En realidad, uno nunca sabe. Se dan a fuerza de idealizarlas. Se dan por firmeza en no escatimar esfuerzos, por hacer realidad el sueño.
Es cierto, desde que tuve uso de razón la Radio me atrajo con fuerza de gravedad, al centro del ruedo.
No obstante, no me quedé simplemente mirando. Hice todo lo que estaba a mi alcance entonces. Leí a lo loco todo lo concerniente a la Radio. Tanto en la evolución tecnológica con el decir y sus diversos tonos.
De muy pequeño, me conocía locutores, operadores-los más descollantes-, la programación y las radios que cubrían en el vasto espectro que irradiaba desde Buenos Aires.
Siempre accedí a calidad de emisión, elencos brillantes, que hacían gala de conocimientos y dicción amena e inteligente.
Fueron brillantes, en su faz primera: Juan Carlos Correa Córdoba, Jaime Font Saravia, Roberto Miró, Adalberto Campos; los correntinos que probaron suerte en la Capital Federal, Rodolfo Fernández Volpe, los hermanos Roberto y “Cheche” Monzón, Carlos Smith (Carlos Herrera), “Tito” Marincioni, Alfredo Capará, “Cacho” Galantini, etc.
Claro, estaban los famosos que habían popularizado sus nombres: “Cacho” Fontana, Héctor Coire, Antonio Carrizo, Guillermo Brizuela Méndez, Riverito, Delfor, etc. Y todo lo que vino después, Hugo Guerrero Marthineiz, Miguel Ángel Merellano, Héctor Larrea, Silvio Soldán, atc.
Estando en tercer año en la Escuela Regional, conseguí trabajo mediodía como locutor en la publicidad de altoparlantes “Diario Espacio Oral”, del periodista y escritor, Oscar Dalurzo, sito en Junin 1254, primer piso.
Creo que una buena locución, es la suma de todas ellas, pero tengo la sinceridad de admitir que por responsabilidad cada vez que me dan micrófono, siempre estoy tenso dispuesto a pensar solamente en ello. Todas las veces que lo hago, para mí, felizmente, es una primera vez.
Claro ya lo había hecho antes, animando corsos barriales, participando en un programa semanal por LT7 Radio Corrientes, ofrecido por la “Acción Católica”, acompañando a Marcik, encargado de entrevistar a invitados especiales.
Cómo fue la primera vez en Radio Corrientes, maravilloso, habitando el gran estudio, con todos los “chiches”, buena iluminación, una platea para la presencia de público, micrófonos Nöiman de pie, la luz roja indicando el “Aire”, es decir con micrófono abierto listo para la emisión.
Una amplia ventana vidriada como una pantalla de “cinemascope”, donde el técnico en sonidos ajustaba el volumen, responsable de todo cuanto ocurra en la transmisión.
Concluido, encaré por el pasillo rumbo a la calle, no pudiendo contener mi alegría por la tremenda experiencia de haber formado parte de esa prestigiosa emisora de calle La Rioja al 700, aunque más no sea por media hora de aire.
Es una sensación que solamente los fanáticos de la Radio lo podemos experimentar. Cuando se prende la luz roja, todo está jugado, ya no hay marcha atrás.
De repente, nuestra suerte está echada. Sólo segundos, y la respiración acelera su pulso. Todo lo imaginado, está allí tal cual. El texto dirá sus primeras palabras, y a partir de entonces todo siguiendo palmo el libreto, o el orden de los textos, como ha sido proyectado.
Luego, la primera vez se transforma en la suma de ellas que con el tiempo permite adquirir familiaridad y ganar en seguridad.
Lo notable, que no deja de tener importancia ese instante previo, yo, siempre lo experimento. Que es poner en orden las ideas que serán palabras al aire.
La lectura de un texto, requiere claridad y hasta un cierto tempo que le confiere dinámica comercialmente. Muy diferente es la conducción de un programa, donde la palabra la tiene uno hasta permitiéndose improvisar con real sentido sobre la idea central.
Es decir, agregar para bien, párrafos que le dan calidez. Me ciño, a la radio que estructura cada una de sus partes, que es una forma de respeto al oyente, donde los temas se emiten ordenados.
No atarme, pero sí seguir una rutina de buen nivel, inteligente, claro, con la certeza en la mano, y el pensamiento generando ideas claras.
Tal vez, haber tenido la suerte de alternar todos los medios, como la radio y la televisión, permite “armarnos” de cierto profesionalismo que uno acomoda en pos de un resultado cierto y convincente.
Me favoreció y fue un poderoso abono, haber sido cinéfilo, la lectura como pasatiempo, y escuchar, comparar, sabiendo cada día más de intérpretes, autores, siempre buscando.
Este regalo que me brindara Carlos Gelmi desde la redacción de diario El Litoral, me permitió comprobar la liturgia de construir un artículo para el medio escrito, que ayuda y muchísimo a conocer el alcance de las palabras.
Pero sin lugar a dudas, ha sido en definitiva la publicidad que me desempeñé toda la vida en todos los pasos: redacción, director de arte, vendedor de ella, adquirir capacidad de síntesis, desarrollando los temas más difíciles en textos publicitarios de simple lectura.
Creo que una buena locución, es la suma de todas ellas, pero tengo la sinceridad de admitir que por responsabilidad cada vez que me dan micrófono, siempre estoy tenso dispuesto a pensar solamente en ello.
Todas las veces que lo hago, para mí, felizmente, es una primera vez.