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La apuesta estratégica del nuevo Presidente

Por Pablo Romá (*)

Publicado en Infobae.com

Cuando se analiza un discurso, uno de los elementos a tener en cuenta refiere al conjunto de ideas y valores que dan sustento a “lo dicho”. En este sentido, la sensibilidad por la situación socioeconómica y la necesidad de un proyecto que expresa la unidad y la superación de las divisiones forman parte de ese conjunto de representaciones.

También es importante tener en cuenta los gestos. La gestualidad del nuevo Presidente fue concordante con un discurso que se estructuró a través de la promesa de generar garantías institucionales para lograr la unidad.

Las frases “cerrar la grieta”, “unidad”, “acuerdo”, “políticas que vayan más allá de la alternancia gubernamental” fueron repetidas a lo largo del discurso buscando consolidar una posición que evitó el “revanchismo” y la “crítica fácil”. En principio porque Alberto Fernández parte de una primera certeza, el diagnóstico de una situación de emergencia en la que deja el país la gestión anterior y la necesidad de avanzar con políticas de urgencia a nivel social.

Acorde con esta certeza, el discurso tuvo un fuerte componente social. La apelación a la igualdad social, de género, de orientación sexual y el respeto a la diversidad estuvo instalada en el centro del mensaje. Como así también la necesidad de enfrentar la desigualdad, la falta de trabajo, el déficit del sistema de salud, entre otros.

En términos económicos, Alberto Fernández sostuvo la necesidad de una negociación realista con el FMI y la advertencia de una situación mundial y regional complicada en la cual políticos de derecha y multitudes descontentas con las políticas neoliberales se disputan la agenda mundial. Pero en este núcleo no se presentaron sorpresas respecto al discurso instalado de una parte de los integrantes de la coalición del Frente de Todos. Ademas, es un discurso instalado en el ADN del presidente, de allí la rememoración de 2003. Sin embargo, lo distintivo pasó por otro lado.

Lo nuevo fue la presencia de una ambición reformadora y modernizadora del Estado que Alberto Fernández expresó con claridad en su discurso. La necesidad de impulsar la obra pública para generar demanda de trabajo pero también la necesidad de transparencia y publicidad de los procesos de licitación se inscriben en este registro.

En esta ambición reformadora y modernizadora también se incluyen iniciativas como la necesidad de modificar el vínculo entre pauta estatal y los medios de comunicación, la reforma de la Justicia federal, la creación de una Escuela de Gobierno y la intervención de la AFI, entre las más importantes.

Alberto Fernández intenta establecer un diálogo con un sector de la sociedad crítico de la opacidad del Estado frente a la ciudadanía, crítico de la opacidad de los mecanismos del Estado en su relación con la “casta”. Así se explican medidas como la eliminación de los fondos reservados. También criticó la relación del Estado con las empresas y con la Justicia, de donde surge la medida de la reforma de la Justicia federal. Son estas opacidades las que están en el centro de los descontentos ciudadanos.

De esta manera, el Presidente da un mensaje que apunta a suturar divisiones y rivalidades pasadas y deja claro que para que este nuevo gobierno se sustente es necesario establecer un diálogo no solo con las demandas de sus propios votantes, sino también con ese universo que dio base a la oposición. Aquí se juega lo nuevo de la apuesta estratégica y discursiva del nuevo Presidente.

(*) Licenciado en Sociología y titular de la consultora Circuitos

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