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Aborto: una realidad marcada por el negocio de la clandestinidad

En medio del debate, los cruces y diversas posturas, la práctica es una realidad sin importar las edades ni las clases sociales. En Corrientes las estadísticas demuestran que más allá del decreto que la considera “Pro-vida”, las mujeres acuden a diversos métodos para interrumpir sus embarazos y muchas son atendidas en los hospitales sin ser criminalizadas. 

Por Melisa Vega

(@_melijota

De la Redacción

Atravesada por los prejuicios y la moral religiosa, la lucha por la despenalización del aborto parece ser un tema de nunca acabar. Este año, el Congreso de la Nación recibió por séptima vez el proyecto que reiteradas veces perdió estado parlamentario y posiciona al aborto como un derecho hasta las catorce semanas de gestación. Pero, ¿qué se hace mientras tanto?

En Argentina las mujeres abortan. Lo hacen en clandestinidad, en silencio, solas o acompañadas. 

Desde el 2012, un grupo de mujeres feministas fundaron “Socorristas en Red”, una organización nacional que acompaña a mujeres a abortar con pastillas. Son parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y en  Chaco y Corrientes se llaman “Socorro Rosa”.

Durante el 2017 entre las dos provincias la organización acompañó a 56 mujeres a practicarse una interrupción con Misoprostol, la droga abortiva. Mientras que en lo que va del 2018, ya guiaron a  20. 

De estos números en Corrientes sólo una tuvo complicaciones por lo que debió acudir a una guardia, y en Chaco fueron dos. 

En diálogo con El Litoral, dos integrantes contaron que las mujeres se contactan con ellas por teléfono. La mayoría tiene entre 18 y 30 años. Del total de casos que contuvieron el año pasado, seis mujeres quedaron embarazadas como consecuencia de una violación, pese a que, en nuestro país, en esta excepción, el aborto no es criminalizado.

Las socorristas explicaron que, si bien el protocolo de actuación para la interrupción del embarazo es muy bueno, existen “muchas trabas para que las mujeres puedan acceder a la práctica”, que van desde los insumos necesarios, la objeción de conciencia de los médicos hasta la desinformación sobre el tema.  

A nivel nacional, el año pasado la Red acompañó a 5.000 mujeres a interrumpir su embarazo, de las cuales el 30% tuvo una falla en su método anticonceptivo, el 58 por ciento tiene hijos y el 60, profesa alguna religión. 

En el Hospital Materno Neonatal “Eloísa Torrent de Vidal”, las guardias reciben a mujeres con “un aborto en transcurso” continuamente. 

Teresa De Sagastizabal, jefa del Departamento Médico Asistencial del Hospital Vidal, con 28 años de experiencia, informó que según los números elaborados a partir del Plan Centinela, el año pasado se atendieron 300 abortos incompletos sobre un total de 5.300 nacimientos, es decir, un 5,6%. 

A diferencia de otros tiempos, la práctica ya no es “estigmatizada” y no se denuncia, sino que se atiende a la paciente y se le termina el aborto a través de un “legrado”, que es la práctica quirúrgica. 

En esa institución, en el 2017 se registró sólo una muerte materna y no estaba asociada al embarazo. 

“Nosotras consideramos que la práctica es un evento más en la vida reproductiva de una mujer, y no debería ser una experiencia traumática,  porque en realidad son traumáticas las condiciones sociales en las que las pibas abortan”, dijeron desde Socorro Rosa. 

Para las referentes locales de las Socorristas en Red, la legalización “es un paso importante y salud pública tiene que hacerse cargo porque las pibas abortan y todos los días”. 

Afirmaron que el misoprostol es un método seguro, recomendado por la Organización Mundial de la Salud y es el que comúnmente se utiliza en otros países donde la práctica es legal. Pero también, reconocen que el negocio clandestino con esta droga “es inmenso”, ya que en el país existe sólo un laboratorio que lo comercializa, haciendo que los precios en las farmacias sean muy arbitrarios.

Las mujeres, que pueden realizarse un aborto en clínicas privadas, deben pagar cerca de 10 mil a 15 mil pesos. Otro manejo despojado a la informalidad y a la disposición de los profesionales.  

“Nosotras consideramos que la práctica es un evento más en la vida reproductiva de una mujer, y no debería ser una experiencia traumática, porque en realidad son traumáticas las condiciones sociales en las que las pibas abortan”, dijeron desde Socorro Rosa. 

Desde que la Red inició su trabajo de sistematización, en los últimos cuatro años se ha mantenido un piso de 13% de chicas que han tenido que ir a la guardia en las siguientes 72 horas, lo que demuestra que se trata de un método efectivo y seguro.  

Desde el Hospital Materno Neonatal explicaron que según  los números elaborados a partir del Plan Centinela, el año pasado se atendieron 300 abortos incompletos sobre un total de 5.300 nacimientos, es decir, un 5,6%, que ya no se denuncian.

 

Educación sexual: una deuda de más de diez años 

Desde el 2006 que en la Argentina existe la Ley 26.150 de “Educación Sexual Integral” (ESI), pero su bajada a las currículas sigue siendo una deuda pendiente. En Corrientes, esta falta tiene que ver con una “desactualización” de los diseños curriculares por lo que su aplicación sigue siendo parcial. 

Tanto las Socorristas como la doctora De Sagastizabal concuerdan en que es una base sumamente necesaria que podría ayudar a evitar situaciones de aborto y apuntan al Estado como único responsable de esta carencia. 

“Nosotras entendemos que es fundamental, pero no somos el Estado”, afirmó la organización. 

“La educación sexual tiene que estar en la primaria, porque si no, se llega tarde. Es ese sector el que no ha tomado la posta y donde hay mucho por hacer”, comentó De Sagastizabal, quien a su vez opina que si se legaliza la práctica, “se va a cargar a la salud pública y van a haber más casos”. 

Una necesidad urgente

Las estadísticas y la existencia de organizaciones como las Socorristas demuestran una realidad alarmante, que excede a las posiciones y discusiones acerca de la temática. 

En el aborto, se pueden encontrar todas las violencias juntas, que pueden o no estar atravesadas por la clase y por el deseo de las mujeres a ser madres. La campaña por el aborto legal es completa, y parte desde la educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Desde la lucha feminista, se insiste en que la práctica debe ser un derecho y una decisión individual de la mujer, porque cada una que aborta o se muere en el intento, es una más que el Estado abandonó.

La educación sexual es un pilar fundamental que puede dotar de herramientas a los jóvenes para decidir sobre sus cuerpos, pero aún con una Ley que ya posee 12 años, su aplicación sigue siendo una deuda pendiente. En Corrientes sigue pesando un decreto que reconoce a la “vida desde la concepción”, descartando así todo tipo de discusión sobre un hecho que existe y expulsa a las mujeres a condiciones insalubres, riesgosas y traumáticas.

EL DATO

Número de contacto Socorro Rosa: 3624 - 536461

Página de Facebook: 

Socorro Rosa Chaco CorrientesPágina web:socorristasenred.org

 

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