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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Una forma de dibujar la incertidumbre

Josefina Madariaga nació en Mercedes, Corrientes, donde vivió hasta los diecisiete años. Es artista plástica, con una sólida formación en Buenos Aires, a donde partió, como tantos provincianos, a estudiar. Durante una semana de agosto, a las redes del Centro Cultural Universitario de la Unne se subió una obra suya por día.

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

Las obras de Josefina Madariaga consisten en una serie de dibujos en carbonilla, grafitos y birome. Es parte de la muestra-programa que se titula  “Mitai Litoral”, donde vimos un minucioso trabajo sobre la figura femenina. La obra de Josefina no es una homologación de lo visto o vivido en la infancia sino, tal vez, la creación o la re-creación de un universo personal con una hondura no tan frecuente en nuestro medio, que suele quedarse en la mirada folclórica de lo vivido.

Fernanda Toccalino, directora del Centro Cultural Universitario en Corrientes, sostiene en el texto de presentación de la muestra: “Quisimos dar a conocer de modo virtual parte de su producción, para ir adentrándonos en su poética”. Desde el Servicio Educativo de la Sala del Sol, Claudio y Débora invitan a detenerse en las obras y activan la mirada: “Cuando vemos una obra como esta, podemos imaginarla como escenas de una película a la que le pusimos pausa. El tiempo se detiene y nos preguntamos ¿qué está sucediendo en la imagen? ¿Qué ocurrió antes? ¿Qué va a pasar después? ¿Qué sonidos se escucharían? O solo silencio…”.

En su obra no hay un cartel que diga “Bienvenidos a Corrientes”: Josefina, por suerte, se libera de esta obviedad porque la unen a la mitai que fue, los hilos invisibles de la memoria tamizados por su gran sensibilidad.

El título de la muestra sirve, a la vez, para pensar esa relación con el espacio neutro, esa idea saeriana que sostiene que el paisaje es indiferente, que nos recibe y nos expele de una manera ciega. Por lo tanto no hace falta subrayar nada relacionado con la Corrientes de su infancia, porque aparece hoy de manera reminiscente como algo vivo, no concluido y que no cesa.

Su obra nos presenta un mundo de una infancia pasada, pero no perdida, que nos abre una zona de interrogación, porque en sus dibujos no todo está dicho.

Escribo esta entrevista el 9 de septiembre, día del nacimiento de nuestro poeta mayor: Francisco Madariaga. Busco su obra completa, abro y leo:

Siempre seguirá cantando 

    [en nuestra suerte

la aparición de alguien,

la fragancia de algo:

de alguna frescura y el sonido de

unos árboles,

del agua de alguna 

    [estrella encerrada

en algún corazón.

Eso nos dice la obra de Josefina.

—¿Por qué te fuiste de Corrientes?

—Porque quería estudiar la carrera de Arte y porque es la vida de todo chico del interior que se tiene que ir si se quiere dedicar a otra cosa que no sea algo relacionado con el campo o con alguna otra actividad que no hay en ciudades pequeñas, como las carreras de arte, porque está todo más centralizado en Buenos Aires. Puede ser en Corrientes, Córdoba, Santa Fe, pero yo elegí Buenos Aires. Siempre pasa eso en el interior.

—Lo primero que notamos es que hay una presencia de la figura humana y sobre todo de la mujer. ¿Cómo surge esto en tu obra: como una cuestión formal o es una cuestión que nace de una idea?

—Siempre hago figura humana, siempre hago figuración y lo más presente siempre es la figura femenina, es cierto. Siempre está la gente, si no es gente cercana, son amistades representadas y la mayoría son niñas o adultas, pero siempre mujeres. Tiene que ver con una cuestión de que lo siento, me guío mucho por las emociones. Lo siento y aparte porque mi biología tiene que ver un poco con esto de encontrar el sentir femenino y la visión del mundo según el de las mujeres, y también una visión mía. Por más que yo quiera escaparme, termino hablando quizás de mí, intento salirme pero termino haciendo esto.

—Me hace acordar a Lucien Freud, que decía que solo retrataba personas conocidas, no pintaba personas que no conocía. ¿Esa cercanía incluía que posen para vos? ¿Tomás nota? ¿Cómo lo haces?

—Sí, siempre saco fotografías a gente conocida, a veces lo hago con la imaginación, no es nadie particular, pero igual termina siendo una mujer y tal vez con rasgos de alguien que ya conozco, que lo tengo visto, qué sé yo… mi hermana, por ejemplo, que siempre la representé desde la infancia; entonces como que ya la tengo más conocida.

Sacó muchas fotos a gente, a chicas que conozco. Las últimas obras son de alumnas -porque doy un taller y clases- y generalmente saco fotos a las chicas que vienen al taller y sino saco fotos de amigas mías que llegan a posar, o de fotos que encuentro en internet sueltas. Siempre tiene algún rasgo que me interesa por algo, alguna característica que a mí me atrapa por algo. 

—¿Estos retratos llegan al autorretrato?

—Y... supongo que sí, supongo que termino siendo yo siempre. La verdad es que eso no lo tengo seguro, no lo tengo claro, pero se escapa lo que yo pueda saber de eso. Pero es muy probable que siempre termine hablando de mí, más allá de que haga a otra persona. Una no puede salirse de lo que es una.

—Hay algo que me llamó la atención en una serie que tiene una presentación de Eduardo Stupía; se trata de personas de espalda, y pensaba cómo llegás a esa idea, a la realización de esa idea?

—Era una muestra en un Banco en 2017 que estuvo acompañado de ese texto de Eduardo Stupía. La propuesta para esa exposición eran todas mujeres de espalda, pero porque también surgieron las imágenes de mujeres que las vi como una cuestión más repetitiva de hacer una mujer por día.

Yo venía representando una mujer de espalda por día, sin rostro, que no se puede identificar bien quién es y que tampoco nadie lo sepa; que a la vez sean muchas, anónimas. Era una cuestión que me estaba atravesando en ese momento, en lo que significaba esta lucha femenina y que fue modificándose. Si bien antes estaban de espalda, ahora están de frente, o ahora están de otra manera, pero en ese momento era una cuestión más anónima, de hablar de esa cuestión de silencio hacia las mujeres, de una especie de repetición y de decirlo de una manera masiva, que son muchas, diversas, y también hablar del cuerpo, que es diferente entre una y otra. Como una especie de lucha quizás…

Había una serie que eran todas mujeres de espalda y estaban puestas en una pared. Tenía esa idea de lo masivo y que tampoco están personalizadas ni identificadas como alguien en particular, sin nombre. Esa muestra luego viajó al consulado argentino en Barcelona. Una experiencia enriquecedora.

—Me impresionó de esa muestra que la reiteración de la figura de mujer de espaldas mostraba sus diferencias y no su repetición. Esto es lo más impresionante. Creo que esta es la clave de la muestra ¿no?

—Sí, puede ser esta cuestión de ser no iguales, ningún cuerpo igual al otro, no hay una única manera de ser y sobre todo ante el cuerpo de la mujer, esta visión que hay de que hay que estar siendo encasilladas de alguna manera o modos de belleza y de estereotipos; esa no era la idea. Hay diversidad en el ser. En ese momento necesitaba poder compartir esta visión de diversidad en el cuerpo de las mujeres y no una visión parcial y hegemónica que intenta encasillar al cuerpo, más la cuestión del  anonimato.

—¿Surge en un momento de introspección cuando lo hacés?

—Sí, más que introspección creo que cuando trabajo con tiempo es así de introspectivo, todo el tiempo de explorar es todo el tiempo. Ahora, cuando es para una muestra planeada, más focalizado como una propuesta, me encuentro trabajando todo el tiempo, explorando, pero si tengo que hacer una presentación, decido toda una serie; es decir, de acá a acá va a ir esto y continúo y desarrollo la idea; entonces ya no lo veo tan exploratorio a eso, sí desarrollar esa idea quizás como firme, manteniendo una coherencia que va a ser presentada. Y ahí creo que es más introspectivo cuando estoy sola explorando otras cosas, de otro modo.

—¿Tu obra en general siempre está centrada en el cuerpo?

—Creo que sí, y sobre todo en el cuerpo de la mujer, y por más que quiera salir de eso, no puedo. Es un ida y vuelta, un poco esto de habitar un espacio pero siempre desde el cuerpo, uno habita desde lo corporal. Pero en esa serie es así porque después hay otras que desarrollan otro modo de ver el cuerpo, porque siempre termina siendo la figuración, o esa figura habitando un espacio.

El cuerpo de la mujer adulta como de la niña, ver qué pasa ahí, qué se puede decir, qué no se dice, qué se le está permitido. El cuerpo como un envase para ser pensado y que nos hace pensar constantemente.

—¿Hay también un espacio externo, un paisaje, un lugar?

—A veces sí, a veces no. En esa serie que me decís, siempre son espacios muy vacíos, era un poco la idea esta cuestión, más un figurín repetido, un espacio como parte de la figura pero sin espacio, sin contexto, solo la silueta y el cuerpo despojado, algo más conceptual.

En cambio, hay otra serie como esa que presenté en la Unne, es otro el contexto de la mujer. La mujer en un espacio y una naturaleza y un contexto de paisaje diferente, ya hay un diálogo con la naturaleza asombrosa, terrorífica, nostálgica, mágica.

—Tal vez porque “uno no puede escapar del hechizo natal”, ¿no?

—Puede ser, sí. A veces lo pienso mucho, creo que uno (al menos a mí me pasa), es como ir caminando y por más de que quieran modificar algo en tu mirada, trae lo anterior y vas cambiando un poco, pero sí, obvio que aprendiste como aprendés en la infancia a ver en tu contexto, y la verdad es que no es con cualquier contexto y eso también lo pienso mucho. El contexto de la provincia de Corrientes para mí es muy fuerte, es mucho más fuerte que otro lugar; siento que está muy fuerte y no puedo salir; y por momentos sí y por momentos está presente. Encima, Corrientes es muy mágica en toda su manera de ser, es muy fuerte lo costumbrista. Creo que ese espacio me enseñó y formó cargándome de significado, dándome cosas para decir, preguntarme, pensarlas y cuestionarlas, acerca de por qué somos lo que somos, ¿hay una identidad? ¿cuál es? Y si es así, dejar de querer extranjerizarla.

—En tu obra puede verse claramente el dibujo. ¿Surge primero el dibujo o la pintura?

—Es indiferente, por momentos sí y por momentos no. Comencé dibujando, comienzo siempre dibujando, pero a veces comienzo pintando, no hay un modo. Trabajo un poco de todo, pero sí hay un planteo más desde el dibujo. Hay maneras de ver algo y por ello lo planteo desde una resolución más del dibujo, no con una pintura de figura.

—Leí que te influyó fuertemente el cine. ¿Podés contarnos por qué?

—Sí, siempre estuvo presente, como la literatura, la música, el teatro, sus escenografías, el teatro de títeres, la fotografía; pero el cine me gusta mucho y he visto mucho cine en una determinada etapa, más adolescente. Era más fuerte y creo que esa etapa adolescente tiene que ver con la infancia. En mi adolescencia miraba mucho cine, sobre todo el cine de Tarkovsky, algo que me marcó, creo que tiene mucho de este paisaje que me interesa, sus atmósferas, un paisaje muy nostálgico que me sirvió quizás para hacer este tipo de representaciones, y quizás encontraba en ese cine una mirada parecida a mi mirada del litoral, ya que por momentos mi visión es un poco dramática de esa región, siento que ocurrieron guerras que afectaron a su población, a su sociedad, como también represiones sociales, como ocurre con el idioma y esta especie de negación de lo que es habitar esa región por una imposición de afuera, que es tan fuerte en Corrientes que no se puede tapar.

En una etapa me interesó mucho el cine, ahora no sé si tanto, pero para los trabajos que tienen que ver con el Litoral, el cine me sirve mucho, el paisaje; de la fotografía de Tarkovsky tomé mucho.

—Tu obra me generó un espacio de interrogación, como lo pone Fernanda Toccalino en el texto que escribió. Estar frente a tu obra es habilitar mil preguntas que surgen en esos ambientes de placidez y de quietud.

—Sí, por momentos es intencional: la idea de generar un interrogante y la cuestión de duda y de no entender si hay una inquietud, y también una cosa fuera de lugar. Eso sí, es intencional, pero porque no me interesa una imagen donde esté todo dicho, si bien hay algunas que son más literales que otras, son muy narrativas dentro de lo que describen. Algunas veces me interesa un poco eso de jugar con intención de qué está pasando… de qué está pasando ahí, seres perdidos que siguen buscando, quizás buscando la tierra sin mal…

—Hay algo muy propio de nuestro paisaje en tu obra. Es eso que nos pasa cuando no sabemos bien si está al borde del río o de la laguna, si se mueve o no algo en el paisaje. Hay algo que parece detenido y a la vez se mueve.

—Es un poco así, creo que eso también me dio el cine que veía, la cuestión del paso del tiempo, el tiempo, y es algo sobre lo que me pregunto mucho; los lugares, al menos Corrientes para mí significa un poco eso y también estar frente a la naturaleza, pasa esto que decís del río y también en el río te puede pasar cualquier cosa; en el río o en el monte de repente no identificás eso que se está moviendo, entrás en pánico hasta que lográs identificar algo o no lo identificás nunca. Y luego está esa dualidad tenebrosa que aparece en el folclore del lugar.

Lo inesperado, mientras estás frente a la nada, y la sensación de que en cualquier momento cobran vida esas historias sobrenaturales.

—Hay cierta latencia, algo va a suceder...

—Algo va a suceder, siempre estás con un ojo abierto, si te dormís porque sabés que algo está por pasar, no podés estar tranquilo, menos en el medio del campo, tenés que estar mirando a ver qué te está por pasar. Eso es lo que lo hace atrapante al paisaje, y a mí me encanta, me gusta ir en busca de esas aventuras, buscar eso, esa cosa de lo desconocido, de que no sabés qué está por pasar.

—¿Reconocés a alguien como tu maestro o como tus maestros? ¿Quiénes son?

—Reconozco a muchos referentes y también estudié con muchos maestros. Siempre estoy buscando y siempre miro. Técnicamente puedo decir que estudié con Alejandro Boim, que tiene algo que me generó mucho cambio de lo que venía pensando y también me ayudó muchísimo, y la cuestión de aprendizaje desde un lugar muy cálido, como son las clases con él.

Creo que puedo decir que me identifico con Alejandro y también con Eduardo Stupía, que si bien es totalmente opuesto a lo que yo hago, también fui en busca de alguien que sea eso justamente, que muestre otra mirada; todo el tiempo voy en busca de eso. Con Eduardo me pasó que tiene la cabeza muy amplia, que desde lo opuesto me ayudó muchísimo. Puede haber diferentes tipos de creación, por su recorrido, y es lo que también me generó la cuestión de que todo es posible a partir de lo que quiera uno. Cómo uno puede hacer las cosas posibles.

Recuerdo haber ido a varios talleres de Fernando O’Connor, lo recuerdo a Juan Doffo y a personas las que tengo mucho aprecio y cariño.

Pero también cuando hablo de referentes termino hablando de referentes más técnicos o del arte plástico, y creo que para hacer tengo montón de maestros que vienen desde otro lugar, desde otras disciplinas y desde, también, lo que considero la educación no formal, lo que no es la institución… más viniendo del interior y más en la formación de un “artista”, palabra que a veces dudo de lo que significa. Cada vez más pienso que el conocimiento se nutre de todo este andar que tiene que ver con otras experiencias y con buscar por otros lugares, como toda esta imaginería y lo guaranítico.

Es el pensar y pensarse en nuestra región que propone Rodolfo Kush y que también involucra al concepto de arte, como todos los cambios en el movimiento feminista, que también replantea la idea de maestro y artistas genios.

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