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El Polaco

Roberto Goyeneche ha sido un milagro para el tango, porque en su declive siguió siendo éxito convirtiendo el decir en obra de arte.
 

Viernes, 30 de agosto de 2024 a las 17:56

Eran épocas más asiduas de sobrenombres. Cuando los detalles físicos nos bautizaban, que algún brillante amigo de imaginación rápida, era capaz de bautizar.
Como cuando el cantor Angel Díaz vio a quien iba a ser compañero de rubro, en la orquesta de Horacio Salgán, no tuvo otra expresión más certera que físicamente lo pintaba de cuerpo entero: “Polaco”. Rubio y flaco, gringo por donde se lo mire.
Pero comencemos por el principio, Roberto Goyeneche nació y se hizo en el Barrio porteño de Goglan. Sus padres se cambiaron, pero volvieron como era costumbre entonces, al barrio primero que lo contuvo siempre.
Era laborioso, siempre se adaptó a lo que hubiera que hacer para ayudar a los viejos, así que ejerció de mecánico, taxista y hasta de colectivero, en la línea 19 de la empresa Micro Ómnibus Saavedra S.A.
Hasta cuenta la historia que siempre tiene algo de cierto y ficción, que alguna vez le tocara cantar en Radio El Mundo, estacionaba el colectivo próximo a la emisora, y hasta con pasajeros aguardando porque no se trataba de cualquiera, sino de “El Polaco”, y después continuar viaje.
Cuentan que era fanático del Club Atlético Platense; si mal no recuerdo había un ciclo televisivo con Olmedo y Susana Giménez, y en un sketch de vagos callejeros, Goyeneche ostentaba la camiseta querida de su club.
Pero convengamos que dada sus virtudes vocales y expresivas, como decía Astor Piazzolla que, Goyeneche podría haber llegado a ser un Frank Sinatra en su propio país, pero su descuidado “trajinar” no le permitieron.
Pero, igualmente, fue y es un ídolo con un acento muy particular, que en principio asombraba su timbre de voz y la tonalidad canchera y señera.
Tal es así que su paso por las orquestas fue muy breve, porque en definitiva, su calidad muy pronto lo convirtió en solista.
Pero, comenzó como todos, cantando. Se inició en la orquesta del celebrado Raúl Kaplún. En  1952, lo convoca el maestro Horacio Salgán en reemplazo de Horacio Deval, su  co equiper fue Angel Díaz, autor del sobrenombre “Polaco”. Por supuesto, grabó con Salgán, para el sello RCA Víctor, lo cual era un regalo a sus laboriosas ambiciones.
En 1956, tuvo el orgullo de pertenecer a la orquesta de Aníbal Troilo, con quien registró 26 temas y trabó una cariñosa amistad con el “gordo”; uno de los volúmenes titulado “La última curda”, que también integraba Roberto Rufino, fue un éxito.
Después le aguarda su incursión como solista, acompañado por el trío instrumental “Los Modernos”, integrado por Luis Stazo, Armando Cupo, y Mario Monteleone.
En 1960, en funciones de solista, graba con diversos calificados maestros, como Armando Pontier, Ernesto Baffa, Osvaldo Belingieri y Raúl Garello.
En 1969, graba con un ex músico de Troilo, el revolucionario Astor Piazzolla con temas de Horacio Ferrer. 

Roberto Goyeneche ha sido un verdadero hito, incansable, inquieto, y siempre dispuesto a cantarle al tango.

Después de ese impasse, retorna en 1971, con la Orquesta de Aníbal Troilo y vuelve a grabar. Lo mismo con Atilio Stampone, modernista con arreglos maravillosos.
Roberto Goyeneche fue un trabajador incansable, sabiendo adaptarse a los límites de la vida, no ya con la capacidad de otrora pero confiriéndole a la palabra la fuerza necesaria y el extremo dramático de la interpretación.
Hizo cine de la mano de “Pino” Solanas, sus recordados filmes: “El exilio de Gardel” y “Sur”. Llegando a actuar en París. Nueva York y España.
En 1993, convocado por Lito Nebbia para su sello “Melopea”, graba el volumen “Amigos.”
Roberto Goyeneche, “El Polaco”, no pasó en vano la vida, tal es así que una calle en el Barrio de Saavedra lleva orgullosamente su nombre. Como así, una tribuna del Estadio de la ciudad de Vicente López, lo recuerda fervorosamente llamándolo “Polaco” cariñosamente.
Roberto Goyeneche se dio el gusto de compartir el florecimiento del tango con su mayor producción, registrada en el transcurso de los años 40 hasta el 60. La radio contribuyó y muchísimo cuando con el evolucionar del tiempo fue perdiendo fuerza por la partida de los grandes creadores.
Fueron muchísimos músicos que confluyeron a su potencialidad, el cine nacional, la televisión, ejercieron esa fortaleza para sostenerlo como identificación sagrada de un pueblo del Sur donde el lunfardo y el italiano confluían para sellar identidad.
Coincidente con esa declinación natural, Roberto Goyeneche, ensayó otra forma de expresarse cuando la melodía resultaba extenuante, la palabra bien ubicada y dicha la suplía impecablemente, locuaz y firmemente consolidada.
Donde existe un material enorme, es en la colección del registro del programa radial de Antonio Carrizo, “De la vida y el canto”, donde se entreveran charla riquísima, canto, anécdotas y una memoria prodigiosa del recordado “Polaco.”
Roberto Goyeneche ha sido un verdadero hito, incansable, inquieto, y siempre dispuesto a cantarle al tango.

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