La vida nos ha enseñado, que hay que estar preparados no para la guerra, sí para los conflictos diarios de un país convulsionado por hacer siempre todo lo contrario, y cayendo siempre en ellos.
Gastar más de la cuenta, un clásico argentino para desordenar todos los presupuestos, por ende planes de reversión.
Pero también es cierto que a esta altura de los acontecimientos, en el estado que estamos, cambiar cuesta porque no tenemos resto.
Como dicen algunos que saben: la pobreza corre a la inflación, a pesar que sostienen que en la macro baja estrepitosamente, sin embargo los precios trepan como el más digno campeonato de escalada.
Una prueba más de las contradicciones, la ley de movilidad jubilatoria aprobada por Senadores, merecida, justa, solidaria, sujeta al veto amenazadoramente prometido por el Ejecutivo, cuando dicho sector se encuentra en la llama.
Beneficiados que desde 2017 con dicha fórmula hasta la fecha, han perdido el 45%, o sea la mitad de su jubilación, sin vestigios de recuperación, a pesar de ser Anses el pozo recurrente de todos los gobiernos.
Cuando uno hace memoria de las vicisitudes que el hambre, nunca como ahora si bien la buena voluntad de cambio y la cuota de apoyo que le brindaron las clases desposeídas, no puedo creerlo el grado de dramatismo a que hemos llegado.
Por la culpa de todos, los malos políticos y los malos ciudadanos que jamás se preocupan por la suerte general del país, cuando en realidad deberíamos ser auditores celosos de nuestros “empleados” o sea el gobierno, cumpla a rajatabla todo lo prometido, especialmente la administración, y sus derivaciones corruptas.
El desinterés lleva a estos colapsos que luego son difíciles de remediar, más aún nuestro país que ha vivido subsidiando, desagotando como un pozo inagotable de petróleo las dadivosas gestiones políticas a la cual estábamos acostumbrados durante muchísimos años.
Es cierto que ante la falta de respuestas perentorias, el periodismo ha tomado una férrea decisión de expoliar con críticas verdaderas, lo que realmente sucede, tal vez muchas veces cargando las tintas para ver si escuchan por lo menos de una buena vez.
Pero alguien debe hacerlo, y en definitiva todos los temas son conferidos por los gobiernos, es decir el argumento está dado por ellos mismo agudizado por la población de medios, controlando toda acción que siempre provocan una reacción que a sus autores poca gracia hace.
“Argentinos a las cosas”, como lo decía en 1939, el filósofo y ensayista español, en su visita a Buenos Aires, José Ortega y Gasset. Forma exacta para acometer el país que soñamos.
Decía el periodista Dante Panzeri, haciendo un balance como debiera serlo, rol que alguna vez lo fue: “El periodista era un fiscal que veía, pensaba y opinaba. Ahora es un negociante que oye y repite. Acaso más apropiadamente dicho un showman.”
Era claro y aleccionador: “Somos fiscales y no jueces y debemos ser parciales a favor del bien y en contra del mal.”
Como la historia se repite, siempre estamos dispuestos a la “remake” de los errores, siempre recuerdo en parte del anterior gobierno que ante la desolación de los desmadres, como se dan ahora, el impacto de esa carta de los lectores: “La ira de los Mansos”, firmado por la jubilada de Provincia de Buenos Aires, Sonia Decker.
Que si bien fueron en otros días no muy diferentes a los que vivimos hoy, lo releo porque la historia no sea la misma: “Llegará un momento en que el Gobierno tome conciencia de la gravedad de la situación por la que estamos pagando la mayoría de los argentinos. No tenemos las más mínima posibilidad de proyectar nada, tengamos la edad que tengamos. La educación y la salud pública están en una decadencia absoluta. Nadie cree en esta justicia populista por más esfuerzo que hagan los jueces honrados para defender la Constitución. Los votos de los miembros del Congreso no dan favor a pesar de que los elegimos para que resuelvan nuestros problemas. La inseguridad nos aterra, nos mutila y deshace nuestras familias. Y mientras tanto, seguimos escuchando estos sainetes y peleas a diario, que son producto de la inoperancia y la hipocresía absoluta de estos gobernantes sordos que solo se preocupan por mantener su mínima porción de poder y su sustento de por vida. Estamos hartos, sépanlo. Y cuídense de LA IRA DE LOS MANSOS..!
Es tan solo un ejemplo, para tener en cuenta. Por si las dudas. Para pensarlo muy en serio. Que el hambre no espera, que los remedios, mucho menos.
No permitamos que la pobreza corra a la inflación en una calesita de nunca acabar, para llegar finalmente al mismo lugar de siempre, a la consternación, al desaliento.
Queremos normalidad, tranquilidad, respeto, de ser posible, y esperanza que es la llama encendida conque los argentinos nos iluminamos pero jamás poder llegar a puerto.
“Argentinos a las cosas”, como lo decía en 1939, el filósofo y ensayista español en su visita a Buenos Aires, José Ortega y Gasset. Forma exacta para acometer el país que soñamos. Todo vale recordar, por si las dudas. Volver a las cosas que alguna vez fueron orgullo y que nos distinguieron en el mundo como tierra de promisión.