Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial
Estos son las clases de crisis que podemos atravesar:
Estructurales: por conflictos internos.
Evolutivas: normales y universales (ponerse de novio, casarse, tener un hijo).
Accidentales: hechos inesperados que ocurren en cualquier momento.
De cuidado: situaciones donde hay un enfermo o un mayor que debe ser cuidado todo el tiempo.
Con respecto al último punto, es importante que, cuando somos cuidadores, aprendamos a cuidarnos. Con frecuencia el desgaste, tanto físico como mental, por cuidar a un familiar enfermo o anciano, nos puede conducir a descuidarnos y experimentar una crisis personal.
A continuación, cuatro ideas prácticas para el cuidado del cuidador:
a. Cercar
Así como se cerca el perímetro de la zona de un accidente, para que nadie más resulte herido, necesitamos también fijar un área de cuidado de nosotros mismos cuando cuidamos a alguien. Esto implica tener espacios de placer que se denominan “válvulas de escape saludables”. Las crisis tienden a robarnos dichos espacios (salidas, amigos, hobbies, etc.) debido a la falta de tiempo y al cansancio. Pero esto es fundamental para recargar fuerzas y no decaer de ánimo.
b. Contar con amistades
“pararrayos”
Todos necesitamos expresar lo que nos sucede y las emociones que esto nos produce. Las “amistades pararrayos” son esas personas que están dispuestas a escucharnos sin juzgar ni aconsejar. Es decir, que nos acompañan, pero no terminan cargados con nuestra situación. Es como si lo descargasen a tierra y nos ayudasen a sentirnos entendidos y valorados.
c. Armar una red
En una familia donde se debe cuidar a uno de sus miembros, suele suceder que inconscientemente se asignan roles. Así, tenemos al cuidador, al héroe, al débil, al fuerte, etc. Por esa razón, es preciso, para la salud del cuidador, contar con una “red afectiva” donde todos se ocupen de alguna tarea, aunque no participen activamente del cuidado. De esta manera, los que están más distantes también pueden colaborar y quitarle carga a quien se ocupa del enfermo la mayor parte del día.
d. Darse permiso
Cuando nos ocupamos de otros, en ocasiones, no nos permitimos divertirnos y pasarla bien. En el fondo, esto se debe a un sentimiento no reconocido de culpa, que nos conduce a pensar: “¿Cómo voy a disfrutar cuando él o ella la pasa tan mal?”. Esta actitud solo genera desgaste emocional, pues nos conecta con la necesidad de castigo. Debemos darnos permiso para ser felices, aun en medio de la adversidad, lo cual resulta muy terapéutico.
Cuidarnos cuando cuidamos, y cuando no lo hacemos también, no es egoísmo como algunos creen, sino más bien un acto de amor hacia nosotros mismos y hacia los demás.