Pocas personas en Esquina deben saber quién es Rodolfo, pero si preguntan por “el mudo” seguramente lo ubiquen rápidamente. Entre el grupo de amigos de sus hermanos fue bautizado como “El Mudo” Maradona porque cuando tenía 11 años se fue a Buenos Aires con Chitoro y doña Tota, después que los hermanos Lalo, el Turco y Pelusa Maradona le pidieran a sus viejos que lo lleven al “mudito” con ellos.
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Varias décadas después, Rolando “Rolo” Vallone, médico esquinense que pasa sus días trabajando como anestesista del pueblo, rescató la historia de Rodolfo. Su vínculo de amistad con uno de los hermanos del “mudo” hizo que pueda conocer las anécdotas vividas por este joven que hoy se gana la vida como jardinero y con una pensión que cobra producto de su discapacidad.
"Yo soy amigo de la familia de Rodolfo desde siempre. Pasado el tiempo y compartiendo tiempo con ellos pero un día me di cuenta que los chicos no sabían la historia de él y que habían sido amigos con Maradona. Entonces empezó la idea en mí de empezar a escibir esto para que quede el registro de la familia en Esquina", destacó Rolando “Rolo” Vallone en Hoja de Ruta.
En la columna de Estefanía Cutro, Rolando detalló la vida de Rodolfo y su cercanía con la familia Maradona. "Los Maradona lo tomaron con mucho cariño. Él tenía 12 años y la mamá de Maradona decidió hablar con la familia para llevarlo a Buenos Aires un tiempo. Después se quedó 30 años. Rodolfo era uno más de la familia", destacó.
Sobre su obra, Vallone destacó que "es impensado todo lo que está pasando con el libro". "La difusión es muy grande y se suma lo gigante que es el Diego. Por lo que espero que sea un poco más", dijo. Hasta el momento sólo había impreso 100 ediciones pero adelantó que dado su alcance, analiza cómo seguirá la historia de la adquisición de esta obra.
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Prólogo de Estefanía Cutro, en Rodolfo, "el mudo" Maradona
La columnista de Hoja de Ruta prologó el libro del esquinense y compartió con El Litoral parte de este texto.
En las conversaciones que se deslizan en las veredas, se esconde una verdad incuestionable: "Lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro". En esta máxima se encuentra el alma de este relato, tejido con la pluma tímida de Rolo y enmarcado por la vida y virtudes de Rodolfo. El mundo es vasto y diverso, pero hay un hilo invisible que conecta cada rincón, un punto de partida, una esencia que nos ancla: nuestro lugar, Esquina. Es aquí, en este rincón del universo, donde los ecos de las historias cobran vida. Donde el agua del río susurra secretos y los paisajes se convierten en testigos mudos de vidas entrelazadas. Esquina, un lugar que no es solo geografía, sino también sentimiento. Es el nexo común entre el autor, el protagonista y las raíces del legendario número 10. Un rincón donde las distinciones entre familia y amigo se desvanecen. Rodolfo y Rolo, aunque separados por el papel y la tinta, están unidos por pasiones inquebrantables: el fervor del fútbol, el arte puro del potrero, la pasión por la selección y el eterno amor hacia el Diego. Sin embargo, por encima de todo, es la veneración por la amistad y la familia lo que los une en un abrazo eterno. Así, nos adentramos en un viaje que trasciende las palabras. Un relato que nos invita a reflexionar sobre las conexiones humanas, las raíces que nos definen y el poder transformador de las historias que vivimos, que queremos contarles a nuestros hijos y que nuestros hijos cuenten a los suyos, para que valores como la lealtad perduren. Bienvenidos a esta historia, donde el pasado reciente y el presente se entrelazan, donde la memoria se convierte en legado y donde cada palabra es un paso más hacia la comprensión de quiénes somos y de dónde venimos.