Por Francisco Villagrán
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Especial para El Litoral
Diesel, considerado como uno de los grandes inventores de todos los tiempos, nació en 1858 y desde muy pequeño demostró ser muy inteligente. A los 20 años ingresó al Tecnique Hotschule, de Munich, Alemania. Sus estudios fueron brillantísimos y rompió todos los records académicos. Al graduarse como ingeniero, todos los maestros lo felicitaron. A causa de esto, su profesor y maestro, Carl Von Linde, lo contrató de inmediato para que trabaje en su fábrica de refrigeración en París. Rudolf era un joven muy tímido, teniendo ya seguro un empleo, se animó a declararse a una muchacha de la que estaba enamorado. Ella lo aceptó y ya casados, partieron para la capital francesa. En la fábrica Diesel actuó como ingeniero, fabricante, inventor, experto en patentes y agente de ventas.
A pesar de estar tan ocupado, se dio tiempo e inventó un aparato para producir hielo en una cubeta y descubrió un método para hacer “hielo claro”. Entonces recordó que siendo niño siempre le llamó la atención que cuando inyectaba aire con una bomba a las llantas de su bicicleta,, el cilindro de la bomba, por la fricción del émbolo, se ponía muy caliente. Dedujo de este hecho que si construía un motor con un pistón que empujara nada más que aire, éste se calentaría enormemente con la compresión y supuso que si dejaba caer aceite en el cilindro, se inflamaría y produciría energía por combustión. Sería un motor sencillo, que pesaría mucho menos que los motores de vapor entonces en uso y que desperdiciaban el 90 por ciento de la energía que producían. Noche tras noche se puso a dibujar planos con el motor de su imaginación y cuando tenía 35 años y dos hijos, cambiado a la fábrica Linde de Berlín. En enero de 1893 publicó un librito sobre un motor de calor que cambiaría al mundo, pero fue recibido con burlas y mofas por sus colegas. Sin embargo, Fritz Krupp, un rico fabricante de armamentos, financió la construcción de un modelo. Diesel se puso a trabajar y ese mismo año su motor estuvo listo para probarlo. Lleno de excitación, el inventor lo echó a andar. Un tremendo rugido sacudió el taller y el aparato estalló, lanzando pedazos de metal en todas direcciones. Lejos de desesperarse, Diesel se puso a saltar de alegría gritando “Explotó, quiere decir que voy por el camino correcto.”
Con mucho ahínco se dedicó a perfeccionar su máquina y cuatro años más tarde exhibió su nuevo motor. Esta vez no hubo accidentes y los ingenieros invitados se asombraron del poder y la eficiencia del motor diesel de 20 caballos de fuerza. Todos los presentes inmediatamente le hicieron llegar millonarias ofertas para que fabricara su motor para países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania. Con mucho dinero en sus manos, demostró que así como era un inventor genial, era un pésimo financista. Perdió todo su capital y para reponer las pérdidas, pidió prestado más y más, hallándose al final lleno de enormes deudas. Estando así las cosas, embarcó en el vapor correo “Dresden”, que salió de Amberes rumbo a Londres, siendo acompañado por dos amigos. Estando a bordo, los tres cenaron y a las diez de la noche, el inventor se despidió de ellos diciendo que al otro día tendría una cita en Londres con un grupo de importantes ingenieros ingleses. Pero nunca acudió a esa cita, porque a la mañana siguiente ya no fue hallado en el barco. Sus amigos, revisando su camarote, se percataron de que no había dormido en su cama y después unos marineros encontraron el abrigo de Diesel, con su sombrero encima, sobre la cubierta. No cabía duda de que cayó al agua. Pero, ¿cómo fue? Dado que el mar había estado muy calmo toda la noche.
Hallan un cadáver
Una semana más tarde, un carguero holandés sacó del agua el cadáver de un hombre. Carecía de identificación y tenía el rostro completamente destrozado, probablemente comido por los peces. Devolvieron el cuerpo al agua, no sin antes quedarse con un libro de bolsillo, un cortaplumas y un estuche de anteojos, que después se comprobó que pertenecían al inventor. Los periódicos lanzaron la versión de que Diesel, que detestaba a los gobernantes militares de su país, iba a Inglaterra para ofrecer su invento a los ingleses. Los alemanes consideraron esto como una traición a la patria y mandaron un espía a asesinarlo como castigo. En el barco los criminales le quitaron su identificación, le destrozaron la cara para que su cuerpo no fuera reconocido y lo lanzaron al agua. Poco después su cuerpo fue hallado por los marinos holandeses. Para entonces las autoridades descubrieron que Diesel tenía una deuda enorme de 475.000 dólares y sólo disponía de 10.000 para pagarla. Un gran problema. Todo esto pudo haberlo llevado al suicidio, una manera que encontró para sacarse todo de encima. Además, las autoridades averiguaron que el inventor se había convertido en drogadicto, agobiados sus nervios por su enorme deuda.
Al no poder librarse de sus problemas y la drogadicción optó por suicidarse lanzándose al mar. Su cara destrozada se explicaría porque la hélice de algún barco se la deshizo, o quizás también fue comido por los peces en alta mar. Es otra posibilidad. Pero, ¿realmente fue un crimen o un suicidio? Nunca se supo ni se sabrá la verdadera causa de la muerte del gran inventor alemán Rudolf Diesel. Su cuerpo nunca fue encontrado como para realizar una pericia exhaustiva a su cadáver. De cualquier manera su genial invento fue y sigue siendo una manera de movilidad para la mayoría de los motores de los vehículos en la actualidad. Sin duda fue muy lamentable que una vida tan exitosa coronada por el logro del gran motor diesel, terminara de la forma trágica en que sucedió.