La muerte en vida -Crónica de un torturado-
ellitoral.com.ar

Lunes 24de Junio de 2019CORRIENTES26°Pronóstico Extendidoclima_nublado

Dolar Compra:$41,60

Dolar Venta:$43,60

La muerte en vida -Crónica de un torturado-

imagen_1

Por Mirta Itatí “Pakita” Barozzi

El calor agobiante de marzo del 76´ no aflojaba salvo en las madrugadas del interior del sur correntino, en Curuzú Cuatia, para la suerte de mi padre fue el mes más tormentoso, porque esa madrugada un grupo militar lo llevo por la fuerza y sin explicación alguna de su casa, dejando al salir el olor a calle de tierra húmeda entrando a la casa que no olvidaremos jamás.
Según recordaba las pocas veces que pudo hablar del tema a su regreso es que cree haber sido detenido en el Hospital Militar de Curuzú, ubicado sobre la avenida principal de ingreso al pueblo.
Lo mantuvieron encapuchado la mayor parte del tiempo o en su defecto con los ojos vendados para no reconocer a sus captores que en realidad eran sus coterráneos.
Padeció constantes torturas, casi siempre con picanas eléctricas, la modalidad era acostarlo en el elástico de las camas militares de hierro y resortes de metal, mojarlos con baldazos de agua y a posteriori practicarle descargas eléctricas, conocidas en la jerga como “picanearlo” para que brinde información, o entregue compañeros o vecinos, lo que fuese. Todo servía a sus fines.
Unos de los recuerdos que le despiertan más miedo son los sonidos de los pasos de los borcegos militares, tras ellos, gritos desgarradores, e incluso a algunos detenidos los obligaban a practicar abusos sobre las enfermeras, denostando el menosprecio sobre el ser humano en sustancia sin distinción de género ni bandos, aunque descarto terminantemente la teoría de los dos demonios.
Pedro Barozzi cayó por error allí, al que buscaban en realidad era a su primo Julio Cesar “Cacho” Barozzi, quien si era militante del peronismo montonero, quién también se vio perjudicado luego, ya que le quitaron la vida sin miramientos siendo una víctima más de la dictadura cívico-militar y clerical imperante, sucedió en la ciudad de Corrientes capital a manos de una comisión policial al mando del Oficial Diego Ulibarrie. Pero esa es otra historia, ramificada de la situación actual de Pedro Barozzi, alias “TOTO”, para sus amigos, vecinos y compañeros de fútbol de San Lorenzo.
En la actualidad como consecuencia del daño físico y psíquico percibido padece lesiones cerebrales a causa de las picanas, generándole un daño neuronal irreparable que implica una afectación en sus capacidades motrices y neurológicas, confinándolo a una vida equiparable a un vegetal, pasando de ser un joven estudiante, prometedor deportista, - aún balbucea apenas algunas palabras y recuerda cuando era full-back en el ciclón y le brilla una sonrisa en la cara, como si nada de todo esto le hubiera pasado-,
Es entonces que ante los pesares de la vida, la ausencia de habeas corpus planteado por su familia en la época, y la muerte de quien atestiguó torturarlo aunque quedo en el expediente la declaración, no pudo percibir una reparación del Estado vía judicial, y lo que es peor, quien es su actual esposa y en aquellos tiempos su pareja o novia se dedicó plenamente a su cuidado y aseo personal, alimentación y demás actividades vinculadas al cuidado de un persona discapacitada, lo que no le permitió trabajar en forma estable en ningún establecimiento
Recién luego de años de changas como costurera, logró su mujer Olga Centurión de Barozzi, jubilarse con la mínima a partir de la moratoria vigente en el mandato presidencial anterior, y en la actualidad, a los 61 años de don Pedro Barozzi, Toto en el barrio, la Provincia desconociendo su situación precaria, y su condición física lo priva de su paupérrima pensión por discapacidad sin previo aviso, por tener en el mismo hogar otro beneficio contributivo su esposa, o sea la jubilación mínima de seis mil y pico de pesos, ambos montos que acumulados no alcanzan para cubrir el costo de los medicamentos psiquiátricos y para el asma que consume Pedro diariamente.
Ni que hablar de que le devuelvan la dignidad, la vida, el poder alzar a sus nietos, abrazar a su familia o al menos poder compartir unos mates, o charlar con su amor y sus hijos.
Por eso considero en este breve recorrido que podemos hablar de un gran ejemplo, un excelente ciudadano, un gran padre, que en su cruz de papel, su querido Curuzú Cuatia, conoció su suerte, padeció en cuerpo y alma una crónica de lo que llamo una muerte en vida.

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

La muerte en vida -Crónica de un torturado-

Por Mirta Itatí “Pakita” Barozzi

El calor agobiante de marzo del 76´ no aflojaba salvo en las madrugadas del interior del sur correntino, en Curuzú Cuatia, para la suerte de mi padre fue el mes más tormentoso, porque esa madrugada un grupo militar lo llevo por la fuerza y sin explicación alguna de su casa, dejando al salir el olor a calle de tierra húmeda entrando a la casa que no olvidaremos jamás.
Según recordaba las pocas veces que pudo hablar del tema a su regreso es que cree haber sido detenido en el Hospital Militar de Curuzú, ubicado sobre la avenida principal de ingreso al pueblo.
Lo mantuvieron encapuchado la mayor parte del tiempo o en su defecto con los ojos vendados para no reconocer a sus captores que en realidad eran sus coterráneos.
Padeció constantes torturas, casi siempre con picanas eléctricas, la modalidad era acostarlo en el elástico de las camas militares de hierro y resortes de metal, mojarlos con baldazos de agua y a posteriori practicarle descargas eléctricas, conocidas en la jerga como “picanearlo” para que brinde información, o entregue compañeros o vecinos, lo que fuese. Todo servía a sus fines.
Unos de los recuerdos que le despiertan más miedo son los sonidos de los pasos de los borcegos militares, tras ellos, gritos desgarradores, e incluso a algunos detenidos los obligaban a practicar abusos sobre las enfermeras, denostando el menosprecio sobre el ser humano en sustancia sin distinción de género ni bandos, aunque descarto terminantemente la teoría de los dos demonios.
Pedro Barozzi cayó por error allí, al que buscaban en realidad era a su primo Julio Cesar “Cacho” Barozzi, quien si era militante del peronismo montonero, quién también se vio perjudicado luego, ya que le quitaron la vida sin miramientos siendo una víctima más de la dictadura cívico-militar y clerical imperante, sucedió en la ciudad de Corrientes capital a manos de una comisión policial al mando del Oficial Diego Ulibarrie. Pero esa es otra historia, ramificada de la situación actual de Pedro Barozzi, alias “TOTO”, para sus amigos, vecinos y compañeros de fútbol de San Lorenzo.
En la actualidad como consecuencia del daño físico y psíquico percibido padece lesiones cerebrales a causa de las picanas, generándole un daño neuronal irreparable que implica una afectación en sus capacidades motrices y neurológicas, confinándolo a una vida equiparable a un vegetal, pasando de ser un joven estudiante, prometedor deportista, - aún balbucea apenas algunas palabras y recuerda cuando era full-back en el ciclón y le brilla una sonrisa en la cara, como si nada de todo esto le hubiera pasado-,
Es entonces que ante los pesares de la vida, la ausencia de habeas corpus planteado por su familia en la época, y la muerte de quien atestiguó torturarlo aunque quedo en el expediente la declaración, no pudo percibir una reparación del Estado vía judicial, y lo que es peor, quien es su actual esposa y en aquellos tiempos su pareja o novia se dedicó plenamente a su cuidado y aseo personal, alimentación y demás actividades vinculadas al cuidado de un persona discapacitada, lo que no le permitió trabajar en forma estable en ningún establecimiento
Recién luego de años de changas como costurera, logró su mujer Olga Centurión de Barozzi, jubilarse con la mínima a partir de la moratoria vigente en el mandato presidencial anterior, y en la actualidad, a los 61 años de don Pedro Barozzi, Toto en el barrio, la Provincia desconociendo su situación precaria, y su condición física lo priva de su paupérrima pensión por discapacidad sin previo aviso, por tener en el mismo hogar otro beneficio contributivo su esposa, o sea la jubilación mínima de seis mil y pico de pesos, ambos montos que acumulados no alcanzan para cubrir el costo de los medicamentos psiquiátricos y para el asma que consume Pedro diariamente.
Ni que hablar de que le devuelvan la dignidad, la vida, el poder alzar a sus nietos, abrazar a su familia o al menos poder compartir unos mates, o charlar con su amor y sus hijos.
Por eso considero en este breve recorrido que podemos hablar de un gran ejemplo, un excelente ciudadano, un gran padre, que en su cruz de papel, su querido Curuzú Cuatia, conoció su suerte, padeció en cuerpo y alma una crónica de lo que llamo una muerte en vida.