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Guardaparques de Corrientes: custodios del patrimonio

Por El Litoral

Miércoles, 11 de mayo de 2022 a las 08:47

Por Fernando Laprovitta

El Guardaparque es la persona responsable de velar por la perpetuación del patrimonio contenido en las áreas naturales protegidas. Tiene a su cargo la gestión y aplicación de tecnologías, normas y protocolos para cumplir con los objetivos de conservación estos lugares. Sus competencias lo convierten en un profesional multifacético, habida cuenta de la constelación de asuntos y temáticas que debe abordar día a día. Monitorear plantas y animales, evitar el furtivismo, estar atento y actuar ante los efectos del fuego, participar de proyectos de investigación, atender, controlar y guiar a visitantes y hasta la atención de las necesidades de las comunidades vecinas, son parte de su trabajo. Esta disposición lo ha convertido en un personaje emblemático de nuestros parques y reservas aunque gran parte de ese trabajo pase desapercibido. Es habitual que se le atribuya un carácter romántico en virtud de su condición de custodio del patrimonio o por vivir una vida que no conoce de separaciones ontológicas con la naturaleza.  

De modo general, se afirma que el Guardaparque nació para ello o que se forja en el transcurso de su historia personal por razones que a veces no encuentran explicaciones racionales. Como sea, es evidente el carácter vocacional que impulsa a mujeres y hombres, a abrazar la profesión. ¿Los motivos? Los motivos son variados, pero ordinariamente los identificamos con un espíritu dominado por la pasión y el compromiso. Por el hedonismo que resulta de la combinación de trabajar para el bien común y el placer de unificarse con la naturaleza, como rompiendo con la dualidad cultura-naturaleza. Todo esto lo lleva a ostentar un habitus muy marcado, que lo dispone en la adopción de una forma de vida consagrada al trabajo.

Existen variadas maneras de referirse a esa figura protectora de nuestro patrimonio. Guardaparque es el que se termina imponiendo. Aunque son recordables los tiempos en que las referencias a su figura tenían otras denominaciones como la de Guardabosque o de Guardafauna. Pero independientemente de las denominaciones y la diversificación de actividades, todos convergen en su dedicación intensa para la conservación en áreas naturales protegidas como leitmotiv.

Su vida no es sencilla ni cómoda si la contrapone con la de un ciudadano urbano. Incluso es distinta a la vida campesina. La radicación temporal o permanente en un lugar alejado a su núcleo afectivo, no es tarea fácil y es, seguramente, el desafío más importante que enfrenta. Pero otros gozan de la fortuna de ser nativo de la zona, valorados por el conocimiento de su geografía en todas sus dimensiones. Viajes permanentes, idas y vueltas prefijadas o urgentes, terminan resultando a veces en un problema, tanto en lo personal como en la organización del trabajo en el área. Si a eso se le agrega la imperiosa necesidad de capacitación o actualización, tal la exigencia del mundo de hoy, la cuestión se amplifica.

Los correntinos somos dichosos en contar con un Cuerpo de Guardaparques jerarquizado e institucionalizado recientemente como parte de las políticas de estado de exaltación de nuestros valores naturales y humanos. Son la herencia de aquellos primeros, que en 1983, comenzaban a edificar la historia de la conservación de la naturaleza en Corrientes. Porque la gestión creadora de la Reserva Natural del Iberá marcó un hito dado en la aplicación de un criterio superador. ¿Cuál fue? La contratación de algunos de los principales “mariscadores” para que emprendan la tarea de custodiar "lo que antes cazaban" conjuntamente con algunos técnicos para trabajar en su inducción. Así nace este Cuerpo. Más precisamente el 11 de Mayo de aquel año, cuya celebración es exaltada por Ley Provincial 6269/14. Lucas Piedrabuena, Ramón Cardozo, Lauro Sánchez, Félix Rodríguez, Ramón Molina, Humberto Rodríguez, Bernardo Fariña, Bruno Leiva, Isidro Rojas y “Mingo” Cabrera fueron los designados en aquel Decreto.

Aquellos primeros años no resultaron fáciles. Cientos de años de profanación de la naturaleza no podían ser restaurados mágicamente. Pero el tesón, las ganas y la valentía pudieron más a pesar de las dificultades de siempre para llegar hasta el presente.

Vaya entonces recordar -sin temor a exagerar- tamaño hito en la historia de la conservación, que marcara el rumbo de la integración de la gente, de la sociedad correntina, con la conservación de su naturaleza. Nuestros Parques y Reservas Rincón de Santa María, Isla Apipé Grande, San Cayetano y Laguna Brava, y por supuesto nuestro Iberá hoy se visten de fiesta para agasajar a sus custodios.

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