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Un simple ejercicio para evitar la neurodegeneración del cerebro

Se recomienda practicarlo cuatro veces a la semana por tres minutos. Es más efectivo que correr o andar en bici por 40 minutos.

Por El Litoral

Domingo, 12 de febrero de 2023 a las 17:54

El Instituto de Investigación de Salud y Bienestar de la Universidad de Gales del Sur, Reino Unido, comprobó que hacer sentadillas es el mejor tratamiento curativo para la neurodegeneración del cerebro.

Se recomienda hacerlas durante tres minutos, tres veces por semana. Cuando se hacen las mediciones que indican cuán rápido entra la sangre en el cerebro en voluntarios que han hecho sentadillas durante un mes, 4 a 5 veces al día, 3 a 4 veces a la semana, se ven mejoras.

De hecho, resaltan, registrar más mejoras que con ejercicios como correr, caminar o pedalear en aparatos estacionarios durante 30 a 40 minutos.

Es más: puedes matar dos pájaros de un tiro si, mientras te ejercitas, lees o haces crucigramas pues, explican: “Sabemos que podemos mejorar aún más el flujo al cerebro al proporcionar lo que llamamos un factor estresante cognitivo, la carga cognitiva”.

El doctor Damian Bailey Bailey, quien es además el líder del Laboratorio de Investigación Neurovascular de la universidad, explicó: “Lo que identificamos es que, especialmente para las personas que no están muy en forma, o que no pueden hacer ejercicio pesado, las sentadillas son una opción muy útil”.

Así es: a aquello de ponerse en cuclillas y volverse a parar una y otra vez se le ha descrito como una forma de ejercicio “inteligente” pues “reta al cerebro” y así, lo beneficia.

“Lo mejor de hacer sentadillas -explica el científico- es que cuando te pones de pie, estás yendo en contra la gravedad; cuando bajas, trabajas con la gravedad”.

“Lo que sucede es que el flujo sanguíneo al cerebro oscila hacia arriba y hacia abajo repetidamente mientras las haces, y es ese cambio de flujo lo que creemos que estimula el endotelio vascular, el revestimiento interno de los vasos sanguíneos, a suministrar más sangre al cerebro”.

En los extremos
La privación de oxígeno experimentada en algunos deportes extremos también se puede utilizar como un factor estresante para empujar los límites del cerebro y para comprender cómo funcionan sus mecanismos de defensa.

Como Bailey es un exatleta, él mismo es sujeto de su propia investigación.

“Tenés que practicar lo que predicás”.

“Utilizamos toda una gama de deportes extremos para desafiar al cerebro con el fin de obtener una visión diferente de estos mecanismos. Cosas como buceo libre -una sola respiración, sin oxígeno-, paracaidismo -estrés y menos oxígeno- y montañismo de altura -mucha actividad, menos oxígeno-”.

Somos tan sensibles a la falta de oxígeno que cuando vamos, por ejemplo, a altitudes extremas con niveles extremadamente bajos de oxígeno, hay un aumento en el flujo sanguíneo, agrega.

“El cerebro está compensando todo el tiempo. Es un poco como si se la pasara caminando en una cuerda floja bioenergética. Tiene que hacer los ajustes necesarios constantemente para no caerse”.

El seguimiento de las respuestas cerebrales a condiciones extremas podría arrojar luz no solo sobre cómo tratar enfermedades como la demencia, sino también sobre cómo hacer posibles las misiones espaciales a largo plazo.

El cerebro es particularmente sensible a los cambios en la gravedad, indica Bailey.

“Con la falta de gravedad en el espacio, y la sangre fluye a la cabeza... solo tienes que mirar las caras rojas hinchadas y las piernas delgadas de los astronautas”.

Y una de las complicaciones potenciales con eso es que, a largo plazo, podría aumentar la presión dentro del cerebro, lo que puede influir en su visión.

“Ese es uno de los mayores problemas que enfrentamos y por eso estamos haciendo experimentos para tratar de entender, resolver y desarrollar contramedidas para un vuelo con humanos a Marte”.

En la Universidad de Milán, investigadores italianos también han estado investigando el tema.

“Pensamos: ‘¿Qué sucede cuando no puedes moverte?”, relató el dr. Daniele Bottai, del Departamento de Ciencias de la Salud de la universidad.

“Porque hay situaciones, como cuando las personas pasaron mucho tiempo en sus sofás durante la pandemia, o cuando estás enfermo, o has estado en órbita en el espacio por meses”.

“Tendemos a preocuparnos por la circulación, por los huesos, por los músculos, pero tenemos que pensar también en el rendimiento cerebral”.

La inactividad reduce el flujo sanguíneo al cerebro, y no obtener suficiente oxígeno puede tener consecuencias nefastas.

“Cuando las cosas van mal con el cerebro, solo necesitas una ventana muy pequeña para inducir daño, por eso estamos interesados en la actividad física”, reiteró Bailey.

“Es la única contramedida que existe en este momento, y estamos empezando a arañar la superficie en lo que respecta al cerebro”.

Con información del diario La Nación

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