Iván Benítez
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Un estudio de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) volvió a concentrarse en la expansión urbana sobre el área inundable del arroyo Baró, que atraviesa el ejido urbano de la ciudad de San Roque, provincia de Corrientes. Analizaron las probabilidades de anegamientos e inundaciones de esta última década.
Para esto, realizaron un breve recorrido histórico por los distintos puntos de expansión que ha experimentado el desarrollo de la infraestructura urbana en la localidad de San Roque, para conocer cuándo se originó la problemática de las inundaciones en la cuenca inferior del arroyo Baró. Señalaron como hito significativo la ubicación actual de la ruta nacional 12, el cual permitió un cambio de rumbo del crecimiento espacial del ejido urbano hacia la cuenca del arroyo Baró.
El trabajo fue publicado recientemente en la revista científica Párrafos Geográficos, una publicación semestral del Instituto de Investigaciones Geográficas de la Patagonia (Igeopat), dependiente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. La investigación fue realizada por Elsie Araseli Ojeda, Juana Bolo, Humberto Smichowski y Felix Ignacio Contreras.
Según el grupo, “está claro que el objetivo de los tomadores de decisiones y/o gestión debe centrarse en evitar futuras inundaciones, y para ello se deben tomar políticas de prevención como evitar los asentamientos y construcciones de viviendas en áreas bajo amenazas".
Realizaron una cartografía del área afectada por la inundación de enero de 2019 ya que, según el relato de los entrevistados para la investigación, el desborde del arroyo puede abarcar unos 50 metros a ambos márgenes. Mediante la observación de los perfiles topográficos en las áreas afectas comprobaron que las mismas se encuentran dentro del valle de inundación del arroyo.
No obstante, mencionaron que la población es consciente del riesgo a los que se exponen, ya que son conscientes de la recurrencia y peligrosidad de la amenaza a las cuales se encuentran vulnerables. En este sentido, el jefe de Bomberos Voluntarios de San Roque, Roque Ferreira, afirmó a los investigadores que “la gente construye sus casas de dos pisos. Cuando llega la inundación suben sus pertenencias al segundo piso hasta que se va el agua y las vuelven a bajar”.
De acuerdo con la investigación, “los excesos de precipitaciones tanto del 2017 como del 2019 permiten dar cuenta de lo repentino e inesperado que puede resultar un evento hidroclimático extraordinario, dado que una sola tormenta, puede generar el desborde del arroyo, los cuales pueden ampliar su peligrosidad si, a su vez, el río Santa Lucía se encuentra en la misma situación”.
Puentes
Este grupo se basó en un trabajo previo que Mariana Paola Odriozola y Contreras realizaron en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal), con similares propósitos en el arroyo Baró.
La ciudad de San Roque cuenta con varios puentes sobre el arroyo Baró, y en sus alrededores, las edificaciones también se encuentran expuestas bajo amenaza ante las eventuales crecidas repentinas. En este sentido, detectaron marcas de humedad en las paredes de las viviendas y procesos de erosión fluvial, incluso en áreas relativamente más altas de la cuenca.
"La ciudad cuenta con cuatro puentes en total en el recorrido de la ciudad, la altura del más alto debe ser de tres o cuatro metros aproximadamente y hubo veces que el agua lo sobrepasó. Ahí te das una idea de la magnitud que tienen las inundaciones", resaltó Roque Ferreira.
“Si cruzamos el puente, lugar hacia donde se dirige el curso de escurrimiento, nos encontraremos con asentamientos informales. Las familias de bajos recursos están viviendo en la cuenca del arroyo y cada vez que el río crece y llueve una determinada cantidad de agua, esta gente se ve afectada por las inundaciones. Hemos socorrido a mucha gente cuando se dieron esas condiciones. Se inunda rápido pero el agua también se escurre rápido, si no continúa lloviendo”, agregó el bombero.
Economía
En abril y mayo de 2017 se desencadenaron abundantes lluvias con inundaciones en toda la región. Para el caso de San Roque, “la severidad de desastre fue potenciada por el desborde del río Santa Lucía que, al estar ocupando toda su llanura aluvial, impedía el desagüe del arroyo Baró, y, en consecuencia, este último comenzó a desbordarse desde su desembocadura hacia aguas arriba y, por lo tanto, los afectados por las inundaciones se encontraban sobre las riberas de ambos cursos de agua”, según el grupo de investigación.
“A estas condiciones, se le suma la alta vulnerabilidad socioeconómica que presenta este sector, las observaciones en campo y las entrevistas realizadas permiten señalar que la gran mayoría de las familias subsisten con trabajos temporarios, como albañilería, ladrilleras, recolección y venta de leña y los complementan con la cría de animales de corral y pequeñas huertas”, indicaron en el trabajo.
En este contexto, los investigadores insistieron en que los bajos ingresos económicos aumentan la vulnerabilidad de la población expuesta, lo cual se puede visualizar, por ejemplo, en la precarización de los materiales de construcción de las viviendas. “En muchos casos, las paredes eran de retazos delgados de madera recubiertos con plástico en el interior”, detallaron.
Área de estudio
La ciudad de San Roque, cabecera del departamento homónimo, se localiza en el centro occidental de la provincia de Corrientes, sobre la margen izquierda del río Santa Lucía, uno de los principales cursos fluviales autóctonos del territorio. Además, dentro del ejido urbano de la ciudad, se localizan pequeños arroyos de cuencas muy reducidas y de los cuales se destaca el arroyo Baró, especialmente en períodos de crecidas por las consecuencias que esto genera, de acuerdo con los detalles del trabajo.
Este arroyo posee una disposición perpendicular al río Santa Lucía, nace en un área anegadiza localmente conocida como cañada, en donde el agua tiene poco tiempo de permanencia y su extensión es reducida. En este contexto, y en base a otras investigaciones del Cecoal, al arroyo Baró se lo puede describir como un curso de agua pequeño que se desarrolla sobre un terreno relativamente plano y con escasa pendiente.
Por otra parte, corroboraron que, si bien su cuenca alta se encuentra en un área rural, gran parte de su recorrido hasta su desembocadura lo realiza en áreas urbanas y periurbanas, constituyendo un factor de amenaza, susceptible a riesgos de inundaciones repentinas.
La cuenca posee un clima subtropical sin estación seca con temperaturas medias de 21° C y precipitaciones medias anuales en el orden de los 1400 mm, que generalmente se distribuyen durante todo el año. Sin embargo, aclararon que las estaciones intermedias de primavera y otoño son los de mayor abundancia.
No obstante, en el área de estudio se pueden desarrollar eventos meteorológicos de gran magnitud, cuyos montos pluviométricos pueden superar los 100 mm y en menos de una hora en cualquier época del año.
Extremos
En este trabajo consideraron a los lechos y bordes de ríos, esteros, canales y humedales que brindan bienes ambientales. “En las últimas décadas se ha acentuado el proceso de deterioro de los servicios que estos ambientes brindan a la comunidad. Muchos de estos sectores se han convertido en un atractivo para la expansión urbana, protagonizada por los extremos socioeconómicos”, señalaron.
Ademàs, el grupo de investigación diferenció que, “por un lado, se encuentran los grupos más acomodados en urbanizaciones cerradas, embellecidas, con el suministro de toda clase de bienes y servicios. Mientras que, por otro lado, se desarrolla la instalación de viviendas precarias autoconstruidas, carentes de gran parte de los servicios básicos, donde habitan los grupos que poseen un alto grado de marginalidad”.