El boxeador goyano Matías “Monzón” Lovera perdió por puntos, en fallo unánime, en la segunda defensa de su título argentino supermediano. Su vencedor fue el santafesino Víctor “el Estilista” Exner (76,200 kg. y 7-8-1, 2 KO). El combate se desarrolló en el estadio de la Federación Argentina de Box (FAB) en la ciudad de Buenos Aires, el viernes por la noche.
Se impuso tras diez asaltos, y así se tomó revancha de lo ocurrido el 11 de mayo de 2018 cuando el campeón se impuso por nocaut técnico en el tercer round en Buenos Aires.
En una pelea emotiva, Exner cayó al suelo en el round inicial y parecía que se terminaba. Sin embargo, se repuso y terminó sometiendo a Lovera, quien incluso recibió una cuenta de pie en el quinto.
Tras ello, todo fue de Exner, que lo castigó a placer, y cerca estuvo de noquearlo. Las tarjetas de los jueces fueron: Héctor Miguel 97½-91, Carlos Azzinnaro 98-91, y Marcos Barbero 96-92, todas para Exner.
En una pelea emotiva, ganó quien mejor hizo las cosas. Sufrió en el inicio, pero ganó con mucha holgura.
Es que, en el inicio, todo fue del campeón. Lo fue a buscar y con un potente gancho a las costillas, lo envió pesadamente al suelo. Tras ello, Exner se puso de pie. Sin embargo, Monzón acortó las distancias y conectó resonantes cruzados al rostro, que lo hicieron trastabillar. Todo parecía de Lovera.
En el segundo round, el campeón comenzó manejando las acciones, pero fue perdiendo el dominio. Con valentía, Exner fue reaccionando. En la corta distancia, combinó sus cross y uppercuts al mentón de un campeón que mermaba su accionar. Y el declive se acentuaría después.
A partir del tercero, “el Estilista” tomó la iniciativa. Lo puso numerosas veces sobre las cuerdas, donde impactaba a placer. Sus ascendentes y cruzados llegaban con mucha claridad sobre Lovera, que no reaccionaba. Con confianza, en los capítulos siguientes Exner perpetuó su control. Tan es así que en el quinto round, luego de someterlo contra las sogas con sus cross y uppercuts al rostro, llegó la cuenta de pie por parte de Zaragoza.
La pelea había cambiado íntegramente. Desde allí, todo sería de Exner.
Más allá de estériles atisbos de reacción por parte del correntino, el santafesino era el dueño del ring. Continuamente, martirizaba el rostro del campeón.
Lovera no reaccionaba. Parecía agotado. Así fue que Exner trabajaba con suma comodidad. Más de una vez lo tuvo sentido. Por eso, con la campana definitiva, el resultado estaba cantado.