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Nos quitaron tanto

Tantas quitas potencian otras. Es como decir: “No hay mal que por bien no venga.”

Domingo, 16 de abril de 2023 a las 01:00

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

Existen consignas. Existen frases que por componer pancartas, no dejan de ser literatura pura nacida del sentir popular que nunca se equivocan porque plantean una realidad palpable.
Lamentablemente el 3 de abril a la altura de Virrey del Pino, en La Matanza, a 57 kilómetros del Obelisco la línea de colectivos urbanos N° 620, tuvo uno de los tantos “bautismos de fuego”, que a diario se experimentan en esta Argentina de la inseguridad y el desasosiego demencial donde cada cual hace lo que quiere.
Aproximadamente a la hora 5,30, cayó en “batalla” el chofer Daniel Barrientos de 65 años de edad, ya en las instancias jubilatorias, de un certero balazo, uno de los tantos que se disparan y por los cuales hace un año reiteraron ante las autoridades pertinentes, la urgencia por restablecer la paz que asegure el trabajo.
Desatado el siniestro, compañeros solidarios con toda la bronca encima, lo atacaron a quien había prometido protección no hacía mucho, el Secretario de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Sergio Berni.
Dicen algunos observadores, que la gresca contra el funcionario tenía características de “linchamiento” por la bronca desatada ante el compañero muerto, por su ensañamiento y la casi media hora que duró el abortado “combate” en que Berni fue blanco de todas las trompadas lanzadas.
Uno aprende de los golpes, porque nos endurecen, insensibilizan, más que de la actitud empecinada de quienes reivindican con todo derecho, que la impotencia no nos adormezcan ante el compañero muerto.
Unas de las pancartas que exhibían expresaba consolidando una clara amenaza, ya que el respeto ha sido fracturado por el incumplimiento de lo prometido en vano, pasando a terrenos peligrosamente liberados: 
“NOS QUITARON TANTO QUE NOS QUITARON EL MIEDO”
En casos límites, extremos, dista un solo paso entre la cordura y el desorden. Es tan fino lo que separa, que cualquier desatino tiene un alto costo. Perderle el miedo a lo prohibido es tener abierto todos los frentes sin importar las consecuencias. Tierra de nadie, la sinrazón marcando un clima enrarecido donde las consecuencias pierden estilo y el desorden una vez más rompe barreras de contención.
Volver a una forma enrarecida donde nadie está seguro, y en el que todos practican obligados los más aborrecibles momentos de la violencia, en la plenitud de roles no planificados.
Ante excesos que superan nuestra mediocridad, quitándonos todas las posibilidades para poder hacer lo que debemos, me pregunto cómo es posible que el país haga planes, siga a los tumbos pero que siga adelante poniendo en práctica lo que mejor sabe hacer: improvisación plena e imprevisible.
No se trata pues de solvencia ejecutiva, ni de capacidad, ni talento alguno, sino que día a día nos acostumbraron con desórdenes increíbles, de todos los calibres y de todas las gravedades. Todo es cuestión de criterio, de sentido común, de practicidad, de desenvoltura en el manejo del poder del que depende todo un país azorado, siempre de sorpresa en sorpresa prestando a ser lo que no se debe.  
Fuentes involucradas en el protocolo americano, se quejaron por los comentarios posteriores del presidente Fernández sobre intimidades de lo conversado con Biden, desvelando imprudentemente que se rieron del expresidente Trumph. 
Parece más digno para los chismes contenidos en los medios del espectáculo, siempre tan abiertos a las desmesuras, donde no se miden las consecuencias sino la importancia de la trascendencia.
Es de tal bajeza lo susurrado por debajo, que deja entrever la poca cultura del respeto que nos anima y como hasta en lo mínimo hacemos agua, como en el cumplimiento del protocolo de un país anfitrión.
La lucha íntima de poderes encontrados, el escrache público que da lugar a esa puja indisimulable, rompe con las urgencias mucho más prioritarias que el estado nacional urge. La anécdota es que como en el fútbol, no se trata pues solamente de “tirar la pelota para adelante”, sino que requiere combinaciones que asocien posibilitando conexiones, asistencias tácticas que conduzcan al gol.
Mentiras, desmentidas. Permanentes cambios que solo logran llevarnos al principio. Un desorden calculado pero de imprevisibles consecuencias donde la inflación “la reina de los dolores de cabeza”, crece inexorable y margina a más pobres, produciendo una catarata de clase media cayendo diariamente al abismo.
Se sigue sin escuchar las necesidades populares, están en otra en un año electoral y hasta se pretende la reelección. Eso es el resultado de no escuchar ni razonar lo que realmente sucede hace mucho tiempo.
Para colmos, estamos todos anestesiados. El ciudadano común no actúa como tal, es como si viviera la felicidad permanente. Muchos responden, para qué, si la solución tarda, y mientras tanto consumimos el “poco oxígeno” que nos queda.
Cayetana Alvarez de Toledo, diputada española del Partido Popular, hija de madre argentina, en un artículo relevante le da un empellón a la inacción ciudadana ante los depredadores de turno:
“Entre la sumisión y el conflicto, elijo el conflicto.” Las soluciones deben buscarse, no esperar a ver caer maná del cielo. “El barco” debe llegar a puerto, más aún cuando se nos han traspapelado las “cartas de navegación.” 
Procurar ser el país que no supimos ser, por las mismas ambiciones que hemos marcado en la historia negativamente. La desmedida lucha por el poder entre los mismos, creando rupturas, chicanas, perdiendo de vista el objetivo común: el rumbo cierto, claro y transparente.
La sentencia ha sido clara:
 “NOS QUITARON TANTO QUE NOS QUITARON EL MIEDO.”

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