¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

“El Cuadrado”, una máquina increíble que desafió al tiempo

“El Cuadrado” de Peduzzi cerró el círculo después de 60 años de abandono, rescate y prolija restauración. En la reciente reapertura del autódromo porteño, volvió a rugir en la pista donde hizo morder el polvo a máquinas 4 décadas más modernas. Con ustedes, la historia viva.

Viernes, 28 de julio de 2023 a las 23:36
Fotos: Martín Gómez

Especial para El Litoral

Solamente los memoriosos y fanáticos de los autos de otros tiempos sabrán que alguna vez, en la década del 60, un auto construido en 1929 pudo ganarles a las bestias del Turismo Carretera de aquel entonces, sumamente competitivo y en plena evolución tecnológica gracias a la aparición de los vehículos compactos y de preparadores y diseñadores geniales.
El auto en cuestión fue apodado rápidamente “El Cuadrado”, dada las formas de su carrocería, que respetaba las líneas originales del modelo: un Chevrolet Coach (dos puertas) preparado para el piloto más enigmático de aquellos años. Se trataba de Ricardo “Tola” Peduzzi, quien estaba empeñado en sacar rendimiento a ese fierro que ya por ese entonces cargaba con 4 décadas sobre sus espaldas, para presentar batalla a los modernos Torino, Falcon Angostados, Chevrolet “Chevitú” y numerosos prototipos basados en plataformas abismalmente superiores.
Hasta aquí la historia antigua, porque “El Cuadrado” de Peduzzi yació perdido en la inmensidad de los cementerios automotrices hasta que, en la década pasada, el coleccionista y rescatador de tesoros mecánicos Mario Suarez, junto con su hijo Francisco Suárez Piazza (eximio investigador de las historias de estos bólidos), logró lo que nadie esperaba: encontrar, negociar, comprar y restaurar el auto en un paso a paso que llevó varios años hasta la coronación alcanzada en el reciente encuentro realizado con motivo de la reapertura del Autódromo de Buenos Aires.

Fotos: Martín Gómez

Fue el 16 de julio pasado, cuando Mario y su amigo Fernando Soria (restaurador de aquellos) entraron a pista con el mismo fierro que Peduzzi llevara hasta la victoria en el TC un 10 de abril de 1966, en el autódromo de Río Cuarto. 
Para que este regreso triunfal fuera posible Mario, Francisco (conocido como Pancho por sus amigos más cercanos) y posteriormente Fernando, entregaron esfuerzos sobrehumanos para recuperar cada pieza hasta devolverle al querido “Cuadrado” no solamente la estética de sus tiempos de competición, sino también la garra deportiva.
Quien esto escribe tuvo el privilegio de seguir de cerca el proceso (desde aquella noche adrenalínina en la que Pancho llegó con la noticia de haber encontrado el auto en un descampado formoseño), por lo que la afirmación que sigue no peca de exageraciones: estamos ante una proeza cumplida por apasionados por la historia automotriz argentina que le devolvieron al país una pieza fundamental de sus años de gloria.

Fotos: Martín Gómez

El mensaje que este cronista recibió de Mario la noche anterior a la presentación en el autódromo lo dice todo. Decía lo siguiente: “Ahora sí, se puede decir no queda ni un detalle más. Terminado el motor, alineación, suspensión y eje delantero con valores de comba idéntico a ambos lados”. Era tocar el cielo con las manos para este realizador de sueños que estaba a punto de lograr el objetivo que miles de personas disfrutaron al día siguiente, cuando “El Cuadrado” aceleró en la grilla de largada con su motor de 7 bancadas equipado con tres carburadores Weber, sus escapes caricaturescos y sus formas angulosas desafiando las leyes aerodinámicas. Larga vida para un auto único y para sus custodios.

Últimas noticias

PUBLICIDAD