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Vejez activa

Por José Ceschi

¡Buen día! Como soy un hombre naturalmente activo, cuando llegue a la vejez -para lo que no me falta mucho- espero que Dios me siga dando la gracia de poder trabajar con entusiasmo. A otro ritmo, pero con entusiasmo. A propósito, hay algo de Araoz Alfaro que hoy quisiera compartir con los lectores:

“Claro está que, llegando a la vejez, debemos abandonar ciertas posiciones y ciertos trabajos. Pero buscaremos otras tareas. Siempre habrá algunas que podamos desempeñar, en beneficio de todos y en beneficio nuestro. Inmovilizarse lentamente. Trabajar, buscar nuevos ideales, aspirar a seguir sirviendo en algo, en cualquier cosa, en lo que se pueda, es impedir la decadencia y el hastío, es prolongar la vida.

Para los que se vayan acostumbrando a los cincuenta años, les doy esta receta, en parte personal: ‘No querer envejecer, no dejar envejecer el espíritu’. En efecto, envejecer realmente es aceptar que todo ha concluido, que la partida está jugada, que la escena pertenece enteramente a los demás. La ancianidad temible, la verdadera ‘senectud’ lamentable no es la de los años que se acumulan. Es sobre todo la del envejecimiento del alma.

Si la naturaleza nos condena a una vejez enfermiza y achacosa, mantengámonos firmes. El espíritu es más poderoso que la materia. Siempre podemos mejorar nuestra vida espiritual, hacerla más elevada, más noble, fortalecer nuestra alma, templándola para luchar contra el sufrimiento. Para las almas fuertes, los dolores y las miserias son accidentes pasajeros.

Si por achaques físicos no nos fuera posible alegrar y prolongar la vida por el trabajo, podemos aún tener grandes satisfacciones espirituales: amar a los nuestros, a nuestro prójimo, a nuestra patria; amar a la ciencia, la belleza, el arte, la literatura, la música, y si ello no cuadra a nuestras aptitudes o nuestros gustos, amar, por lo menos, el buen sol que calienta, las verdes campiñas y los dorados trigales, la alta montaña, el mar que ruge, las noches de luna, la serenidad de los retiros campestres”.

¡Hasta mañana!

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