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“La lógica del enemigo es incompatible con la vida democrática”

“Cuando la lógica del odio se instala como forma de construcción política, estamos en un momento autoritario”, advierte Ana Cacopardo. En el marco del Pampa Doc Fest hablé con la periodista, documentalista y realizadora audiovisual sobre la resistencia del periodismo hoy. 
 

Por El Litoral

Domingo, 30 de noviembre de 2025 a las 10:14

Por Eduardo Ledesma 

Versión gráfica: Belén Da Costa

En este cierre de temporada hablé con Ana Cacopardo, periodista, documentalista y realizadora audiovisual, quien dedicó su carrera a dar voz a múltiples historias urgentes. 

Egresada de la UNLP, con formación en cine documental en Cuba y España, condujo por años el ciclo Historias Debidas en Canal Encuentro: entrevistas que muchas veces se transformaron en memoria, resistencia y reflexión.

En este episodio hablamos de su mirada sobre el periodismo comprometido, la potencia del testimonio para narrar nuestro tiempo y el valor político y social de contar con empatía. También sobre los discursos hegemónicos, la construcción de relatos alternativos y el papel de los medios en la defensa de los derechos humanos. 

Una charla para pensar cómo la palabra, el silencio y la pantalla pueden transformar realidades, construir justicia y fortalecer la memoria colectiva.

Te reíste recién cuando dije “Ana María”. ¿Quién es Ana María Cacopardo? ¿Cómo te definís?

Sí, lo de Ana María quedó en mi infancia. Nací en Necochea, pero mi vida transcurrió entre La Plata y Buenos Aires, y ahí quedó solo “Ana”. Si tuviera que decir quién soy, diría que intento ser buena persona, que soy activista de derechos humanos, feminista, y que el oficio de narrar me acompaña como impulso vital. Desde chica jugaba con grabadores, en la era analógica, armando montajes caseros. La radio me fascinaba, y creo que fue lo que me empujó al periodismo. Y siempre desde un lugar de transformación: contar para intentar un mundo más justo, más solidario, más igualitario.

Alguna vez dijiste que los derechos humanos atraviesan todo tu trabajo. Pero la palabra “feminista” fue una construcción más reciente. ¿Por qué te hiciste feminista?

Porque no siempre fueron de la mano esas dos luchas. Hoy es imposible pensar derechos humanos sin igualdad de género, pero no siempre fue así. Yo llegué a La Plata en la Primavera Democrática, en 1984, sin mucha conciencia política. Estudiaba comunicación en la UNLP y fue la primera vez que escuché a Estela Carlotto o a las Madres de La Plata. Eso moldeó mi conciencia.

Muchos años después me encontré con los feminismos de la mano de amigas, lecturas y activismos. Ayer, acá en el Pampa Doc Fest, volví a ver una entrevista que le hicimos a Loana Berkins para Historias de vida. La palabra, la corporalidad y el amor de Loana fueron claves para interpelarme: para entender que el género no es biología sino construcción social. Con esas voces hice mi camino hacia los feminismos y los transfeminismos.

En tus trabajos se nota una búsqueda muy puntual de voces. No elegís al personaje “vendible” sino al que puede interpelar. ¿Cómo es ese proceso?

Cuando querés poner una voz en el espacio público, importa preguntarte para qué. Desde el periodismo con perspectiva de género y derechos humanos, nuestro objetivo es abrir debates desde otro lugar.

En el caso de las agendas trans-travestis, quisimos sacar esas historias del lugar de la estigmatización mediática. Y ahí Loana era fundamental: una voz hospitalaria, que interpela desde lo humano. No te expulsa. Tiende puentes.

Lo mismo pasó cuando viajé al sur después del asesinato de Rafa Nahuel. Las comunidades indígenas habían sido construidas como “enemigo” desde discursos muy potentes. Quisimos contar otra cosa. Elegimos la voz de Lorena Cañuqueo, una joven historiadora mapuche que hablaba desde identidades contemporáneas, no esencialistas. Ella trajo el poema Mapurbe, de Daniela Ñancupán, y nos invitó a pensar qué significa ser mapuche en la ciudad. Esas voces tienden puentes. Eso buscamos.

Tu charla en el Pampa Doc Feste se llamó “Narrar nuestro tiempo”. ¿Cómo se cuenta este momento histórico? ¿En qué tiempo creés que estamos viviendo?

Es una pregunta que me hago todo el tiempo. Creo que todos sentimos que habitamos un momento distinto. Una fase del capitalismo que Maristella Svampa llama “capitalismo del fin”: un neoliberalismo recargado que parece marchar al apocalipsis.

Vivimos una profunda crisis de las democracias. El año pasado celebrábamos cuarenta años de democracia y hoy nos preguntamos si sus valores siguen movilizando a la sociedad. Hay desencanto, promesas incumplidas.

Y en ese contexto emergen liderazgos como Trump o Milei: llegan democráticamente pero corroen la democracia desde adentro. La narrativa del enemigo es una narrativa autoritaria. Cuando el odio organiza la conversación pública, estamos en un momento autoritario.

Y me preocupa algo más: ¿por qué celebramos la crueldad? ¿Qué resentimientos activa la ultraderecha para que el sufrimiento ajeno se viva como espectáculo? ¿Cómo es posible que se celebren despidos masivos o que un derecho sea visto como un privilegio? Esa pregunta es central para el periodismo.

¿Y cómo conversamos con quien piensa distinto en un contexto donde el adversario pasa a ser enemigo? ¿Cómo se discute sin deshumanizar?

Ése es uno de los grandes desafíos del periodismo: ampliar la conversación pública cuando la lógica dominante es la provocación y la agresión. Las ultraderechas construyen su comunicación marcando la cancha con la narrativa del enemigo.

Entonces, ¿cómo salimos de esa trampa? ¿Cómo conversamos en una época atravesada por el sesgo de confirmación y las redes que cancelan al otro?

La otra cuestión es salir de la idea de que el mercado regula toda nuestra vida. Si solo seguimos la agenda del mercado, dejamos afuera las otras Argentinas, las que no entran en esa lógica. Tenemos que iluminar agendas que hoy están en sombra.

Me parece que ampliar la la conversación pública es tener la capacidad de salirnos de ese lugar de la cancha que nos marca la ultraderecha, de salirnos de esa lógica de la provocación permanente y del odio y hacer una apuesta narrativa propia, de invitar al pensamiento, de poner una palabra hospitalaria y, sobre todo, de apostar a la diversidad, es lo más lindo que tiene la condición humana. Y esa es la tarea que cada uno, me parece, en nuestro, en el lugar que le toque, en el medio que le toque. 

Y la generación de redes. Porque justamente estás construyendo un mensaje que, en el mejor de los casos, está fuera de las agendas hegemónicas y, en el peor, es una agenda que la gente no quiere escuchar. Entonces, ahí también, ¿cómo hacer eso?

Bueno, ahí viene el otro reto, ¿no? Lo conversábamos ayer en el marco del festival. Fijate qué importante: estamos en este momento en Colonia Santa Teresa, en La Pampa, en un festival que existe porque hay un equipo de producción formidable —gente de la cultura, de la comunicación, del documentalismo— que cree en la necesidad de sostener estos espacios, que son espacios de encuentro, de debate, de intercambio, de generación de redes. Espacios para pensar nuestro trabajo y nuestro hacer.

Hablamos de comunicación como derecho, del pluralismo, del derecho de las comunidades a tener una voz propia —como la tiene la gente de tu provincia y el conjunto de actores que se reunió aquí. Eso necesitamos. Y eso no lo va a regular el mercado. El mercado aplana. El mercado silencia.

Las redes son una oportunidad, sí. Con poca inversión podés hacer un streaming, por ejemplo. Son espacios de resistencia y hay que ponerlos en valor. Pero no son herramientas neutras: son plataformas con una lógica de negocio. Les importa que los pibes estén catorce horas frente a una pantalla para convertirlos en buenos consumidores y mantenerlos individualizados.

¿Cómo salimos? Con una apuesta narrativa distinta. No es cierto que estamos construyendo apocalipsis. Hay mucha gente construyendo territorios de futuro, más justos y luminosos. Entonces, yo usaba una metáfora hermosa del crítico francés Didi-Huberman: contar el vuelo de las luciérnagas. En la oscuridad más profunda, el destello de las luciérnagas ilumina con más fuerza. Si este es un tiempo oscuro, ojo: las luciérnagas iluminan mucho. Contemos el vuelo de las luciérnagas. Ese es nuestro reto.
 

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