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Ganar o gobernar

Por El Litoral

Jueves, 22 de junio de 2023 a las 23:25

Llega un tiempo de competencia política fuerte y otra vez la Argentina se para bajo la pregunta ¿Los dirigentes se preparan para ganar o para gobernar?
“Se precisan lazos más duraderos, de confianza y de adhesión expresa a reformas necesariamente conflictivas”, planteó ayer el politólogo y escritor Vicente Palermo en una columna aparecida en Clarín titulada “¿Coaliciones para ganar o para poder gobernar?”
En su interesante análisis destaca la necesidad de generar “lazos representativos” entre la dirigencia, los que se ven en dificultades por una dinámica propia de las campañas:  la propaganda, la personalización extrema y las redes, que pueden generar fácilmente consensos negativos, identificaciones intensas y fugaces, no auténticas.
Palermo concentra la energía argumentativa de su texto en una necesidad urgente: hace falta que la Argentina sea gobernada por una verdadera coalición.
Y explica: “Hoy asomamos al día abrumados por los acontecimientos del Chaco y Jujuy; con sus mil diferencias, ambos instalan una sombra de intimidación lúgubre sobre el futuro próximo y sobre las condiciones de gestión política y vida cotidiana y democrática venideras. Son un anticipo sobre la inmensa tarea de reconstrucción que nos golpea la puerta: ¿qué vamos a hacer?
No obstante, entre tantas malas noticias, la campaña electoral muestra una novedad positiva: la atención prestada a las condiciones de la producción legislativa de las coaliciones en el Congreso. El tema llega poco a los medios, pero es discutido; sectores del personal político y público le confieren relevancia.
Porque hay muchas cosas importantes que reformar y muchas exigen tratamiento parlamentario, porque las coaliciones tendrán un papel que no podrán desempeñar los partidos en sí mismos, y porque la percepción sobre qué será necesario hacer desde 2024 condiciona mucho lo que pensamos que hay que hacer ahora. Esta relativa novedad se percibe en debates todavía frescos.
En Juntos por el Cambio, por ejemplo, representantes de sus sectores internos polemizan el tema. Claro, un momento álgido en este debate lo suscitó la iniciativa de Larreta de invitar a Schiaretti a incorporarse a la coalición electoral. Larreta (acompañado de Morales, Carrió, Pichetto) desató comprensiblemente las furias de Bullrich y de Juez, entre otros, indignados por una manipulación, dijeron, ya que Schiaretti era convocado insólitamente sobre la hora.
La justificación esgrimida apuntó precisamente al funcionamiento de la futura coalición parlamentaria: si se precisa una coalición amplia, hay que ensancharla antes y no después de llegar al gobierno, porque el compromiso de los legisladores será así diferente.
Los partidos que se incorporen antes proporcionarán bloques de disciplina más sólida, gracias a un compromiso más programático y una adhesión más genuina. Argumentación sensata, pero, como defensa de una operación política sin mesura, muy pobre.
El puente que vincule al Legislativo y al Ejecutivo se puede erigir con materiales muy variados. Por ejemplo, el mecanismo institucional del presidencialismo de coalición. Innecesario por tanto actuar tan precipitadamente.
Pero vamos a la contraargumentación en ese debate: no es bueno ampliar de cualquier manera, se pierden filo, contrafilo y punta. No siempre conviene sumar: engordar debilita y una coalición agrandada sin discriminar entre músculo y grasa es contraproducente.
Si sumamos demasiado, van a ingresar parte de aquellos con los que es necesario más bien confrontar. Esto tiene sentido: sería posible, en ese caso, estar comprando a un precio exorbitante unas promesas de apoyo agigantadas y con resultados al cabo decepcionantes.
Pero, una vez que la hojarasca crítica es despejada, quedan en pie, en esta posición alternativa, apenas la voluntad política y la fuerza. La fuerza que nace en los corazones, la fuerza moral sustentada en las convicciones de individuos extraordinarios.
(...) La política no puede ser nunca pura transacción, puras negociaciones: no existe adhesión a la “unidad”, al “todo”, y no se acumulan fuerzas políticas para imponerse gracias a la simple gravitación de lo acumulado”.

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