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“Tengan fe, es solo arte”

Por El Litoral

Domingo, 26 de abril de 2026 a las 11:07

 

Especial Carlos Lezcano y Fernanda Toccalino

Gustavo Mendoza es Artista visual correntino, Museólogo y Licenciado en Artes de la UNNE. 

Disfruta los procesos, experimenta con los materiales y trabaja sin descanso: pinta, tiñe, decolora, cose, pega. Lo hace con cuidado, con gestos tan precisos como amorosos. Mira fotos viejas, recolecta objetos, busca telas, acumula fragmentos de historias que no terminan de decirse. Y las obras crecen entre envases de lavandina, animales o santos, y desbordan en escenas que nos hacen parte de su obra. 

El MACC incorporó una de ellas a su colección, esa que nos dice: “Tengan fe, es solo arte”

Gustavo, sos un artista que disfruta experimentando con los materiales. ¿Es así? 

Sí, la verdad que creo que es como uno de los motores de mi producción. En mi época de estudiante, en el Instituto Josefina Contte, yo ya venía experimentando con el objeto, me interesaba lo tridimensional, pero la materia era Pintura. Recuerdo que había puesto un clavo en un trabajo, tenía que poner algo que sobresalga, que rompa con el plano. Incluso cuando hacía taller en el Museo de Bellas Artes, yo ya tenía una producción de objetos hechos con hojas de banana y papel y collage. Siempre me interesó mucho esa cosa de romper el plano e ir hacia lo tridimensional, pero con materiales distintos. Porque si bien hice escultura, los materiales más tradicionales como la madera, el mármol, ese tipo de materiales más nobles, no me atraían tanto. 

¿Los materiales aparecen, están a tu alrededor o vos los buscas? 

Creo que hay un poco de todo, y hay un disfrute en buscar también. Esto de indagar materiales, y de ser un poco irrespetuoso también con los procedimientos y con los materiales en sí. A veces leo las instrucciones y hago todo lo contrario, como para ver cómo reacciona ese material y qué posibilidades no contempladas tiene. En algún punto, debe ser muy tóxico, pero bueno, eso me interesa. 

¿Y cuándo termina eso? ¿Cuándo decís hasta acá? 

No sé si termina o se transforma. O sea, concibo terminada la obra, pero el proceso de experimentación sigue, y tal vez como inunda la siguiente serie. Lo procedimental es prácticamente inagotable, como cuando trabajo el textil, por ejemplo, que a mí me parece uno de los materiales más dúctiles. Creo que se banca todo el textil, es como tintura, anilina, decolorarlo, incluirle otros materiales. Entonces, ese proceso de experimentación continúa a lo largo de la producción, se cuela en otras temáticas o en otras series y la experimentación sigue. 

Tu trabajo es muy laborioso, muy dedicado. Haces piezas pequeñas, grandes y enormes instalaciones. En ellas hay mucho tiempo y amor. ¿Lo haces vos solo o delegas y compartís el trabajo? 

Debo confesar que me cuesta delegar, no delego mucho. Me gusta estar sobre la obra. Aunque disfruto un montón, también hay lapsos de guerra con la propia obra y de discusiones ahí en el taller, pero sí es un proceso que disfruto mucho. También porque creo que voy construyendo la obra en ese proceso. Generalmente, no boceto tanto, entonces perdería ese disfrute y esa manera de hacer a lo largo de todo ese proceso, no llegaría al resultado que me interesa si delegara, porque perdería ciertas oportunidades que la obra me podría ir diciendo en ese proceso. Me permito que el proceso no sea cerrado, que no sea algo definitivo, que pueda cambiarse. Hay una idea rectora de la producción, pero es bastante abierta, eso me interesa mucho también. 

Abordas distintos temas, pero el tema de la naturaleza siempre estuvo muy presente. 

Creo que siempre hay temas principales, y después me dejo llevar por otros canales que conectan con ese tema y lo abordan de otra manera o la mirada cambia. El tema principal sigue constante, muta, se transforma con una idea rectora. El tema de la naturaleza me interesa mucho, la flora, la fauna de la región, es algo que siempre vuelve y se repite o se transforma o adquiere otras dimensiones, otras tipologías, pero  es un tema que me gusta tocar. 

¿Trabajas en serie? ¿O son piezas fragmentarias, que son parte de un todo más grande?

Sí, yo lo veo así, es como una cadena larga que se va construyendo de eslabones para construir un todo más íntegro. Al verlo en una muestra o ver la serie terminada, entre comillas, porque yo creo que no la termino sino que la continúo en la serie siguiente, como que se va colando y se va transformando. 
En la exposición uno ve el pantallazo general, una lectura más integral de esa idea rectora. 
Me gusta que la obra continúe de alguna manera, que no se corte. Me regodeo con esa sensación de placer, de decir: esto no tiene fin. Hasta que yo no diga, acá se terminó, esto continúa, y lo puedo ir modificando. Eso me permite encontrar otras motivaciones, otros materiales, otra forma de decirlo, otra forma de ocupar el espacio.Es súper importante para vos el espacio, ¿pensás en escenas?

Sí, la verdad que tiene una cuestión muy escenográfica mi obra últimamente. No solo desde la instalación, sino también al haber estudiado museología, hay como una mirada más integral de lo que es exponer una obra. Me interesa cómo va a circular el público, en qué soporte va a estar, si va a tener un pedestal, cómo va a ser ese pedestal y la iluminación, si va a haber música. Me interesa mucho todo lo que conforma ese espacio expositivo. 

¿Qué le pedís a la obra que tenga?

Antes la exigía mucho. Ahora no soy tan vehemente. No peleo tanto. Estoy más reconciliado con eso. También creo que es como que cambió esa mirada y dejé de exigirle que tenga un concepto definido, que exprese lo que exactamente quería decir, de la manera que lo quería decir. Entender que la obra no es sólo una sola obra, sino que son muchas, y todo este recorrido que hice o que estoy haciendo es como ir construyendo las páginas de un libro y saber que una sola página no va a ser la definitiva, sino que hay que leer todo el libro. No le voy a exigir a una sola página que explique todo el libro, sino dejar que fluya. Creo que es el momento actual, como una relajación. A veces miro la obra y digo: la verdad me gusta, no sé por qué, pero me gusta. Y con eso siento que me alcanza. Estoy más permisivo. 

¿Haces varias obras a la vez o haces una, terminas y empezas otra? 

Tiendo a trabajar en varias obras al mismo tiempo, incluso con varios materiales al mismo tiempo. Es esta cuestión de buscar el material y de que ese material vaya también ayudando a la obra final, que cuente de la manera que lo quiero contar. Es como el idioma justo. Es encontrar eso que va a transmitir de la mejor manera lo que quiero decir. Entonces tomo un poco de plástico, un poco de papel, un poco de textil. 

Lo que estás haciendo ahora me encanta. Son, en general, muy armónicas, muy amables. Eso también jugó en algún momento un poco en contra. Pero ahora encuentro otra potencia, estás más guerrero.

Mi obra en sí no busca ser combativa. Pero no por una cuestión de amabilidad. Creo que estoy más rondando la ironía. Estoy interviniendo imágenes antiguas que voy recolectando, porque eso también viene desde hace mucho tiempo. Creo que esta cuestión cartonera de ir juntando objetos, imágenes, fotografías... Siempre me interesó recolectar objetos y la historia que guardan esos objetos también. Y desde la imagen me interesaba esto de abordar la ironía. No sé ni siquiera si como una crítica sobre lo social, aunque aparece y tiene como connotaciones políticas, porque bueno, somos seres políticos en todo. Y es como ineludible eso. Trato de mostrar algo que no llega a ser un chiste, pero sí es como una mirada irónica de la realidad. 

De repente encontrás una imagen de Juan Domingo Perón con la mochilita de Pedido ya. O la Virgen, que está con el envase de lavandina Ayudin. 

Sí, el envase de Ayudin tiene todo un proceso de trabajo y para mí se convirtió en un elemento súper simbólico. En una etapa de mi trabajo, la lavandina también era muy protagonista porque era un material que usaba en mi producción. Teñía la tela y la decoloraba después con lavandina. En el momento que llega la pandemia y se vuelve como una obsesión tener lavandina en la casa, y la gente de golpe empezó a hacer acopio, acopio de lavandinas, cosa que también me pasó. Y cuando me encontré con todos esos envases de lavandina, yo dije: ¿qué hago con todo esto? Y de golpe esos envases de lavandina se convirtieron en la obra. Ya no era solo un material que yo usaba para decolorar, sino que se había corrido y había encontrado protagonismo en la obra y de hecho se convirtió en una serie completa que sigo trabajando. Al principio intervine el envase de la lavandina con textil y lo bordaba. Y ahora la imagen se coló también en la parte más religiosa con una simbología como de esto del lavado de las culpas. Lo religioso también me atrae mucho. 

Esto lo vimos un poco en la edición pasada de ArteCo, y me encantó. Encontré un Gustavo Mendoza diferente. 

Sí, yo creo que se dio también acompañado de esto que charlábamos, de la pandemia, de ese nuevo protagonista que estaba como ahí medio oculto y relegado y que de golpe era protagonista. Y ahora me interesa como símbolo. Aparecen los religiosos ligados a esto, la Virgen llora, pero no llora porque sufre, sino llora por la lavandina.... También cuando yo hablaba de la obra y presentaba a la Virgen y todo esto, también había como una lectura de ese rol femenino dentro de lo religioso, de lo social. Por eso digo, mi obra no tiende a ser combativa, pero no significa que no tenga como un trasfondo social o no tenga como una mirada reflexiva. También porque no me interesa... Si quiero exponer el dolor, no chorreo de sangre, busco otros recursos, como eso más camuflado. 

Una obra tuya forma parte de la colección del MACC. Contanos algo sobre ella. ¿Qué sentís al formar parte del acervo del museo?

Devocionario surgió a partir de una invitación del Instituto de Cultura para la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo. Estaba pensada para el hall central, pero el proyecto se fue transformando con el tiempo, con el diálogo colectivo y con el propio desarrollo de la obra. 
Finalmente encontró su lugar en la planta baja, en esa explanada previa a la escalera que funciona como espacio de descanso y circulación. Desde el inicio concebí la obra como una instalación. Las dimensiones del museo invitaban a ocupar el espacio, a expandir la propuesta y a establecer un diálogo directo con la arquitectura.

Me interesaba también integrar materiales que forman parte de mi trayectoria. Al recorrer la instalación se advierte cómo conviven el textil intervenido con pintura, el plástico termofusionado y los objetos cotidianos resignificados. 

Se llama Devocionario y está emplazada en un lugar de paso obligado. Eso definió su escala: necesitaba captar la atención de manera inmediata, generar un impacto visual efectivo. No fue pensada para una contemplación extensa, sino para una lectura ágil, incluso a la distancia.
En cuanto a la temática, la obra es un raconto de intereses que atraviesan mi producción: la devoción popular, la fe, los modos en que construimos aquello en lo que creemos. Todo eso está atravesado por la naturaleza. La instalación propone un recorrido escenográfico, un paisaje que guía al espectador hasta una gran pared donde aparece este personaje textil, intervenido también con el muro y con decenas de cintas rojas. 

Cada elemento tiene un porqué. Enlazarlos fue fundamental para mí. Devocionario es, en definitiva, una síntesis de mi trayecto artístico: un recorte de ese camino que vengo transitando hace años. Me parecía significativo que esa síntesis ocurriera en el museo, que la obra se volviera un pequeño mundo habitable para quienes circulen por ella y puedan conectar con estas preguntas que siguen abiertas en mi trabajo.

Ser parte de la muestra inaugural y del patrimonio del Museo de Arte Contemporáneo es un placer. Fue un desafío por las dimensiones de la obra, la magnitud del espacio y los tiempos de realización. Todo se presentó de manera exigente, pero creo que eso es lo que me incentiva a proyectar este tipo de obras. 

Ya había trabajado con escalas grandes, pero me interesa la espacialidad y la dimensión como escenografía montada para ser circulada y exhibida. Hay muchas cosas que me atrapan de la propuesta en sí. Y después está el placer y el gozo de la realización: compartir el espacio con artistas que admiro, ver cómo mi obra dialoga con la de ellos y formar parte de este recorrido del arte de la región en un museo que nos representa.
Creo que, a nivel regional, este museo va a ser un referente. Un espacio donde confluyan las nuevas estéticas, las nuevas propuestas, el arte contemporáneo y las nuevas disciplinas. Va a ser un punto focal para el desarrollo del arte de la región. Y me enorgullece que Devocionario forme parte de ese comienzo.

Gustavo, los periodistas tenemos lugares comunes todo el tiempo, y hay uno que se suele ocupar de entrada, pero ahora va de salida: ¿Quién es Gustavo Mendoza? 

Bueno, como lo charlamos, creo que en parte soy muy cartonero, creo que soy alguien que le gusta experimentar, que le gusta el proceso de la producción, que trabajo y lo disfruto mucho, aunque me pelee conmigo mismo muchas veces y con la obra, que estoy atento a lo que pasa, pero trato de reflexionar hacia adentro también, me parece importante. No solo desde mi obra, sino también veo en la producción regional y esta mirada como hacia adentro que estamos teniendo. Me parece súper interesante mirarnos a nosotros mismos y tomar esas características que nos hacen únicos. Que tal vez hubo un tiempo en la que se relegó, que se pensó que no, que era más interesante mirar hacia afuera y había que camuflar. Creo que tenemos un potencial enorme, características únicas y creo que tenemos que mostrar eso, me interesa mostrar eso.

 

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