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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La fábrica de cretinos digitales

Por Ricardo Braginski*

Publicado en Clarín

La fábrica de cretinos digitales” es el nombre que el neurocientífico francés Michel Desmurget le puso a su último libro, convertido en un best seller en Europa. Allí, sale a combatir lo que él llama “mitos” y “leyendas” sobre el buen dominio digital que tienen hoy los chicos y los jóvenes.

Desmurget exhibe allí estudios científicos que muestran que los llamados nativos digitales son la primera generación con un coeficiente intelectual (CI) más bajo que el de sus padres. Postula que esto se debe al excesivo uso recreativo de dispositivos digitales que afectan gravemente, y para mal, su desarrollo neuronal.

Si bien hay voces que combaten esta visión alarmista, las recientes idas y vueltas con la designación de Gabriel Rubinstein como viceministro de Massa (y por lo tanto virtual ministro de Economía de la Argentina) podrían llegar a ampliar la preocupación incluso hacia los adultos.

Reconocido por propios y ajenos como un buen profesional de la macroeconomía preparado para afrontar este momento de la crisis argentina, la postulación de Rubinstein quedó sin embargo congelada por su incontinencia en Twitter.

Sus mensajes se hicieron virales ni bien trascendió que iba a ser designado viceministro. Un simple googleo, lo muestra como un gran tuitero, que participa activamente del ácido debate de esa red, con mensajes que suelen inclinarse hacia un solo lado de la grieta, la anti-K. El episodio bien puede servir para preguntarnos cuánto de ciudadanía digital sabemos los argentinos. 

Y cuánta conciencia tenemos de que todo lo que hacemos en Internet va dejando huellas digitales que nos pueden perjudicar en el futuro, que estamos sometidos a algoritmos que delimitan los temas que tratamos y que nuestra privacidad queda siempre expuesta.

También preguntarnos qué está haciendo la escuela al respecto. Si bien está claro que hoy la urgencia es enseñar a leer y escribir y a resolver problemas matemáticos básicos, la cuestión de la ciudadanía digital también se impone como prioridad en un contexto de hiperconectividad en la que estamos todos involucrados.

¿Cuánto conocen hoy sobre ciudadanía digital los docentes? ¿Qué formación tienen sobre esto? ¿Cuánto puede hacer la escuela para formar ciudadanos digitales responsables?

El episodio Rubinstein sirve para poner énfasis en este desafío. Aún sin olvidar que este Gobierno, a través del Consejo Económico y Social que comandaba Beliz, invirtió años en el programa “Redes para el bien común” que se propuso lograr un “acuerdo amplio sobre buenas prácticas en Internet”.

Claro que Desmurget no conocía aquel plan, quizás le hubiera agregado un capítulo a “La fábrica de cretinos digitales”.

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