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Reflexiones con 46 años de vigencia que aún marcan el camino

Por El Litoral

Jueves, 16 de junio de 2022 a las 01:00

Por Ricardo G. Leconte
Especial para El Litoral


Durante muchos años, entre 1969 y 1976, el doctor Jorge O. Benchetrit Medina escribió en la revista “Temis” y en el diario El Litoral con el seudónimo de “JOB”, reflexiones que difundían su preocupación diaria por las cosas que pasaban en el país. Recopiló todas ellas en un libro que llamó “Juventud, violencia y justicia” en 1977, que el autor me pidió que lo presentara. Años después difundí una síntesis del mismo.
Releyendo estas obras encontré un artículo publicado en febrero de 1976 titulado “La convocatoria más urgente”, que nos marca el camino en estos días difíciles que vive el pueblo argentino. La parte central del artículo dice:
“Lo que hoy debe convocarse, sin demora, con desesperada urgencia, es a una serie de valores  y de virtudes que desplacen, de inmediato, a los vicios de toda índole que están destruyendo a la República.

Convocar al sentido  común
Es necesario convocar, en primer lugar, al sentido común, para que se advierta cuán disparatado es entregar el gobierno de un país a quien no tiene capacidad alguna para regir sus destinos. A nadie se le ocurre poner al frente de una empresa, por modesta que fuera, a quien jamás demostró condiciones ni conocimiento para gobernarla. Sin embargo, se entrega la presidencia de la República a una persona notoriamente incompetente como los hechos, para mal de todos, lo están demostrando. Y se pretende aún reelegirla en el colmo del disparate.

Convocar a la honestidad
Debe convocarse a la honestidad, para que ate las manos y corte las uñas de tantos funcionarios rapaces, que pasan del sillón de sus despachos a los aviones que  velozmente los alejan del país, huyendo de la Justicia. Mientras continúan aún vinculados, por lazos de toda índole, a los responsables de su encubrimiento.

Convocar a la vergüenza
La convocatoria debe dirigirse, sin demoras, a la vergüenza, que tanta falta hace para evitar que se nos ponga roja la cara cuando nos preguntan, dentro o fuera del país, qué nos pasa a los argentinos, cómo es posible que continuemos brindando el espectáculo, trágico y sainetesco a la vez, de todo cuanto llena, al mismo tiempo, las crónicas oficiales y policiales.

Convocar a la responsabilidad
Urge convocar a la responsabilidad, para que se advierta cuáles son las consecuencias de tanta improvisación, de tanta demagogia, del populismo barato, de la avidez codiciosa, del nepotismo jactancioso y de todo lo que está corroyendo y destruyendo la vida del país, sin que ninguno de los responsables demuestre la más mínima preocupación por terminar de una vez con el desastre que su irresponsabilidad provoca. 

Convocar al sentido de humanidad
Y es más urgente convocar al sentido de humanidad, para que se termine con la violencia criminal que va cubriendo de sangre los caminos y calles de la Patria, en un desborde de bestialismo que no respeta nada y está a punto de envenenar, por generaciones, el alma de los argentinos, llenándola de odio, rencor y de miedo.
Convocar a la verdad
Debe convocarse a la verdad, para que recobre la fe que día a día está perdiendo, para que no mire desesperado a todos lados buscando a quién creer, aturdido por tanta mentira; para que sepamos, de una vez por todas, qué nos pasa y por qué nos pasa lo que sufrimos, y quiénes son los culpables, no para la revancha y el desquite sino, sencillamente, para que en el futuro se encuentre la manera de que nunca en la Argentina se repita el cuadro vergonzoso que hoy nos agobia.

Convocar a la memoria
Debe convocarse a la memoria, para que jamás el olvido dé patente de honestidad a los delincuentes, para que no puedan otra vez jugar con los destinos del país en beneficio propio, para que nuevas generaciones no sean desviadas  hacia la violencia, impedidas de discernir entre lo que es bueno y lo que es malo, y para que el panteón de los héroes no cobije a los asesinos de la República.
Convocar al instinto
de conservación
Debe ser llamado, sin demoras, el instinto de conservación, que ayude a los argentinos a darse cuenta que así como estamos llegamos casi al punto límite de donde no hay retorno posible, y después del cual, arrastrados al precipicio, seremos cualquier cosa, instrumentos de cualquier imperialismo, esclavos de cualquier tirano, rojo o pardo, y víctimas de la peor desgracia que puede sufrir un pueblo: perderse a sí mismo, por estupidez, cobardía o miedo.

Convocar al patriotismo, al coraje, la decencia, la fe, el amor a la libertad
Y finalmente, deben ser convocados al patriotismo, el coraje, la decencia, la fe, el amor a la libertad, todo cuanto llena de contenido vital a los pueblos que quieren vivir de veras el destino de una patria que, como la nuestra, fue orgullo de América y esperanza del mundo.
     Esta es la convocatoria que todos los argentinos, en cada rincón del país, deben lanzar sin demoras, a sí mismos y a los demás, urgentemente, para que la Patria se salve”.
     Esta convocatoria de hace 46 años nos trae nueva luz e ilumina nuestro camino. Nos llama y nos hace bien a todos. 
     Procuremos dar la respuesta que necesitamos.

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