VERÓNICA ECHEZARRAGA
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En un Anfiteatro Cocomarola bien poblado, la Fiesta Nacional del Chamamé vivió el domingo su tercera noche. Esta vez la historia fue protagonista en la voz y los instrumentos de grandes referentes vivos, sus descendientes y artistas que tomaron la posta para continuar con el legado. Paquito Aranda, Gustavo Miqueri y Cacho Espíndola trajeron la mística original, mientras que el virtuosismo de las nuevas generaciones llego con artistas de la talla de Cesar Frette Trío, Florencia de Pompert, Lucas Segovia y Marcia Muller. El grupo Tupá con el Movimiento Corriente Nueva hizo bailar al anfiteatro al ritmo de “los que nos dieron la identidad”, como dijo Aldy Balestra.
En los últimos años, el chamamé lloró la partida de varios de sus máximos referentes. Así, por ejemplo, se extraña la bendición y las erizantes presentaciones del paí Julián Zini, la exquisitez de Ramonita Galarza, la potencia de Ofelia Leiva.
Se extraña a Pocho Roch, Raúl Barboza, Ramón Ayala, a Salvador Miqueri, Ricardo Scofano, Nini Flores, a Pedro del Prado, Toto Semhan, Matías Galarza y a tantos otros que abandonaron este plano en la última década.
Pero aunque físicamente ya no están, fueron eternizados por su arte tal y como sucedió en el pasado con pioneros como Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, Isaco Abitbol, Osvaldo Sosa Cordero, Tarragó Ros, Zito Segovia y Roberto Galarza, entre otros.
“Vamos a levantar una copa imaginaria que contenga las 300 composiciones que hizo el viejo antes de irse”, dijo Gustavo Miqueri para honrar la memoria de su padre Salvador, que este año estaría cumpliendo cien años. La presentación del heredero artístico del gran Salvador fue brillante, comprometida y fue de menos a más en cuanto a energía, terminando el espectáculo con un Cocomarola totalmente enardecido. Sonaron clásicos como Rojheyama, Retorno, Mírame, Cañada Fragosa y, para la despedida, Gustavo reservó Rincón Dichoso.
Historia viva
Paquito Aranda es una figura clave en la escena chamamecera, sobre todo en bailantas y festivales. Este icónico bandoneonista correntino el domingo compartió su arte magistral con fanáticos y con las nuevas generaciones que aún tienen la posibilidad de escucharlo en vivo.
Sencillo pero impecable en su tarea, Aranda regaló a la celebración un momento memorable.
Impulsor
Impulsor del primer Festival Nacional del Chamamé allá por los años 80 en el Club Juventus, Cacho Espíndola es otro de los grandes referentes de este género que dijo presente en la tercera noche chamamecera del Cocomarola, donde recibió un reconocimiento por parte de la organización.
Nuevas generaciones
Cesar Frette Trío es de esos conjuntos que hay que escuchar sentados y prestando atención para poder apreciar al detalle la calidad de su música. Sus presentaciones no buscan el aplauso fácil, sino que prefiere captar la atención de su público, y eso fue lo que pasó el domingo en el Cocomarola.
Otra de las grandes artistas de la nueva generación es Florencia de Pompert, la sanmigueleña que comenzó su escalada cuando hace varios años ganó un certamen pre fiesta y eso la habilitó a pisar el escenario Osvaldo Sosa Cordero. La artista, que también fue reina del chamamé de plata hace una década, se lució con un enganchado de polcas cantadas en guaraní y encantó al anfiteatro con su privilegiada voz en canciones como “Mujer Chamamecera” y “Mi provincia Guaraní” en homenaje a Osvaldo Sosa Cordero.
Quien como cada año, volvió a alzar su voz comprometida fue Jorge Suligoy, el hombre del sombrero que desde el escenario mayor comenzó a despedirse de la formación que desde hace 11 años tiene junto a sus hijos “cuidemos al chamamé, cuidemos al chamamecero porque sin ellos no hay chamamé”, dijo.
En la segunda parte de la tercera noche sonaron artistas de la talla de Lucas Segovia, que con voz propia demostró que cuando el chamamé es parte de tu sangre, se nota. El Hijo de Zito Segovia estuvo entre los favoritos del domingo, jornada en la que también brilló Marcia Muller con una sonoridad digna de los grandes.
Sobredosis
El horario central del domingo fue para otro grande. Aldy Balestra con el grupo Tupa y un show que comenzó fuerte con su tradicional “Sobredosis de Chamamé”, seguida por “Lucerito Alba”.
El grupo, que tuvo que renovar integrantes tras la partida de Carlos Escobar y Gabriel Bartolucci, es poderoso y divertido. Cantantes y músicos bailan, hacen bromas, y empujan al público a realizar coreografías.
Los Tupa son modernos y no le tienen miedo a lo nuevo. Tomar riesgo es moneda corriente para Aldy, quien en cada show ofrece un equilibrio perfecto entre identidad y novedad.