¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

¿Menores costos laborales alcanzan para alentar a invertir?

Por El Litoral

Domingo, 26 de diciembre de 2021 a las 01:03

Por Nuria Susmel*
Especial para El Litoral

Los salarios, tanto en términos reales como en dólares, han venido cayendo desde hace varios años. Esto ha mejorado la competitividad de las empresas. Esta situación, sin embargo, no parece ser suficiente para alentar la inversión e iniciar un camino de recuperación.
La inflación y la devaluación han llevado a que el poder de compra del salario en los últimos años haya ido cayendo en forma casi permanente. En el promedio de este año, el salario, medido por la remuneración promedio de aporte Ripte, cayó un 3,6% respecto al promedio del 2020, bajó 4,7% en relación con 2019 y perdió 13,1% en comparación a 2018.
El Índice de Variación Salarial (IVS), que incluye además del salario formal, el salario del sector público y el salario informal, registra un comportamiento similar; el IVS para el sector formal muestra algo menos de caída que el Ripte, mientras que el salario informal y el del sector público registran una caída muy superior. El deterioro del salario medido en dólares libres, dólar blue, es mucho mayor: 8% respecto a 2020, 43% con relación a 2019 y 57% contra el del 2018. En dólares oficiales, -25% en los últimos tres años.
¿Cómo impacta esta evolución salarial sobre la competitividad de las empresas? La evolución de la competitividad en relación a la mano de obra suele medirse en términos del costo laboral real, que compara el costo de una unidad de mano de obra, es decir salario más otros costos asociados, principalmente cargas sociales, con el ingreso que genera una unidad del bien que la mano de obra produce, suponiendo que la productividad del factor trabajo permanece constante. Compara gasto (mano de obra) con ingresos (precio). Una medición para el sector formal utiliza como salario, el promedio del sector formal, y como precio, el índice de precios mayoristas.
El costo laboral real creció fuerte entre 2004 y 2013/15, acompañando la recuperación económica post crisis de 2001. A partir de allí comienza el estancamiento de la economía de la mano de la aceleración de la inflación, lo que determina que el costo laboral tome un sendero descendente y, tras la pandemia, se ubica en el nivel más bajo desde 2008 y aún por debajo de la etapa de la convertibilidad. Sin embargo, una medida más adecuada de la competitividad debe tener en cuenta la productividad de la mano de obra. A mayor productividad, e igual costo mensual, el costo por unidad de producto (costo laboral unitario) se reduce, impactando positivamente sobre la competitividad.
El costo laboral unitario tiene una evolución similar al costo laboral mensual, cayendo en los últimos años, pero menos que el costo mensual. Si se mide en términos de dólar se obtiene un proxy de la competitividad de la economía en comparación con el resto del mundo.
Cuanto menor es el costo laboral en dólares, los productos del país se encuentran en mejor posición para competir y, además, mayor el atractivo para las inversiones, en especial para las actividades mano de obra intensivas.
En este sentido, el costo laboral medido en dólares oficiales, ya que son los relevantes para el comercio exterior, también marca una reducción importante en los últimos años. Los niveles 2020/2021 son los más bajos desde el año 2010 y similares en dólares corrientes a los que regían en los años 90.
De todos modos, la comparación de más largo plazo requiere utilizar dólares constantes porque, a pesar de la baja inflación en Estados Unidos, a lo largo de los años el poder de compra de un dólar se ha reducido. En dólares constantes, el costo laboral es el menor desde el año 2008, pero un 40% más bajo que en la era de la convertibilidad, etapa con un tipo de cambio poco competitivo a la hora de exportar.

Otros costos
Si bien la evolución de los costos laborales hace más competitiva la economía, existen otros costos relacionados con el mercado de trabajo que desalientan fuertemente las inversiones. La doble indemnización que rige antes de la pandemia y la prohibición de despido instaurada a comienzos de la crisis del covid-19 y que, a pesar de los indicios de recuperación económica aún no se ha levantado, son elementos que traban la inversión.
Si a esto se le suman regulaciones que no contemplan los cambios en las formas de trabajo, pero principalmente la inestabilidad macroeconómica y el vicio de revertir políticas que han mostrado los últimos gobiernos, la caída en los costos laborales parece no alcanzar para incentivar una recuperación de más largo aliento.

*De la Revista Indicadores de Coyuntura. Fundación Fiel.

Últimas noticias

PUBLICIDAD