Bastante lejos del 0% prometido desde la Casa Rosada, la inflación comienza a presio0nar al Gobierno por la suma de un problema que se perfila serio: el retroceso de la actividad industrial. Se trata de un sector clave de la economía argentina, que representa alrededor del 19% del PBI, emplea de manera directa a casi 1,2 millones de personas y genera otros 2,4 millones de puestos indirectos. Allí los salarios suelen ubicarse por encima del promedio, existen coberturas sociales básicas y, finalmente, la jubilación resulta una expectativa bastante más concreta que en muchos otros sectores de la economía.
El problema es que el índice de producción industrial mostró en enero de 2025 una caída promedio del 3,2% frente al mismo mes del año anterior, y desde entonces se acumuló una cadena de números rojos difícil de ignorar. La lista aparece encabezada por textiles con un derrumbe del 34,9%, seguida por el calzado con 34%, la producción de neumáticos con 29,7% y la industria automotriz con cerca del 30%. También retrocedieron con fuerza la maquinaria agropecuaria con una baja cercana al 32%, mientras que el sector de informática, televisores y comunicaciones registró un desplome todavía más profundo: 64%.
Todos estos datos surgen de las estadísticas oficiales del INDEC, lo cual significa que describen la realidad según los propios números del Gobierno. La coincidencia temporal resulta llamativa, porque al mismo tiempo el presidente Javier Milei volvió a lanzar duras críticas contra empresarios que cuestionan el rumbo económico, a quienes suele acusar de corruptos o prebendarios. Habría que suponer, entonces, que se refiere únicamente a empresarios completamente desvinculados de cualquier relación formal o informal con funcionarios o dirigentes cercanos al poder político.
La misma estadística industrial del INDEC muestra además que el año 2025 terminó con seis meses consecutivos de caída, desde julio hasta diciembre, y que el 2026 comenzó con un enero nuevamente negativo. Durante ese período, la utilización de la capacidad instalada de la industria manufacturera se movió alrededor del 53,8%, el nivel más bajo desde 2022. Dicho de otro modo, casi la mitad del aparato productivo industrial permaneció ocioso, una señal difícil de conciliar con cualquier relato de recuperación vigorosa.
Mirado desde cualquier ángulo, el panorama no parece compatible con discursos demasiado optimistas ni con la idea de que la industria atraviesa un momento saludable. Sin embargo, varios funcionarios de primera línea sostienen que la situación es mejor de lo que indican los indicadores y hablan incluso de una nueva etapa de expansión. Las cifras, por ahora, cuentan otra historia.
Un informe reciente de la consultora LCG agrega otro dato inquietante: entre 2024 y 2025 la Argentina registró la segunda mayor caída industrial del mundo, solo superada por Hungría. A su vez, un estudio elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA señala que la participación de la industria en el conjunto de la economía pasó del 16,5% al 13,5% entre mediados de 2023 y mediados de 2025. El retroceso aparece acompañado por caídas en 22 de los 24 sectores que integran la estructura industrial argentina.
Otro indicador resume la magnitud del deterioro: el PBI industrial por habitante resulta hoy similar al de 1985, es decir, al de hace cuatro décadas. Para los especialistas de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, esta comparación refleja que el sector atraviesa una fase claramente recesiva o, al menos, muy cercana a una recesión abierta.
Cuando se observa el comportamiento de los distintos sectores de la economía, aparecen además ganadores y perdedores. Un trabajo de la UBA que compara el tercer trimestre de 2023 con el de 2025 ubica entre los perdedores a la industria con una baja del 8,3%, al comercio con 5,2% y a la construcción con 14,1%. En cambio avanzan finanzas.
La industria necesita estabilidad macroeconómica, pero también crédito productivo y diálogo público-privado sostenido.