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La marca en el orillo

Somos como una puesta teatral, estrictos en repetir tantas veces los errores aunque los mismos engullan: sueños, esperanzas, otra mirada madura capaz de devolvernos el país soberano que pocas veces intentamos ser.
 

Sabado, 30 de septiembre de 2023 a las 18:12

Fue un slogan que reafirmó una marca, refrendando un nombre que en sábanas, por su calidad, Grafa se convirtió en estrella.
El humor popular, crítico, muy inteligente, como contrapartida para calificar a todo lo malo que no cambia jamás, lo utiliza enfatizando: “La marca en el orillo”, estableciendo como definición precisa de lo opuesto que se repite en el tiempo.
Bueno en estas instancias de lucha de campaña electoral rumbo a las presidenciales, donde no se ha visto nada digno destacable, ni de inteligente creatividad, ha permitido caer en una apelación que utilizaba “La noticia Rebelde”: “Un aporte más a la confusión general.” Muy similar en su concepto, ampliándolo y dejando claro que dichos desaciertos no solo impactan sino que dejan perplejos por tanta incertidumbre. 
Lo que ha aflorado, visto en el Primer Debate de candidatos a Vices Presidentes, convocados por TN, es la falta de cordura, el clima belicoso de pelea callejera, chicanas y el enamoramiento por quienes fueron más enfáticos, mejor imagen, pero iguales en la degradación de principios políticos: el respeto por el otro.
En algunos de los encuentros más destacados, el de Rossi con Villaroel: “Tu Vice Presidenta está bastante calladita”. Con la respuesta como latigazo de Rossi: “Infiltrada de la Democracia. Ustedes pusieron de rodillas a nuestro país. Me haces acordar de Asís, sos una infiltrada de la democracia.”
Por fuera, quedó picando lo dicho por el empresario Eurnekian a Milei: “Si no se modera, no estamos para aguantar otro dictador.”
Es el resultado de”la marca en el orillo.” Un estilo de hacer política donde el desborde supera la racionalidad, supuestamente que por ser sanguíneos tienen más méritos. Siempre al borde del precipicio, desbordados, hoy sumidos en el desmadre. Pero a la luz de los acontecimientos de los últimos 80 años, nuestra forma de ser sigue siendo más importante que “Grafa”, y seguimos ciegamente en la misma.
La escena más vívida, esa captada por la prensa, en el palco del Congreso junto a Massa, “la juventud maravillosa” de la CGT: Héctor Daer, Hugo Yasky, allegados gremialistas en plena celebración, con un Pablo Moyano poniéndole “la marca en el orillo”, con las manos extendidas y el universal gesto del dedo anular para la oposición, cuya traducción expresa la acción,”Fack you”. 
Una postal, más bien tomada un domingo en cancha de Boca, a pleno jolgorio, relajados y con total desparpajo.
Esa foto es un retorno de 80 años, cuando las huestes enardecidas, pedían a gritos que el 17 de octubre se continúe el 18, declarándolo como “Día de San Perón”, cuando cantaban a coro: “Mañana es San Perón, / que trabaje el patrón.” Eso fue demencial, ya entonces los desbordes hacían temer una historia de duros episodios, que no defraudó siguiendo “La marca en el orillo.” Es parte de su misma naturaleza. Efecto de la misma causa.
Lo menciona Ralf Shuler en su libro: “Dejadnos ser populistas”. Y, es coincidente “la marca en el orillo”, que nunca defrauda.
“Debemos admitir que el populismo es la especia y el ingrediente básico de la política. El populismo es útil porque muestra una  brecha de representación, una deficiencia de la democracia y una señal de alarma.
Todos los políticos dicen representar a la gente, hacen promesas insostenibles y promocionan soluciones demasiadas fáciles para problemas demasiados complejos.”
Cada día que pasa, agilizado, súper dinamizado por la desesperación de las elecciones, de dejar o continuar en el sillón, “la marca en el orillo” repite, como es costumbre, todos los errores posibles y siempre de la misma manera, exagerándolo, sin importar el cómo.
Conforme con las últimas noticias, el caso de las 48 tarjetas, por “problemas técnicos” en su gestión, es una muestra más de deponer la vara para “Chocolate”, para que así todo siga igual y no se hable más, y la “gente” se olvide.
Para estas cosas donde la heredad es fiel a sus genes, el psiquiatra y escritor, Marcos Aguinis, en un artículo que compilara la Revista Noticias en “Textos para pensar” hace bastante tiempo, desarrolla su pensamiento sumamente claro en “Los Argentinos y la culpa”:
“Para ordenar nuestro país habría que cultivar a fondo, todo el tiempo, con esperanza, paciencia y obstinación, los rasgos que llevan al crecimiento de la responsabilidad, para que cesen las distorsiones que impiden su eficacia. Habría que devolverle plena majestad a la ley, castigar duramente la mentira y frustrar la “viveza”. Ello no nos haría más severos, sino más equilibrados y previsibles. No reduciría nuestras habilidades, sino que las pondría en un andarivel productivo. No quitaría felicidad sino que por el contrario, la ayudaría a instalarse sobre una plataforma legítima.” 
Y para concluir con fuerza esta “marca en el orillo” que nos desbasta, Aguinis  recuerda al final un texto del poeta y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, donde a través de la contradicción sella con ironía una falla de cuna enquistada en la “viveza criolla”.
“Los funcionarios no funcionan. Los políticos hablan, pero no dicen. Los votantes votan, pero no eligen. Los medios de información desinforman. Los centros de enseñanza enseñan, a ignorar. Los jueces condenan a las víctimas. Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos. Las bancarrotas socializan, las ganancias se privatizan. Es más libre el dinero que la gente. La gente está al servicio de las cosas.”
En el accionar de cada día, cada segundo, lo consagramos con poner fin a estos vicios con delirios inmanejables..? O, persiguiendo “el linaje” de “la marca en el orillo”, cuidamos de que nada cambie desentendiéndonos de las cosas que sí  importan, preocupan y devalúan, condenándonos como país no realizado.
Demos un giro que permita renacer. Sin violencia. Con inteligencia. Yendo a las que importan de verdad: bienestar, seguridad, educación, trabajo, salud, desprovistos de vivezas y transgresiones políticas que en vez de hacernos sentir orgullosos, nos avergüenzan. Nos postergan, decadentes y frustrados.
 

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