva, ni previsional, y que tampoco se reducirían el personal del Estado ni las asignaciones y planes sociales.
El programa prevé un déficit primario del 2,5 % del PBI en 2022, del 1,9 % en 2023 y del 0,9 % en 2024, hasta anularlo en 2025. Estas reducciones podrían ser consideradas practicables si no fueran esencialmente dependientes de los dos instrumentos que quedaron: el recorte de subsidios a la energía y una mayor recaudación impositiva. De esta manera todo el esfuerzo recaerá en el sector privado y en particular, según la aspiración del Gobierno, en el segmento de ingresos altos y medios.
Por efecto del aumento de las alícuotas ya implementado en 2022, se prevé un crecimiento de 0,2 puntos porcentuales del PBI en la recaudación de este año del impuesto a los bienes personales. Además, se propone una revaluación de los inmuebles computados en ese mismo impuesto para aportar otro 0,2 % del PBI. Como si esto fuera poco se asume que la Afip mejorará su eficiencia con un efecto positivo sobre la recaudación del 0,3 % del PBI en 2023 y del 1 % en los años subsiguientes.
Al omitir las reformas estructurales renuncia a la creación de un clima de inversión. Sin embargo, aun con sus serios defectos, el plan de evitar el default debe ser el norte que guíe a las tropas legislativas.