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Defendió las Islas Malvinas y hace 40 años protege los Esteros del Iberá

Humberto Rodríguez fue el primer guardaparques designado para cuidar el humedal. Comparte con El Litoral sus añosde  experiencia.
 

Por El Litoral

Domingo, 30 de octubre de 2022 a las 01:00

El correntino Humberto Rodríguez fue el primer guardaparque designado para cuidar la reserva Iberá. Su historia es particular. Es un excombatiente de Malvinas que apenas regresó de defender las islas se encomendó la misión de proteger el humedal de agua y hace 40 años lo hace de manera ininterrumpida, con amor y pasión. 
Rodríguez, junto al actual director de Parques y Reservas, Vicente “Pico” Fraga, fueron los primeros en ser designados para cuidar el Iberá, hace 39 años.
  “Todo fue evolucionando. En nuestros primeros años de trabajo, era 100 % control de furtivismo, erradicar la casería, que era mucha y de gente de distintos lugar”, relató Rodríguez en diálogo con El Litoral.“Nos fuimos perfeccionando. Éramos Pico y yo, y el resto del cuerpo eran todos cazadores y tenían la tarea de concientizar y contener a sus excolegas”.
Rodríguez estaba recién llegado de Malvinas y había tomado la decisión de no continuar en el ejército.“El general Pita, quien se desempeñaba como gobernador de facto, me contó sobre la idea de crear un cuerpo verticalista, similar a una Fuerza. Le dije que iría a ver, y allí estoy hace 40 años”, compartió.
La evolución de las tareas de los guardaparques estuvo directamente ligada al crecimiento del turismo en Corrientes, así como al trabajo junto a las comunidades y un proceso de educación y concientización de la importancia de la preservación de la biodiversidad.
“Nos fuimos perfeccionando, fue un trabajo colectivo. Era todo muy nuevo, y capaz también sabíamos los que estábamos haciendo”, dijo entre risas.
“Hoy día el trabajo del guardaparque está muy ligado a lo que es el ecoturismo. Hay una simbiosis muy importante, ya que esta actividad puede desarrollarse por el trabajo realizado por los guardaparques en la protección de los lugares”, reflexionó Rodríguez.
Señaló a Colonia Carlos Pellegrini como el lugar donde todo empezó: “Pronto nos dimos cuenta de que hacía falta educación. Nos veían a los guardaparques como alguien que venía a prohibir todo. Es humanamente entendible, a nadie nos gusta que nos controlen”.
Fue así como se desarrollaron los primeros años de este rol clave en Corrientes, estrechamente ligado a las comunidades que viven en lo que se denomina el gran el “gran macrosistema Iberá”, desde los esteros, sus portales, hasta otras áreas protegidas, como la Isla Apipé, San Cayetano y Laguna Brava.
“Gracias a la evolución del turismo se fue generando más y más atracción. Esta evolución trajo también el rol de los guías de sitio y juntos fuimos avanzando. Por ejemplo, culturalmente todos nos criamos con una gomera; es uno de los primeros juguetes que recibían los chicos en los pueblos al igual que la caña de pescar. Nos dedicamos a hacer un trabajo de educación con los chicos en las escuelas y de concientización con los mayores”, indicó el guardaparque.
“Con los años, la gente se dio cuenta de que podía seguir viviendo del recurso del Iberá, pero de otra manera. Viven de los animales y las aves, pero ya no matando sino fotografiando. Notaron que comen más mostrando al carpincho que aniquilándolo”, explicó Rodríguez.
En este sentido, consideró que el cuidado del entorno y de la protección a los animales ya está consolidado en las áreas vinculadas con los esteros: “En los pueblitos que viven del turismo, el interés es común. En cambio, en las ciudades falta aún hacer llegar este mensaje”.Es allí cuando con miles de visitantes que llegan desde distintas partes del país y del mundo a conocer a una de las siete maravillas naturales de Argentina, los guardaparques tienen la labor de velar por los recursos naturales. 
“Nuestro trabajo primario es el de control y vigilancia. Proteger a la fauna del furtivismo. Se realizan distintas tareas como monitoreos. En muchos portales conservación de senderos y muelles, incluso en lugares donde todavía no hay guías, el guardaparque hace atención al público. Les explica dónde están, los lugares donde los visitantes pueden desarrollar su curiosidad o paseo”, detalló Rodríguez.
 “Si ven una planta o flor linda, y por ahí la quieren tomar, o porque los animales están mansos, que te podés acercar hay gente que quiera tocarlos o alimentarnos. Generalmente, lo que les decimos es que los animales son mansos pero no domésticos, y también necesitan su espacio”, contó.
Actualmente, el cuerpo de guardaparques tiene cerca de 50 miembros que se distribuyen por distintas áreas protegidas de la provincia de Corrientes.  La Reserva Natural del Iberá de la provincia de Corrientes fue creada en 1983 y abarca 1.300.000 hectáreas.
Esteros, ríos y lagunas son los ambientes naturales más conocidos para la zona, pero en las tierras más altas son característicos los pastizales, palmares y montes nativos.
Además de albergar gran cantidad de fauna, por su tamaño y calidad de hábitat, esta área de conservación hoy día representa una oportunidad única para la restauración de ambientes y reintroducción de especies.
Fue creada el 15 de abril de 1989, a través de la Ley 3771, con la intención de aunar la conservación y recuperación de las especies nativas y el desarrollo turístico de la región.
Para esto, se delimitaron las tareas de conservación y se reglamentó el apoyo financiero y la dotación de personal para estas tareas.A comienzos de la década de 1980, las especies con valor comercial –sobre todo el yacaré negro, cuyo cuero se utilizaba en marroquinería, pero también el yaguareté, cazado por su piel y para proteger los rebaños, las distintas especies de ciervos y venados y varias aves– estaban en alto riesgo o habían desaparecido de la zona, y las alteraciones del ecosistema amenazaban a muchas otras.
En este escenario es que surge la figura del guardaparque, con la responsabilidad de control y vigilancia.

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