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Leonardo Pez o “todo lo que prometimos transcurre lento”

Nació en Santa Fe, en 1986. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista cultural y docente. Publicó: Querés un mate? (2012), Bursinia (2014), Ricardo (2015) y Bicho sin dueño (2024). Ha sido traducido al inglés y al italiano. Escribe para El Litoral e Indie Hoy, y participa en diversos programas de Radio Nacional Santa Fe. Es jurado de los Premios Gardel y de la Bienal de Arte Joven de la UNL (Categoría “Letras”). Publica sus escritos en leonardopez.com.ar y en el newsletter bichoredactor.substack.com.

Sabado, 13 de diciembre de 2025 a las 12:01

El asaltante nos trae voces vivas de la poesía argentina. Cada poeta nos acerca, además de poemas, su visión de la poesía.

 

Poética

Escribo poesía para agradecer lo que la poesía hizo en mí. Y lo que sigue haciendo. Lamento decepcionarlos, pero... No fui el niño más lector de mi curso ni escribí mi primer poema a los seis años. Sin embargo, se me dio la poesía. Se me dio. No sé qué tanto la busqué.

Cuentan mis padres que cuando empecé a hablar, iba dejando escapar palabras inventadas como "pano", "atucutna" y "lubieta". Paso a traducirles este chino básico. "Pano": mate. "Atucutna": hojas. "Lubieta": barba. Tal vez la clave del asunto no sean mis arrebatos lingüísticos (cosa de infante reciénvenido a su idioma), sino la memoria de Héctor y Graciela. Si tengo que definir mi vínculo con la poesía, sin dudas ese sería uno de sus ejes: fijar, de algún modo, una experiencia personal o heredada.

Una casa llena de libros de distintos autores, disciplinas y épocas es un legado ardiente. Una herencia tan espacial como simbólica. Una carpeta roja con las anotaciones de las películas vistas en VHS también. O la transmisión oral de las recetas de la abuela Pepa, las historias del abuelo Juan, los chistes que se hacían los Oberlin, los personajes de una Reconquista de la segunda mitad del siglo XX. Entre risas y llantos llegaban los juegos lingüísticos que, en la confección de mi voz poética, atornillaron, entre otros/as, Andrés Calamaro y Les Luthiers. Escribir es recordar ("volver a pasar por el corazón") con ternura... y alguna que otra licencia poética. No es sólo retratar una ciudad del presente, sino también recrear una del pasado. Ir en busca del tiempo de la ciudad interior.

La poesía le da ritmo a mi vida. La acompasa, la frena, la acelera si está medio dormida. Escribir se asemeja a un montaje íntimo que ordena mis fragmentos, "las partes rotas del gran espejo interior". No es casual que la poesía haya aparecido en mí durante la adolescencia, en un momento de baja autoestima y mucha fragilidad.

Comencé diciendo que escribo para agradecer. Un acto involuntario de gratitud. Es verdad. Pero también lo hago porque no sé hacer otra cosa. Si hay una ética de la escritura en mí responde, fundamentalmente, al imperativo categórico de no traicionar una de mis necesidades básicas. ¿Puedo vivir sin escribir? Sí, pero resulto una persona menos interesante, más plana, menos plantada. Me gusta plantarme en el texto, ser regado por el azar de la lengua popular y entregarme a la experimentación del crecimiento del verso.

Leonardo Pez

 

MUESTRARIO MÍNIMO

 

Modo copiloto

El colectivo de línea zarandea

la estabilidad del auto

Mi padre cruza con las provisiones vegetales

cargando el almuerzo de los días que vendrán

En casa espera mamá:

vino para dos, agua saborizada

dramas cociéndose a fuego lento

Cumplo mi propósito:

saco tema, selecciono la música

advierto al conductor cuando se distrae

Manipulo el celular, soy el diseñador

de otra ciudad que se pierde en la altura

Gostaun

Caen paltas

en el campo de mis padres:

como misiles teledirigidos tocan

el tambor de Colastiné

los tucu tucu

se hacen chichones con el boyero subterráneo

bichos muertos del tanque a la canilla a la botella

y a la mesa

Pica fulero un tipo de insecto más alargado

De lejos, ronco, sucio, el ruido de las motos

riff de pibitos con la bolsa de las compras

Algunos muchachos carnean porrones:

del envase de vidrio al de plástico

y al pico

Estoy solo, aburrido, soy parte del mundo

A esta altura 

El chico que va 

en el asiento de atrás del patrullero

me mira, nos miramos:

coincidimos en el cuelgue

 

Sale gente del edificio espejado

entra gente al edificio ocre mostaza

parece que hay viento

aquel hombre carga su paraguas negro

y un grupito se refugia en las escaleras

de tribunales

 

Cuatro o cinco empleados desarman 

una mesa de pool 

Cierra el negocio:

una ciudad menos dentro de la ciudad

 

Cortaron la luz en la zona

hoy anduve por ahí 

un poste oblicuo se mecía 

sostenido por los cables

Todo lo que prometimos transcurre lento

A medida que 

los pescadores se retiran

los dorados suben a la laguna

En la orilla

un chico repite movimientos

sacados de la televisión

Un muñeco de friselina o polietileno

pende del horizonte y desaparece

Por el este

se aproxima un frente frío

A su modo nuestros padres

lo suponen

Nadie los ve 

No queda gente en el bondi

ni a mi derecha ni a mi izquierda:

casa de ladrillo visto

nada en su interior,

solo un viejo aburrido

 

Busco patrones, rasgos,

compañeros del colegio

 

El pato surca el agua amarronada

casi como el perdigón su plumaje

Los kayakistas limpian y secan sus remos

 

La sensación es que pueden reconstruirse:

todo depende de la física

  

Se va el bote, llega a una isla

igualita a la que abandonamos;

no creo que te acuerdes

 

Si ajusto el enfoque

el repartidor de gaseosas corre

en cámara lenta

Desde una ventana se ingresa a la habitación,

de ahí a un concierto privado

 

El mozo mira con fe

el ámbar que se esconde bajo la espuma

Su destello une casas y cosas

A unas cuadras de doblar

el ruido de la moto

llega antes que la moto

Cuatro tipos

Discuten con la radio a medio volumen

Por el espejo retrovisor

pasan nubes haciendo willy cerca del puerto

Van en un coche que está demasiado bueno

Frenan

Estacionan junto a una camioneta

Bajan dos

Adentro, niños y viejos se desplazan

entre ofertas

Una velocidad distinta es procesada por algún mecanismo

Padre e hija abandonan la cola,

y saludan al jubilado que se toma con paciencia

la espera de los demás

(Ella) entra enganchada del brazo de su marido,

siente el beat del lector láser y los códigos

La mayoría diagrama en la mente y en el móvil

un ahorcado con los últimos días del mes



 

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