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La vanidad de los cargos

Por Felipe Frydman (*)

Publicado en Infobae

Desde el fin de la Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI), hacia mediados de los 70, la Argentina carece de una estrategia para la gestión del desarrollo.

No hace mucho tiempo atrás el presidente Alberto Fernández aconsejaba en el Grupo de Puebla la unidad de las fuerzas progresistas para enfrentar los desafíos de las derechas conservadoras. El tenor de estas declaraciones se repitió en sus reuniones con referentes políticos afines. En Chile, bajo la anuencia del embajador Rafael Bielsa y Marco Enrique Ominami instó a las izquierdas a que zanjen sus diferencias para recuperar el poder.

El presidente Fernández ponía como ejemplo la conformación del Frente de Todos, que logró convocar a todos los fracciones del peronismo bajo la égida del sector mayoritario conducido por la Vicepresidenta Cristina Kirchner, quien también se encargó de confeccionar la fórmula ganadora sin recurrir al método democrático de elecciones primarias.

Después de una semana de zozobra, en la que todo el país estuvo en vilo por el cuestionamiento de la Vicepresidenta al trabajo del Gobierno y la demanda perentoria de un cambio de Gabinete, sería interesante conocer si el presidente Fernández sostendría la misma opinión sobre la unidad perentoria de las izquierdas siguiendo el ejemplo argentino. La carta de la Vicepresidenta fue explícita sobre las discrepancias tanto en el programa de Gobierno como de los hombres con capacidad para ejecutarlo.

Los trascendidos del tono de las reuniones y la publicación de las misivas no dejaron dudas sobre la profundidad de la crisis después del resultado de las elecciones primarias del domingo 12 de septiembre. La pérdida de la mayoría fue el detonador del enojo que hasta ese momento transcurría por canales subterráneos tratando de encontrar enmiendas sin afectar la gobernabilidad. El destape conmovió no solo a la estructura política, sino también a todo el país que se sintió preso de un conflicto que tendrá consecuencias para los ciudadanos.

La unidad para enfrentar a un tercero tiene diferentes matices donde las izquierdas podrían dar cátedra. El FdT se conformó sobre la base de “individuos” y distribuyendo “cargos”, suponiendo que podría lograrse un equilibrio entre las distintas fracciones. Pero los equilibrios son siempre inestables cuando las partes están unidas por razones circunstanciales. El FdT tiene una fracción mayoritaria que tracciona a un resto que difícilmente pueda tener un juego independiente por fuera de ese frente y no tiene otras alternativas que bajar la cabeza.

La crisis institucional demostró que la unidad hubiera requerido la elaboración de un programa de consenso para ejecutar en el Gobierno. La falta de coincidencias en el campo económico, pero también en la política internacional, son más graves que los disgustos sobre los funcionarios que no funcionan. La danza de nombres ocultó que tampoco se comparte una misma visión sobre los problemas, a pesar de que la carta de la Vicepresidenta exhibe con precisión sus discrepancias con el rumbo.

La izquierda siempre utiliza el eufemismo de la unidad programática para conformar alianzas. Las dificultades para coincidir en programas explica la dispersión de sellos, a pesar de estar tan lejos del poder. 

Pero sus dirigentes prefieren la pureza ideológica a la especulación sobre las bancas. Quizás no sea necesario llegar al extremo de la pureza con políticos acostumbrados a adaptar sus opiniones, pero definir un programa de consenso ayudaría a evitar la pesadumbre de estos últimos días donde se atrevieron a opinar hasta los que quedaron afuera de las listas.

El ministro Felipe Solá se llevó la peor parte. El Presidente y su futuro reemplazante no tuvieron el mínimo pudor para ahorrarle un bochorno aun sabiendo que su participación en la Celac constituía un rédito para el país. Santiago Cafiero cortó por el hilo más delgado en su apresuramiento para aferrarse a un nuevo cargo. Mientras los políticos prioricen sus vanidades difícilmente puedan encontrarse soluciones para la grave situación por la cual atraviesa el país.

(*) Economista. Exembajador. Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (Cari).

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