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Medicina sensible

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Estuve releyendo un discurso de Juan Pablo II en la II Conferencia Internacional sobre “Humanización de la Medicina” (Vaticano, 10-12 de noviembre de 1987). Ante un mundo cada vez más tecnificado, el Papa rescataba el valor de la sensibilidad ante el sufrimiento del paciente:
“La medicina, dado que se acerca al hombre en el momento del sufrimiento, cuando él advierte fuertemente la necesidad de salvaguardar la propia salud, debe hacer de quien la ejerce, en todos los niveles, un experto de gran sensibilidad humana.
Esto vale, obviamente, en el ámbito de la relación individual, donde humanización significa, entre otras cosas, apertura a todo lo que puede predisponer a comprender al hombre, esta interioridad, su mundo, su psicología, su cultura. Humanizar esta relación comporta a la vez un dar y un recibir, es decir, crear es comunión que es total participación. Solamente así el servicio se hace también testimonio, y al ser servicio a la vida, se transforma en incentivo para amarla, para captar el significado más verdadero y profundo en todas sus manifestaciones.
Sin embargo, es verdad también en el plano social: aquí la instancia de la humanización se traduce en el compromiso directo de todos los agentes sanitarios a promover, cada uno en el propio ámbito y según su competencia, condiciones idóneas para la salud, a mejorar estructuras inadecuadas, a eliminar las causas de tantas enfermedades, a favorecer la justa distribución de los recursos sanitarios, a hacer que la política de la salud en el mundo tenga como fin solamente el bien de la persona humana” (n. 5).
En palabras introductoras, el Papa fundamentaba la humanización de la medicina en el hecho de que la vida es un don de Dios. Y agregaba: “Deriva de aquí la nobleza de la medicina que, por definición, es servicio a la vida humana. Como tal, comporta una esencial e irrenunciables referencia al hombre en su integridad espiritual y material, en su dimensión individual y social: la medicina está al servicio del hombre: de todo el hombre, de cada hombre” (n. 2).

¡Hasta mañana!

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Medicina sensible

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Estuve releyendo un discurso de Juan Pablo II en la II Conferencia Internacional sobre “Humanización de la Medicina” (Vaticano, 10-12 de noviembre de 1987). Ante un mundo cada vez más tecnificado, el Papa rescataba el valor de la sensibilidad ante el sufrimiento del paciente:
“La medicina, dado que se acerca al hombre en el momento del sufrimiento, cuando él advierte fuertemente la necesidad de salvaguardar la propia salud, debe hacer de quien la ejerce, en todos los niveles, un experto de gran sensibilidad humana.
Esto vale, obviamente, en el ámbito de la relación individual, donde humanización significa, entre otras cosas, apertura a todo lo que puede predisponer a comprender al hombre, esta interioridad, su mundo, su psicología, su cultura. Humanizar esta relación comporta a la vez un dar y un recibir, es decir, crear es comunión que es total participación. Solamente así el servicio se hace también testimonio, y al ser servicio a la vida, se transforma en incentivo para amarla, para captar el significado más verdadero y profundo en todas sus manifestaciones.
Sin embargo, es verdad también en el plano social: aquí la instancia de la humanización se traduce en el compromiso directo de todos los agentes sanitarios a promover, cada uno en el propio ámbito y según su competencia, condiciones idóneas para la salud, a mejorar estructuras inadecuadas, a eliminar las causas de tantas enfermedades, a favorecer la justa distribución de los recursos sanitarios, a hacer que la política de la salud en el mundo tenga como fin solamente el bien de la persona humana” (n. 5).
En palabras introductoras, el Papa fundamentaba la humanización de la medicina en el hecho de que la vida es un don de Dios. Y agregaba: “Deriva de aquí la nobleza de la medicina que, por definición, es servicio a la vida humana. Como tal, comporta una esencial e irrenunciables referencia al hombre en su integridad espiritual y material, en su dimensión individual y social: la medicina está al servicio del hombre: de todo el hombre, de cada hombre” (n. 2).

¡Hasta mañana!