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/Ellitoral.com.ar/ Interior

El motivo por el que los productores correntinos le dan de comer tomates a sus animales

Muchos productores deciden darles como alimento los tomates a las vacas y cerdos. Y para colmo, les cayó granizo.

"Estamos desvistiendo un santo para vestir a otro santo”. Así describe su situación, al borde de las lágrimas, el productor hortícola y  ganadero correntino José Alberto Soto.  Endeudado en dólares, con un  precio por sus tomates que no alcanza para cubrir los gastos  y, para colmo, con una  granizada feroz  que destruyó plantaciones e invernaderos.

En la zona de Santa Lucía, en el departamento de Lavalle, provincia de Corrientes, las principales actividades productivas son la horticultura, la citricultura, la ganadería y el arroz. Soto, un pequeño productor y presidente de la Sociedad Rural de Lavalle, desarrolla la horticultura y la ganadería.

Por estos días está en plena cosecha de tomates, pimientos, berenjenas, chauchas, zapallitos… pero la ecuación no le cierra por ningún lado. “Tenemos los insumos en dólares y le vendemos a un mercado interno en pesos muy caído. Nosotros no somos fijadores de precios”, explicó el productor en diálogo conClarín.

VER MÁS: Crisis: productores correntinos tiran toneladas de tomates

En el Mercado Central de la ciudad de Buenos Aires por estos días el  cajón de tomates ronda los 500 pesos,  y según Soto entre fletes y gastos asociados ya se van 400 pesos.

“El tomate está muy tirado,  un cajón de 20 kilos está 600 pesos,  y te quedan 200-250 pesos por cajón nomás, y en la góndola está 280-300 pesos el kilo. Es una cosa de locos”, agrega Luis Gerardo Piazza, otro productor de la zona.

Esta situación generó escenas curiosas y alarmantes. En lugar de empaquetar y mandar al mercado, muchos productores decidieron  donar sus tomates a comedores e instituciones, o bien darselos de comer a la hacienda o a los cerdos.

“En la zona hay 1.100 hectáreas de tomate, eso es mucho volumen. Nadie quiere tirar la mercadería, invertimos muchos millones para esto, pero a veces no queda otra”, dice Soto.

Después cuenta que hoy a la madrugada se despertó con una granizada muy fuerte que destruyó una parte de sus invernaderos y de los tomates, un fenómeno que también arrasó con su ánimo lastimado.

“A uno se le bajan los brazos, llega un momento que uno no da más. Laburamos 365 días por año, les pedimos a nuestros hijos que no se vayan y terminamos vendiendo vacas para cubrir los gastos, no reponemos más hacienda”, dice con la voz quebrada.

Después su bronca busca un destinatario. “Déjense de joder los políticos. Prefiero que no nos ayuden, que arreglen los problemas del país en los que estamos todos involucrados”, dice, y agrega: “Tenemos petróleo, tenemos ganadería, tenemos agua dulce… solo hace falta un poco de sensatez”.

Clarin

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