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Poder que mata

Hace mucho tiempo procuramos ser pero no a fondo, porque el poder por el poder adoptado por la mala política nos ancla, nos posterga, nos enfrenta y olvidamos lo esencial: construir futuro cierto.

Domingo, 02 de julio de 2023 a las 01:03

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

La película Network se metió mucho más en la conciencia popular cuando se hizo carne en la frase devastadora que en castellano reafirma y potencia el filme Poder que mata.
Se trata de una producción del año 1976, cuando un elenco brillante conformado por Peter Finch, Faye Dunaway y William Holden hizo realidad el guion dirigido por un laureado Sidney Lumet.
Obra que se hizo acreedora a 4 Globos de Oro de Hollywood, por mejor actor, mejor actriz, mejor guion y mejor dirección.
Lo que resulta de ello es lo imprevisible que siempre el poder es una granada próxima a estallar, por lo difícil de manipular en manos inconscientes, donde distintas miradas con múltiples intereses se disputan ciegamente.
Es un cine catalogado como “negro” que, a pesar de lo inverosímil del argumento, es una copia tenebrosa de la realidad. Más que nada de la realidad política que suena como una peligrosa ficción. 
Un conductor de un noticiero nocturno, de televisión despedido por la pérdida de audiencia, a lo que replica si le dejan continuar pedirá perdón a la audiencia, con la promesa de cambiar de contenido.
Sucede que, estando en el aire, cambia todo y expresa lo que realmente piensa de la televisión, sentenciando: “Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo. Estoy trastornado como el infierno y no voy a soportarlo más.”
Su dura sinceridad cambia su descrédito anterior, retomando la marcha y superando todos los récords de rating. El cambio viene desde el título mismo del nuevo ciclo: “El Show de Horward Beale”. Como acá, con la misma mediocridad, diametralmente opuesto a todo lo que presentaba antes, dándole interés a la superchería comunicacional que suma públicos sin deseos de pensar: astrología, chismes, encuestas de opinión y prensa amarilla.
Pero con la inexplicable audiencia y la toma de poder retoma el giro pronunciándose autoritariamente de las fuerzas para pasar de la inacción a la acción, con el caos y desborde del orden, pero con la respuesta masiva como estandarte que lo barato vende.
Paralelamente, al enterarse de que existen grupos árabes interesados en comprar la cadena, desata una campaña en contra de ellos, con la fuerza que le otorgan sus fake news diarias, y la actitud autoritaria que le da poder al haber asumido protagonismo violento. Y, allí se aproxima el desenlace, la producción enterada de su complot planifica su asesinato que se hará en vivo, en programa central, para que en el final se traduzca en rating benéfico para la empresa, cumpliéndose inexorable el mandato del “poder que mata”.
Lo que pasa hoy en el país, pero ampliado y extendido a todo el territorio nacional no se le compara, por el contrario es mucho peor. Lo triste es que se trata del poder por el poder mismo, es decir para asegurarse los beneficios particulares que la obsecuencia partidaria les concede in eternum, porque el fanatismo es totalmente ciego.
Un solo ejemplo, muy cerca: Cecilia en el Chaco. Es atroz que a estas alturas de la democracia nos permitamos el lujo de facilitarles su acceso. 
El populismo tiene mucho de exageración, todo excede porque tiene mucho de Momo, y porque los propios impertérritos creyentes le confieren el caldo de cultivo para mantenerse y multiplicarse.
Se trata de sinónimos que degradan, nos destruyen como personas, nos envilecen hasta transformarnos en números: condescendencia, sumisión, servilismo, dependencia, obediencia.
Teniendo la máxima arma de decisión optan por el silencio y la complicidad: el sufragio universal, el voto es la forma, pero los pobres en su ignorancia ante el miedo que emana del poder que mata, no ya televisión sino realidad dura y pura, acatan solidarios y sin resistir.  
Coincido con el periodista Nelson Castro que, definiendo el poder que practican algunos a diestra y siniestras, dijo: “Cuando el poder es impunidad, la vida no vale nada.”
Hasta cuándo se va continuar diciendo: Sí a todo, agachando la cabeza, alimentando una estructura de favores. Un poder enviciado, gobernando solamente para partidarios.
Urge restituir el tamiz federal; todos en igualdad de condiciones, con las mismas obligaciones y derechos. 
No puede ser que siempre estemos repitiendo nuestros desvaríos. Lo esencial, erradicar la inflación que han prometido a principio de mandato, pero solo se dedicaron a escrachar al presidente por cadena nacional, y el tiempo para ello es exiguo.
Depongamos la fuerza y la violencia que solamente engendra más violencia, y con las demostradas en los últimos 4 años tenemos bastante. Empecemos respetando las instituciones, nosotros, todos.
Recordemos: el poder no es impunidad. Es fuerza increíble de unión con reglas claras para todos.
El país que somos todos lo pide a gritos. Démonos una tregua. Reencontrémonos. Asumamos la difícil cuesta. Tomemos el verdadero poder, para hacer el país que no supimos hacer.

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