Por Carlos M. Reymundo Roberts
Publicado en el diario La Nación
Qué lindo es viajar, pero más lindo es volver. Estuve en España y Portugal —trabajando día y noche sin parar, yendo de un foro a otro— y contaba las horas que faltaban para dejar ese Primer Mundo insensible; insensible a las realidades de América Latina. Estarán muy adelantados en muchos aspectos importantes (recorrí 2700 kilómetros de autopistas, rutas y caminos y no encontré un solo pozo), pero siguen sin entender la peculiar idiosincrasia de nuestros países. Por ejemplo, una y otra vez me preguntaron quién gobierna en la Argentina. “Lean los diarios, asómense a las redes sociales —respondía yo en mal tono—. Gobierna un triunvirato, con funciones claras y diferenciadas. Cristina es la estratega, Massa es el bombero y Alberto tiene una misión fundamental: completar el número, porque si no, no sería un triunvirato”. Esa sencilla organización del poder, que por otra parte empezamos a usar con probado éxito en 1811, les resulta incomprensible. Querían saber quién manda de los tres. Expliqué que en rigor no termina de mandar ninguno, lo cual le otorga a la fórmula un sano equilibrio. Por supuesto, se interesaron por las peleas entre el Presidente y la vice. Tuve que cambiar mi discurso. “No lean los diarios, no consuman las fakes de las redes. ¿Cómo se van a pelear si hace meses que no se hablan?”.
A medida que el Mundial de Qatar estaba más cerca, el fútbol fue desplazando a la política como tema central de las conversaciones, incluso en ámbitos académicos y económicos. Debo confesar que me sentí más cómodo hablando de la Scaloneta que del triunvirato. Dije que teníamos un invicto de 36 partidos, que éramos serios candidatos a salir campeones y que, como leí en algún meme, fueron tantos kirchneristas a Qatar que si no ganábamos la Copa también estaba la posibilidad de robarla. No captaron la humorada. Tampoco les resultó fácil asimilar el peso estratégico del Mundial en el Plan Aguantar de Massa: yo les decía que un mes con la gente distraída frente a la televisión era el mejor bálsamo contra feroces aumentos de luz y gas, inflación mensual arriba del 6 %, caída del salario real, faltantes en las góndolas…; que a ese paréntesis le seguían la Navidad y después las vacaciones de verano, con lo cual el Gobierno ganaba cuatro meses claves. Lamentablemente, estaba en Madrid cuando perdimos con Arabia Saudita. Entrevistado por medios españoles, sostuve que el VAR debería acompañar los denodados esfuerzos de la Casa Rosada por mantener a la gente anestesiada; que tres milímetros del hombro de Lautaro Martínez no pueden interponerse al mandato de ajuste del Fondo Monetario, y que la Fifa estaba operando a favor del petróleo del Golfo Pérsico en su disputa de mercado con Vaca Muerta. Lo conseguí: no me llamaron más.
Por cierto, allí se publicó que España nos acaba de mandar dos eminencias políticas para tratar de hacernos más presentables: Mariano Rajoy y Felipe González. Repliqué que nosotros les mandamos de embajador a Ricardito Alfonsín.
Por fin, volví al país, donde me esperaban rutilantes novedades. Cristina, súbitamente preocupada por la inseguridad, pide que en los supermercados se vendan pistolas Taser, que la policía lleve ametralladoras Kalashnikov y quemar en la Plaza de Mayo todas las biblias garantistas de Zaffaroni. Alberto atraviesa días de especial infortunio: tiene solo dos presidentes amigos, Pedro Sánchez y Andrés Manuel López Obrador, y a Sánchez se le desmayó en la cara y con Amlo está a las patadas. Massita discurseó ante lo más selecto del círculo rojo y cosechó dos aplausos; me parece una mezquindad absoluta: el tipo fue, expuso como un buen neoliberal y apenas le dedicaron dos míseros aplausos, casi como si no le creyeran; con lo que le gusta ser reconocido, ahora el peligro es que vaya a un evento de otro palo y diga exactamente lo contrario.
El dólar blue trepa desprejuiciadamente, el dólar Qatar hace estragos en viajeros de bolsillos flacos, como yo, y el dólar soja podría reaparecer porque se necesitan dólares para el Plan Aguantar y para el Plan Navidad Feliz que reclama el kirchnerismo. Solo los líderes de La Cámpora parecen tomar distancia de la coyuntura y estar pensando en el futuro; un futuro cercano, es cierto: por estas horas debaten intensamente si tienen que movilizar a la militancia ante una eventual condena a Cristina en la causa Vialidad. Mi consejo para la filial Santa Cruz de la agrupación es que si ese día ganan las calles no elijan las que construyó Lázaro Báez: están sin terminar y no llevan a ninguna parte.
¿Dólares para el Plan Aguantar? En realidad, lo que necesitamos con desesperación son goles. Yo los necesito para vengar el bullying del que fui víctima en España y Portugal, y Alberto, Cris y Massita, para que la vista siga puesta en Qatar. Nuestro destino está más en manos de la Scaloneta que del triunvirato. Sin Scaloneta, cruje el triunvirato. Sin goles no hay país que aguante.