Recién llegado de la localidad de Santo Tomé, Carlos Talavera ingresó al escenario a las 10 en punto de una noche clara, casi estival, seducido por el compromiso que remarcó con sus palabras: “No vengo a actuar para buscar éxito. Vengo a hacer una patriada por nuestro chamamé”. A la actuación del músico precedió la itateña Andrea Sosa, una revelación ya con dos discos grabados (“Herencia Chamamecera” es el último) cuya simpatía y exquisita voz paseó con soltura por el Vera. Acompañada por excelentes músicos, cantó “A mi Corrientes porá”, “Palabras a Itatí”, “Posadeña linda” y en la despedida, luego de un aplaudido regreso, hizo una linda polkita, “Adiós Lucerito Alba”, tema para el que convocó a su padre y a su tío, Abel y Félix Sosa, en un emotivo cuadro familiar.
El silencio de la espera se hizo fervor de sapucay cuando el Cuarteto Santa Ana (Raúl Carlos Ramírez segunda voz y primera guitarra, Rolo Obregón segunda guitarra y primera voz, Adolfo Piris en bandoneón) y el acordeón de Talavera nombraron al “General Madariaga”. El anuncio lo hizo Toto Sheman y recordó que el Cuarteto Santa Ana es el único grupo que tiene fe de bautismo en la Basilica de Nuestra Señora de Itatí y así, como Ernesto lo soñó y quiso, en cumplimiento de un pacto que no necesitó más testigos que la palabra, Talavera continúa el camino de luminarias que encendieron Montiel e Isaco, cuando el chamamé salió de los patios bajo la enramada y ancló en un salón cercano al puerto del barrio de La Boca y enamoró a los “pitucos” porteños.
“Noches corrwentinas”, “Recordando a Santa Fe”, “Angélica”, “Los dos amigos”, “Mayo otoñal”, “Estancia San Blas”, “para entrar netamente en el repertorio de Montiel”, “Para Villanueva”, “Casita de barro”, “La calandria”, “Sargento Cabral”, “El toro”, un sólo de bandoneón de Adolfo Piris “para recordar a Isaquito”, dijo Talavera. Más temas de Montiel para entender “cómo hizo, como fue que escribió cosas tan lindas”. Así manejó Carlos Talavera el repertorio, contestando con un “por supuesto” el pedido de la gente que si bien no colmó las butacas, ensanchó el corazón para ser parte de ese mandato que no debe morir: seguir, seguir siempre, pisando los escenarios en el nombre del padre del estilo montielero. “El guazuncho”, de don Ernesto, en un solo de acordeón ejecutado por Talavera fue la oración que compartió el mundo, ya que el espectáculo se transmitió vía internet en directo a todo el planeta.
Un año de vida tenía Carlos Talavera cuando se creó el Cuarteto Santa Ana, en 1942. Hasta 1950 lo integraron Montiel-Abitbol y desde entonces hasta 1975, solo Montiel. La posta la tomó aquel jovencito que compartiera los estudios de canal 13 cuando “El patio de Don Tunque” encendía la música de chamamé en los hogares correntinos. Era entonces Carlitos Talavera, el hombre que hoy, dando gracias a Dios en cada gesto, persigna la promesa de preservar el Cuarteto Santa Ana y hace hablar a su acordeón, dos guitarras y un bandoneón, con respeto y admiración. (MM).