Martes 26de Octubre de 2021CORRIENTES30°Pronóstico Extendido

Dolar Compra:$98,75

Dolar Venta:$104,7

Martes 26de Octubre de 2021CORRIENTES30°Pronóstico Extendido

Dolar Compra:$98,75

Dolar Venta:$104,7

/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Glauce Baldovin o “un tren que vuela enloquecido en busca del sol”

Por Rodrigo Galarza

Especial para El Litoral

En enero de 1945 tropas del ejército soviético liberaron el campo de concentración de Auschwitz (Polonia), y el mundo descubrió horrorizado lo que significaba realmente la llamada “solución final” al “problema judío” del Tercer Reich. Ante tales imágenes infernales, el filósofo alemán Theodor Adorno, uno de los máximos representantes de la Escuela de Fráncfort, se preguntó si era posible escribir poesía después de Auschwitz. Sin duda esta pregunta que, en primera instancia parecía banal, sugería un replanteo sobre la función (si la tuviera…) del arte como soporte de la historia y no como acto decorativo.

Tras el horror el mundo siguió girando con sus mismas imperfecciones y los poetas y escritores se aferraron más que nunca a “comunicar” lo incomunicable rubricando una vez más que el arte, en suma, se alimenta y sustenta de la imposibilidad del lenguaje.

Siguiendo la estela de Adorno el poeta mexicano José Emilio Pacheco señala en un poema: “quizá no es tiempo ahora./ Nuestra época/ nos dejó hablando solos”. Bien valen estos versos llenos de verdad punzante para encontrarnos con nuestra asaltante de hoy, a quien la poesía le  ayudó a soportar trances muy duros de su vida según su propio testimonio. 

Baste decir que un “grupo de tareas”, corrijo: “perros de la noche” de la última dictadura de nuestro país le quitó a su hijo para siempre y partir de ahí Glauce Baldovin fue la madre de un secuestrado y no “desaparecido” (eufemismo que ella nunca aceptó). 

Su poesía se llenó de desgarro, pero también de búsqueda de salvación, de transitar los espacios íntimos del duelo abierto: “Murmuran zumban bromean hablan/ hablan y cantan cantan y hablan./ Voz que estremece nuestra piel esparce fragancias enciende fogatas./ ¡Haroldo Sebastián Oscar Ángeles Pablo Susana!/ Sigan ululando sigan rugiendo/ sigan con el murmullo del estruendo./ La voz de la sangre./ ¡La voz que estremece la tierra!”. Y más poesía, y más escritura corporal en hojas sueltas que regaba a sus amigos y diálogo demencial con las voces de sus poetas más queridos: “Palabras de poetas tan amados vinieron en mi ayuda/ inyectaron en mi voz nueva savia/ desataron nudos/ abrieron caminos para que yo cantara”. 

El tránsito hacia arriba y hacia abajo cuando el ras no determina horizontes: Qué palabra, ¿qué expresión para significar terror, tortura, agonía?/ Aquello que triza enloquece y finalmente mata/ ¿en qué brebajes/ en qué diccionario podré hallarlo?// Trato de expresar tu muerte./ Este hueco en que me ha convertido tu muerte:/ mitad escorpión, mitad mujer como nuez endurecida./ Pero son un puñado de polvo mis palabras”.

En ese tránsito de absoluto desierto no solo alimentado por el secuestro de su hijo sino también por la pérdida de un segundo hijo, más la creciente adicción al alcohol, la poeta cordobesa se entrega a la esperanza colectiva: su sujeto de dolor abierto hacia el otro, hacia la luz que puede guiar un pueblo: “Creo en la esperanza de los pueblos./ En la gran naranja jugosa del mañana,/ mas no en la esperanza individual/ cruel/ prostituida/ emponzoñada/ sabedora de todos los disfraces:/ tórtola mensajera del amor/ gallo de veleta que gira según las brisas arbotantes.

A veinticinco años se muerte nos llega viva, ferozmente su voz; nos invita a celebrar su palabra como un testimonio valiente que la transciende tal como ella lo sintió: “Mi destino no está escrito en las líneas de la mano,/ está en el Universo./ Lo rigen el tiempo y el espacio:/ la gigantesca espiral de la Historia:/ ese milagro”.

¡Salud, poesía y libaciones!

Muestrario mínimo

La mano

La miro. Es mi mano.

Distinta a la imagen que 

    [culturalmente poseo:

larga, dedos puntiagudos

y en las articulaciones 

    [exactitud matemática

de acuerdo al ritmo de Mahler, 

    [Yupanqui, Xenakis.

Mi mano cuadrada. Plana.

No están en ella ni el monte de 

    [Júpiter ni el de Venus 

    [ni el de la Luna.

Sí el mapa de siete generaciones         [que me preceden:

guerreros, labradores, albañiles,     truhanes, hilanderas, modistas

apretando el terrón el puñal 

    [la sangre

el pañuelo empapado de sudor

la humilde violeta

el dedal el huso la baraja.

Mírala, bruja de todo alquimería,

quiromántica.

Mi destino no está escrito en las 

    [líneas de la mano,

está en el Universo.

Lo rigen el tiempo y el espacio:

la gigantesca espiral de la Historia:

ese milagro.

 

Al morir

Con certeza mi hermana gemela         [me dejó su vida

prendida al ombligo

para que yo viviera por ella y por mí.

Este yugo que me unce

el peso de milenarias piedras 

    [sobre los hombros

y su voz que es sólo un rumor

desvela a la paloma a la pantera

a la locura que se viste de rojo y         [violeta

se restriega las manos mientras         [patina haciendo 

    [ochos sobre el piso

las paredes

el techo de la casa.

 

Yo miro aturdida

confundiendo mi cama con un 

tren que vuela enloquecido 

    [en busca del sol.

La poesía sale de su oscuro rincón

me enfrenta

me mira desde sus ojos 

    [sin párpados

y me exige testimonio 

    [sobre el hambre

la persecución

el crimen.

Me conmina.

Me sentencia.

Y antes de esfumarse otra vez

deja en mis manos un afilado puñal de punta perfecta.

 

XII

Su secuestro

la ignominia fría oscura criminal

fue el último despojo al que 

    [me sometieron.

Y quedó mi estructura horadada

transformada en otras estructuras

pantera víbora halcón

despellejada

descorazonada.

Seguí viva rugiendo

girando en espirales hacia el 

    [centro de la tierra

el fuego.

Expeliéndose como lanza mortal         [hacia los cielos.

 

IX

El silencio es la violencia.

Pero más violencia es mezclar 

    [las palabras

confundirlas

trastocarlas

para que el silencio 

    [se vuelva error

y creamos que la paloma se 

    [transformará en dragón

y que aquel que se alimentó con 

    [nuestra sangre 

    [es el cordero.

 

La esperanza

Creo en la esperanza 

    [de los pueblos.

En la gran naranja jugosa 

    [del mañana,

mas no en la esperanza individual

cruel prostituida emponzoñada

sabedora de todos los disfraces:     tórtola mensajera del amor

gallo de veleta que gira según 

    [las brisas arbotantes

un no me olvides brotando 

    [en la nuca una mano 

    [en espigas y mares

La esperanza es tan solo una 

    [araña sabia en las más         [oscuras cárcavas

mejor fortificadas

y en el veneno elaborado 

controlada con tal maestría

que sin matar perpetra 

    [la gran agonía:

inventa el milagro de la muerte 

    [y la resurrección 

    [cada vez con más dolor

con menos fuerzas

en un delirio que avanza en línea     recta y se transforma en espiral

sin dirección.

Enloquecida.

¿Te gustó la nota?

Ocurrió un error