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/Ellitoral.com.ar/ Cultura

Ofelia Leiva, no dejes de cantar

GENTILEZA CARLOS MACIEL

En vísperas del Día Nacional del Chamamé, la Fundación Cocomarola realizó la tradicional velada, en recuerdo de la figura de don Mario del Tránsito Cocomarola, fallecido el 19 de septiembre de 1974. Fue en el Teatro Juan de Vera, con la sala colmada, reconocimientos para queridos artistas y una visita muy especial, Ofelia Leiva.

“Tuve muchos premios a lo largo de mi carrera artística, me faltaba el Tránsito Cocomarola”, dice Ofelia Leiva, mientras estruja una vez más, el pequeño pañuelo que no logra contener sus lágrimas. Ha llorado desde que se alzó el rojo telón del Teatro Juan de Vera, fue cuando la gente la tuvo cerca, conteniéndola con su aplauso, con su reverencial permiso para hablar y emocionarse y sonreír apenas y vuelta a llevarse las dos manos a la cara, como si en ese gesto estuvieran todas las palabras que no puede decir.

La noche tiene por fin, reconocer la trayectoria de los artistas que han desempolvado caminos difundiendo el chamamé. La fecha del 19 de septiembre, viene prendida al dolor de haber perdido a don Mario del Tránsito Cocomarola y su familia (sus hijos Coquimarola e Isabel, los nietos entre los que se cuenta Gabriel) ha considerado que el mejor tributo a su memoria, fuera con música, con baile y con amigos. Los artistas en el escenario repiten en nombre del Taita y allí nomás arranca el bandoneón de Bruno Mendoza, cantan los Tupá Noy, la emoción que transmite Lacho Sena, Alfredo Almeida que con la guitarra apoyada en el pecho, recita su vocación en una sola frase: “Me siento orgulloso de haber integrado el conjunto de don Mario del Tránsito”. Los Jangaderos, que cuentan los años y se remontan a 1963 cuando comenzaron, pareciera tan lejano ese tiempo, no? Y está Gabriel Cocomarola con un cuarteto que sume a la platea en un silencio inmenso, por donde trepa la música y magnifica el instante, hasta que se suma el “Bocha” Sheridan y más tarde Mario Bofill que invita a su hijo “Chingoli”.

Los presentadores (fueron varios), alternaron los nombres con los premios, agradeciendo la gestión de Aadi y de Sadaic, por el apoyo de siempre. Casi a medianoche, la presencia de Ofelia Leiva coronó un programa delicado y justo en su significación más profunda.

Llegó Ofelia que se había retirado de los escenarios y, respondiendo a la insistente invitación de “Marola” (como llama a Coqui), volvió al Teatro Vera para aferrarse al cariño de un público que la recibió de pie, y al que reveló que ese “nunca”  que su dolorosa enfermedad le hizo prometer, podría revertirse en un “quizás” para tenerla nuevamente entre nosotros.

A modo de confesión, con la sencillez de su alma noble, compartió la intimidad de esta etapa de su vida, cuando se recluyó en una habitación, tan lejos de la música que acalló su voz sin reclamos. “Seguro que mi negro (Rosendo) se encontró con don Mario allá arriba y estoy ante ustedes, sin ensayar, vamos a compartir un par de temitas”.

Como aquella jovencita que Teresa Parodi y Mateo Villalba inmortalizaron en “Bajo el cielo de Mantilla”, así Ofelia volvió a Corrientes, a buscar en esta tierra prometida, el aire del chamamé para recuperar la palabra. Y para cantar, como nos gusta escucharla. “Quizás”, como ella dice, la luna de enero llame a su puerta, con la mano cálida de un pueblo que siempre espera su regreso. Moni Munilla

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