Allá por 1802 nacía en Corrientes el que sería un impetuoso joven de admirable estampa; alto, delgado, de rubia cabellera y facciones españolas, ojos verdes claros, nariz prominente, piel blanca tostada por el sol subtropical. Su padre, Francisco Xavier Corrales, español, había contraído enlace allí con María Ventura Pezoa, de cuya unión nacieran Mercedes, Felipe, Manuel Antonio y Ángel.
Fue criado por su madre y su hermana mayor. Fue enviado a la escuela de Fray José de la Quintana. Contaba aproximadamente 22 años cuando sentó plaza voluntario en el Cuerpo de Dragones, a las órdenes del Comandante Mariano Araujo, de guarnición en la Batería.
Al poco tiempo pasa al Escuadrón de su hermano, Manuel Antonio, en San Cosme de las Ensenadas, ya como Alférez. Al año siguiente, el 16 de octubre de 1826, es destinado por Ferré a la Guarnición de Curuzú Cuatiá a las inmediatas órdenes del Comandante Manuel Antonio Ledesma. El Gobernador, estando allí, decreta la formación de dos escuadrones permanentes: el de Dragones de Línea y el de Milicia de Caballería, éste a las órdenes del Tte. Cnel. José López, (alias López Chico, un brasilero que era tan o más correntino que el que más). A la vez nombra Jefe de la Frontera Sur al Teniente Coronel Nicolás Arriola.
El Emperador del Brasil había declarado la guerra a las Provincias Unidas, por lo que Corrientes y Misiones eran los territorios más amenazados. Pedro Ferré toma medidas enérgicas, avanzando desde Curuzú Cuatiá hasta Paso Rosario, sobre el Miriñay, sin lograr chocar con los invasores que retroceden y cruzan el Río Uruguay.
Es así que las tropas correntinas cruzan a la población de Uruguayana y avanzan hacia Alegrete, donde capturan su guarnición. El contingente curuzucuateño del Comandante Manuel A. Ledesma prosigue la marcha hacia el litoral atlántico.
Al regresar victoriosos, deben afrontar la invasión saqueadora de los indios misioneros. El Cacique Gaspar Tacuabé se radica en el bajo Miriñay, por lo que es perseguido por Ledesma, entre cuyos oficiales marchaba José Francisco Corrales. El Capitán Rafael de Atienza, con las fuerzas veteranas de la guerra con el Brasil, se les une marchando en la persecución del auto titulado Gobernador de Misiones, Cacique Félix Aguirre. El 12 de noviembre de 1827 se produce el primer encuentro en Cambay, que se dio en llamar “Combate de Curuzú Cuatiá”. Allí el Coronel José López (Chico), con Manuel A. Ledesma, junto al que cabalgaba Corrales, consiguen un trabajoso triunfo en donde perecen un Capitán, un Alférez y 30 milicianos entre muertos y heridos. Los dispersos salvajes se reagrupan en Tuyuné, donde el 20 los alcanzan, ahora comandados por Atienza. Son nuevamente vencidos, obligándolos a refugiarse en Mandisoví.
El Alférez José Francisco Corrales regresó a San Cosme, dedicándose a las tareas rurales hasta el 9 de mayo de 1830, en que pasa a la Compañía de Húsares, escolta del gobernador. Cuando nuevamente gobierna Pedro Ferré, en 1833, es despachado a las órdenes del Jefe de Frontera Sur, el Teniente Coronel de Granaderos a Caballo Genaro Berón de Astrada, en la calidad de 2º ayudante. Ya en Curuzú Cuatiá, es ascendido a Teniente el 20 de abril de 1837. Al fallecer acá el Gobernador Atienza y ser designado el Coronel Genaro Berón de Astrada, queda Corrales a las órdenes del Comandante Manuel de Jesús Noguera, que a su vez dependía del nuevo Jefe de la Frontera Sur, el Coronel Manuel Vicente Ramírez.
A las órdenes de estos jefes participó de la funesta Batalla de Pago Largo, en el 2º Escuadrón, 2ª Compañía del Regimiento de Vanguardia. Cuando solo le quedan a Ramírez Chico 300 de sus jinetes, logra salvarlos dirigiéndose hacia la costa del Uruguay; lo cruzan y se incorporan al Ejército Oriental de Fructuoso Rivera.
A José Francisco Corrales lo ponen en la División Vanguardia, del General Anacleto Medina. Participa de la exitosa acción de Cagancha en el Uruguay. Es entonces que Urquiza y sus jinetes se lanzan al río cruzándolo a nado. Corrales y otros jefes que los perseguían, ven como el “corta cabezas” casi se ahoga. Allí fue ascendido a Capitán de Caballería por el propio Fructuoso Rivera.
Acabada la Campaña Oriental, regresa para ponerse a las órdenes del General Lavalle en el Rincón del Ombú. Este Jefe lo pone en la División del General José López (López Chico), marchando a Entre Ríos, donde en Don Cristóbal es muerto López Chico. Pasa a las órdenes del Coronel Vilela, peleando en Sauce Grande. Cruzan el Paraná y sufren un choque en San Pedro (Bs.As.), marchando hacia Puente de Márquez. Se vuelven sin atacar la Capital, y es destinado a las órdenes del General Iriarte en la toma de la ciudad de Santa Fé. Sale luego en persecución del Gobernador General Juan Pablo López (alias Mascarilla), sufriendo un descalabro por la sorpresa de Calchines, debido al “Mío Mío” que enfermó la caballada. Lavalle prosigue la marcha hacia Córdoba, teniendo continuas hostilidades hasta que en Quebracho Herrado, el 28 de noviembre de 1840, son derrotados completamente por el General Manuel Oribe que era el amanuense de Rosas en la Banda Oriental y enemigo de su connacional Fructuoso Rivera, quedando en el campo 1.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, la artillería, el parque y toda la infantería.
Lavalle y lo que le quedaba de fuerzas, escapan hacia la ciudad de Córdoba, donde lo espera el victorioso General Lamadrid, que la había tomado. La deserción seguía en aumento, sobre todo de correntinos, para regresar a su provincia. Pero el Capitán José Francisco Corrales sigue firme, lo que valora Lavalle que lo promueve a Coronel. El dado de la suerte estaba echado, la agonía de Lavalle comenzaba. Al cruzar por Jesús María, decide mandar al Coronel Vilela con una División sobre Cuyo. Marchando estos 1.000 veteranos, lo mejor que quedaba del Ejército Libertador, por San Calá o San Carlos son atacados dormidos la noche del 7 de enero de 1841 por el General Pacheco. La sorpresa fue tan grande que casi todos sólo atinaron a dispersarse en las sombras. Corrales y otros oficiales quedaron extraviados en las sierras, todos con hambre y mal vestidos. Hasta que los toma prisioneros el Coronel rosista Vicente González (alias Carancho del Monte). Fueron llevados a la ciudad de Córdoba, donde los juntan con los prisioneros de Quebracho Herrado.
Al ir a marchar hacia Santos Lugares, temían ser ajusticiados en el camino por la catadura del Carancho. Se le aproxima el Coronel Norberto de Zabalía, Jefe de la Frontera Sur en Río Cuarto, que le propone llevarlo a pelear contra los indios Pampas Ranqueles. Marchó como Mayor al mando de un Batallón hasta que las indiadas se retiraron al desierto.
Vuelven a la ciudad y sirve allí en la Mayoría, hasta que en el año 1848 es reclamado por su sobrino, el entonces Gobernador de Corrientes, General Benjamín Virasoro. Dice en sus memorias; “Me sirvió de motivo para regresar a mi patria chica, donde serían más oportunos mis servicios, y a la vez saber si había quedado algún resto de mis cortos intereses de campo, donde resido hoy. A mi llegada obtuve el grado de Teniente Coronel y fui empleado en mi clase a la cabeza del Escuadrón Escolta, hasta el mes de agosto del año 1851”.
Se retira José Francisco Corrales del servicio activo cuatro meses después de haber seleccionado su sobrino 5.200 soldados para la Campaña contra Rosas. Los muchos años de luchar, el peso de los esfuerzos, penurias, privaciones de su libertad, sus bienes abandonados; lo doblegaron y prefirió quedarse en su propiedad ganadera.
Una vez que obtiene su retiro, contrae enlace con Sinforosa Meza, una “guayna” mucho menor, a la que el padre no estaba gustoso de que su aspirante a yerno fuese un militar de alto rango, ya de 50 años, que tal vez no la llevaría al altar. Es así que la roba y la lleva en ancas de su cabalgadura hasta su estancia.
El 1° de junio de 1857 escribe sus “Memorias”, que ratifican el Gral. Manuel Vicente Ramírez, el Comandante José Nicolás Ledesma, el Cnel. José Antonio Llopart, el Cnel. Celedonio López, el Cnel. Hilarión Ávalos, su vecino en el Irupé Cnel. Bartolomé Rolón y el Juez de Paz de Curuzú Cuatiá, Manuel Montiel (de Vaca Cuá).
El original se encuentra archivado en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Era el documento indispensable para recuperar el campo de una legua cuadrada que le otorgaran en pago de sus servicios militares. Situado a unos 20 Km. de Curuzú Cuatiá, camino al Irupé, al este de la Cañada Moscarda o Mascada.
En 1863, estando su esposa en la galería de la casa amamantando al menor de sus cinco hijos, cae una centella que es atraída por el oro del medallón que lucía. El niño es despedido atontado y a ella la fulmina. Unos tres años después, cuando sus hijos contaban: María Magdalena, 12 años; Petrona 11 años; Aurelia 8 años; Manuel José 5 años y Máximo 3 años; se produce la tragedia final del centauro, en 1866. Una tarde de domingo en que la peonada estaba de franco, llegan dos supuestos troperos de apellido García, que regresaban a Mercedes. El anciano viudo al oscurecer se ocupa de encerrar las lecheras y unos guachos. Al ir a atravesar la tercera tranca del portón, recibe una puñalada en la zona renal.
Lamentablemente estaba desarmado. Logra saltar las trancas y se defiende con las manos inermes. Al caer lo degüellan y se vienen a las casas a llevarse todo lo valioso que haya. La mayor, María Magdalena, alcanza a correr al fondo de la quinta donde tira la bolsa de monedas. Esta, ya viviendo con sus cuatro hermanos en la Villa, poco antes de cumplir los 15 años; el 19 de mayo de 1869, se casa con el inmigrante piamontés Luis Grossi. Este agranda la fortuna, adquiriendo media manzana y edificando un gran comercio de ramos generales en Curuzú Cuatiá: Casa “San Martín”, frente al Correo y haciendo cruz con Plaza San Martín. Las cosas de la historia. El ingresa a trabajar en este negocio de un italiano que llega a Curuzú y se llama Felipe Santamaría. En un tiempo se transforma en propietario y una de sus hijas, Beatriz a quien toda la vida la llamamos Chonga, será la novia de René Borderes, la esposa y la madre de dos hijos varones y de una hermosa niña que hoy la seguimos viendo, Anita Borderesy su hermano Corcho. A Germán pues se lo llevó el Covid.