POR JOSE CESCHI
¡Buen día! ¡Felices Pascuas para todos! Para los cristianos y los que no lo son, porque nuestra fe nos dice que Jesús murió y volvió a la vida por todos y cada uno de los hombres.
Pero como seguidores del Resucitado los cristianos debemos sentirnos especialmente convocados a dar testimonio de una verdad tan estupenda.
“Dar testimonio significa esencialmente atestiguar un hecho sobre la base de una certeza que, de algún modo, es fruto de experiencia personal. Las piadosas mujeres fueron los primeros testigos del retorno del Señor a la vida (cf. Mt 28, 5-8). Ellas entonces no vieron a Jesús, pero adquirieron la certeza de su resurrección a base del descubrimiento del sepulcro vacío y de la explicación que les dio el ángel sobre el asombroso acontecimiento. Esta fue la experiencia inicial que tuvieron del misterio, fortalecida después de las apariciones del Resucitado”.
Ya lo decía Juan Pablo II muchos años atrás (25.5.84) en una audiencia general. Y continuaba:
Cada uno de los cristianos, bebiendo en la tradición histórica, y sobre todo en las certezas de la fe, experimente que Cristo es el Resucitado, y por lo mismo, el perennemente viviente. Es una experiencia profunda y completa, que no puede quedar encerrada en el ámbito exclusivamente personal, sino que exige necesariamente difundirse: como la luz que se irradia, como la levadura que hace fermentar la masa del pan.
El auténtico cristiano es, por su propia constitución, un “evangelio vivo”. No es pues el perezoso discípulo de una doctrina lejana en el tiempo y extraña a la realidad que vive, no es el mediocre repetidor de fórmulas carentes de garra sino el convencido y tenaz defensor de la contemporaneidad de Cristo y de la incesante novedad del Evangelio, siempre dispuesto, ante cualquiera y en todo momento, a dar razón de la esperanza que alimenta en el corazón (cf. 1 Pe 3,15)...”.
Mucho antes Pablo VI, en un documento fundamental (Evangelii Nuntiandi, 21) había dicho que “el testimonio es un elemento esencial, generalmente el primero de la evangelización”.
Que el nuestro sea esa luz, esa levadura, que el mundo de hoy lo necesita más que nunca.
¡Hasta mañana!