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Tras la creciente, los abuelos recién casados esperan volver pronto a su hogar en el campo

Amor. Se casaron el pasado lunes 22 pero están juntos hace 65 años.
Juntos. Paulina lo acompaña a Angel que se recupera de una lesión en su pie izquierdo. FOTO NICOLAS ALONSO
Antes la gente se casaba, ¿no? PAULINA  ANTONIA  RAMIREZ

Viven en Campo Grande (Herlitzka), pero en realidad sólo una carretera los separa de Borja, jurisdicción de San Luis del Palmar. Allí, Paulina Antonia Ramírez (89) y Angel Aguirre (85) siguen escribiendo una historia que los tiene como protagonistas principales hace 65 años y que supera toda adversidad. Ahora, la creciente y la herida que sufrió él en uno de sus pies, los obliga a permanecer en San Luis del Palmar. Y aunque perdieron varias pertenencias materiales, vivieron uno de los momentos más importantes de sus vidas: se casaron. La ceremonia fue en el hospital pero prometieron que luego celebrarán con un asado familiar.
Precisamente allí, donde su esposo permanece internado por una herida en su pie izquierdo, dialogaron con El Litoral sobre lo sucedido hace más de un mes cuando tuvieron que dejar su hogar.
Esta no es la primera vez que una creciente deja huellas en sus vidas, pero ahora Paulina afirmó sin dudar: “Me asusté mucho, el agua se venía. Salí sin nada, como que si me fuera al portón. Todo pasó tan rápido”, acentuó.
Ese día “me desperté cuando él me dijo: ‘levantate que parece que está comenzando a entrar agua’”, recordó Paulina para quien -hasta ese momento- la situación parecía no representar un problema grave. Por eso “me fui a tomar unos mates con él en la pieza”. Pensó que el agua no aumentaría su caudal y sólo mojaría el piso del comedor.
Sin embargo, eso no sucedió. Por el contrario, “cuando nos dimos cuenta, el agua se venía y no era sólo de lluvia, era agua que venía de algún lado con mucha fuerza”.
Ante esa situación, no les quedó otra alternativa que dejar su hogar. “Vino el padre Epifanio (Barrios) con un camión del Ejército y varios voluntarios. Y como hay que pasar la cañada para llegar hasta el camino, me alzaron”, contó Paulina, quien a sus 89 años no tiene dificultades para caminar pero “ahora sentía que el agua me podía llevar por delante”.
Después de aquella rápida salida, de la que “vine sin nada, como si fuera que estoy yendo al portón”, indicó, estuvieron varios días en la casa de una de sus hijas que vive en San Luis del Palmar. Pero como el agua retrocedió, volvieron a su hogar.
Sin embargo, la calma duró poco. Después de varias  jornadas en las que brilló el sol, las lluvias retornaron. “Como decían que iba a caer más de 100 milímetros, uno de mis nietos -a las diez de la noche- nos fue a buscar con su camioneta. Pero él no quiso venir  y me dijo: ‘Andá nomás vos, yo me quedo a cuidar la casa’”, comentó Paulina, quien remarcó: “Y vine porque no quería que mi nieto se enoje. Hizo tanto sacrificio para  buscarnos a esa hora”.

Dulce espera
Precisamente, cuando Angel estaba solo en el hogar que tienen en el campo, se lastimó uno de sus pies al intentar sacar de una de las plantas las naranjas a las que definió como “muy dulces”.
“Le hincó un clavo o algún hierrito. Tiene botas pero no usa porque dice que se le hace muy pesado para caminar. Ni alpargatas se puso”, acotó Paulina, quien primero lo hizo con un tono de recriminación pero inmediatamente reconoció: “El suele andar descalzo porque no le duele nada, en cambio yo tengo artrosis y si ando por el agua sin calzado enseguida me agarra calambre”.
“Tampoco usa anteojos como yo y me enhebra la aguja: ve bien”, agregó,  mientras permanecía al lado de la cama donde Angel está internado hace varios días. “No le pasa nada grave, sólo le están curando el pie”, señaló Paulina que después de más de medio siglo de espera se casó.
La ceremonia fue en esa habitación del hospital y la ofició el padre Epifanio.
Entre bromas y sonrisas cómplices, ninguno de los dos contó pormenores de por qué no lo hicieron antes. Aunque Paulina  varias veces aseveró que siempre se quiso casar.
Angel dijo que también quería hacerlo pero -según argumentó- prefería que la ceremonia fuera en Itatí.
Pero el tiempo fue pasando, y más precisamente transcurrieron 65 años, hasta que esa unión ante la Iglesia recién se concretó el pasado lunes 22. Y aunque hubiera preferido que fuera en la parroquia, Paulina no dudó en aceptar que el padre Epifanio los casara en la habitación del hospital. Consideró que ya no hay nada que esperar y “ella es muy católica y quería casarse”, contó por su parte Raquel, una nieta de los 18 que tienen en total. Descendencia que se formó luego de que nacieran sus dos hijas: Rita Ester y Marcelina.
Ambas llevan el apellido Ramírez. Es que Paulina argumentó que para evitar inconvenientes porque no estaba casada con Angel, prefirió inscribirlas con su apellido de soltera. Y si bien ahora puede sumar a su identificación el apellido Aguirre, con una gran sonrisa pícara, subrayó: “Va a quedar muy largo. Voy a tener que decir Paulina Antonia Ramírez de... Mejor lo dejamos así, va a quedar largo”.
Angel sólo respondió con  otra gran sonrisa porque usar su apellido no hará la diferencia. Ellos ya son una familia con muchos integrantes -entre ellos- unos 27 bisnietos.“Todos nos quieren mucho”, insistió Paulina en otro momento de la charla cuando se refirió que teníamos “un rancho pero hace dos años” uno de sus descendientes “nos hizo una casa de ladrillo y como estaba en una zona más alta pensamos que esta vez no nos iba a llegar el agua”.

Regresar
Sin embargo el agua avanzó y perdieron varias pertenencias. Algunas en el interior de su hogar, otras en el campo. “Perdimos nuestros animalitos, las plantas”, manifestó Angel, quien sólo por unos pocos segundos dejó ver la tristeza en sus ojos. Pero inmediatamente después coincidió con Paulina que van a volver a empezar e inclusive anunció que cuando se recuperen festejarán el casamiento con un gran asado.
Los dos, pese a las circunstancias adversas, conservan el buen humor. No es la primera vez que deben superar momentos difíciles. Volverán a empezar y lo harán en su casa del campo porque allá “es mas divertido”, aseveró Angel. Y aunque Paulina reconoció que sus familiares preferirían que vivan en San Luis, “no puedo dejarlo solo allá”.

Electricidad
Ese es el lugar que eligieron para vivir, donde esperan poder algún día tener energía eléctrica. “Necesitan sólo un transformador, recibieron promesas pero hasta ahora no se cumplieron”, afirmó otra de las integrantes de su familia que en forma permanente se turnan para ir a ver como están.
“Hasta llegamos a escribirle una carta a la Presidenta (Cristina Kirchner) pero nunca nos respondió”, precisaron. Sin embargo, sostuvieron “no perdemos la esperanza de que algún día puedan tener luz eléctrica y una perforación”. El derecho al acceso a servicios básicos que podrían ser un regalo para Paulina y Angel.
(Cynthia Casco).

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Tras la creciente, los abuelos recién casados esperan volver pronto a su hogar en el campo

Amor. Se casaron el pasado lunes 22 pero están juntos hace 65 años.
Amor. Se casaron el pasado lunes 22 pero están juntos hace 65 años.

Viven en Campo Grande (Herlitzka), pero en realidad sólo una carretera los separa de Borja, jurisdicción de San Luis del Palmar. Allí, Paulina Antonia Ramírez (89) y Angel Aguirre (85) siguen escribiendo una historia que los tiene como protagonistas principales hace 65 años y que supera toda adversidad. Ahora, la creciente y la herida que sufrió él en uno de sus pies, los obliga a permanecer en San Luis del Palmar. Y aunque perdieron varias pertenencias materiales, vivieron uno de los momentos más importantes de sus vidas: se casaron. La ceremonia fue en el hospital pero prometieron que luego celebrarán con un asado familiar.
Precisamente allí, donde su esposo permanece internado por una herida en su pie izquierdo, dialogaron con El Litoral sobre lo sucedido hace más de un mes cuando tuvieron que dejar su hogar.
Esta no es la primera vez que una creciente deja huellas en sus vidas, pero ahora Paulina afirmó sin dudar: “Me asusté mucho, el agua se venía. Salí sin nada, como que si me fuera al portón. Todo pasó tan rápido”, acentuó.
Ese día “me desperté cuando él me dijo: ‘levantate que parece que está comenzando a entrar agua’”, recordó Paulina para quien -hasta ese momento- la situación parecía no representar un problema grave. Por eso “me fui a tomar unos mates con él en la pieza”. Pensó que el agua no aumentaría su caudal y sólo mojaría el piso del comedor.
Sin embargo, eso no sucedió. Por el contrario, “cuando nos dimos cuenta, el agua se venía y no era sólo de lluvia, era agua que venía de algún lado con mucha fuerza”.
Ante esa situación, no les quedó otra alternativa que dejar su hogar. “Vino el padre Epifanio (Barrios) con un camión del Ejército y varios voluntarios. Y como hay que pasar la cañada para llegar hasta el camino, me alzaron”, contó Paulina, quien a sus 89 años no tiene dificultades para caminar pero “ahora sentía que el agua me podía llevar por delante”.
Después de aquella rápida salida, de la que “vine sin nada, como si fuera que estoy yendo al portón”, indicó, estuvieron varios días en la casa de una de sus hijas que vive en San Luis del Palmar. Pero como el agua retrocedió, volvieron a su hogar.
Sin embargo, la calma duró poco. Después de varias  jornadas en las que brilló el sol, las lluvias retornaron. “Como decían que iba a caer más de 100 milímetros, uno de mis nietos -a las diez de la noche- nos fue a buscar con su camioneta. Pero él no quiso venir  y me dijo: ‘Andá nomás vos, yo me quedo a cuidar la casa’”, comentó Paulina, quien remarcó: “Y vine porque no quería que mi nieto se enoje. Hizo tanto sacrificio para  buscarnos a esa hora”.

Dulce espera
Precisamente, cuando Angel estaba solo en el hogar que tienen en el campo, se lastimó uno de sus pies al intentar sacar de una de las plantas las naranjas a las que definió como “muy dulces”.
“Le hincó un clavo o algún hierrito. Tiene botas pero no usa porque dice que se le hace muy pesado para caminar. Ni alpargatas se puso”, acotó Paulina, quien primero lo hizo con un tono de recriminación pero inmediatamente reconoció: “El suele andar descalzo porque no le duele nada, en cambio yo tengo artrosis y si ando por el agua sin calzado enseguida me agarra calambre”.
“Tampoco usa anteojos como yo y me enhebra la aguja: ve bien”, agregó,  mientras permanecía al lado de la cama donde Angel está internado hace varios días. “No le pasa nada grave, sólo le están curando el pie”, señaló Paulina que después de más de medio siglo de espera se casó.
La ceremonia fue en esa habitación del hospital y la ofició el padre Epifanio.
Entre bromas y sonrisas cómplices, ninguno de los dos contó pormenores de por qué no lo hicieron antes. Aunque Paulina  varias veces aseveró que siempre se quiso casar.
Angel dijo que también quería hacerlo pero -según argumentó- prefería que la ceremonia fuera en Itatí.
Pero el tiempo fue pasando, y más precisamente transcurrieron 65 años, hasta que esa unión ante la Iglesia recién se concretó el pasado lunes 22. Y aunque hubiera preferido que fuera en la parroquia, Paulina no dudó en aceptar que el padre Epifanio los casara en la habitación del hospital. Consideró que ya no hay nada que esperar y “ella es muy católica y quería casarse”, contó por su parte Raquel, una nieta de los 18 que tienen en total. Descendencia que se formó luego de que nacieran sus dos hijas: Rita Ester y Marcelina.
Ambas llevan el apellido Ramírez. Es que Paulina argumentó que para evitar inconvenientes porque no estaba casada con Angel, prefirió inscribirlas con su apellido de soltera. Y si bien ahora puede sumar a su identificación el apellido Aguirre, con una gran sonrisa pícara, subrayó: “Va a quedar muy largo. Voy a tener que decir Paulina Antonia Ramírez de... Mejor lo dejamos así, va a quedar largo”.
Angel sólo respondió con  otra gran sonrisa porque usar su apellido no hará la diferencia. Ellos ya son una familia con muchos integrantes -entre ellos- unos 27 bisnietos.“Todos nos quieren mucho”, insistió Paulina en otro momento de la charla cuando se refirió que teníamos “un rancho pero hace dos años” uno de sus descendientes “nos hizo una casa de ladrillo y como estaba en una zona más alta pensamos que esta vez no nos iba a llegar el agua”.

Regresar
Sin embargo el agua avanzó y perdieron varias pertenencias. Algunas en el interior de su hogar, otras en el campo. “Perdimos nuestros animalitos, las plantas”, manifestó Angel, quien sólo por unos pocos segundos dejó ver la tristeza en sus ojos. Pero inmediatamente después coincidió con Paulina que van a volver a empezar e inclusive anunció que cuando se recuperen festejarán el casamiento con un gran asado.
Los dos, pese a las circunstancias adversas, conservan el buen humor. No es la primera vez que deben superar momentos difíciles. Volverán a empezar y lo harán en su casa del campo porque allá “es mas divertido”, aseveró Angel. Y aunque Paulina reconoció que sus familiares preferirían que vivan en San Luis, “no puedo dejarlo solo allá”.

Electricidad
Ese es el lugar que eligieron para vivir, donde esperan poder algún día tener energía eléctrica. “Necesitan sólo un transformador, recibieron promesas pero hasta ahora no se cumplieron”, afirmó otra de las integrantes de su familia que en forma permanente se turnan para ir a ver como están.
“Hasta llegamos a escribirle una carta a la Presidenta (Cristina Kirchner) pero nunca nos respondió”, precisaron. Sin embargo, sostuvieron “no perdemos la esperanza de que algún día puedan tener luz eléctrica y una perforación”. El derecho al acceso a servicios básicos que podrían ser un regalo para Paulina y Angel.
(Cynthia Casco).