Europa comienza a despertarse a las consecuencias del ataque militar estadounidense contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores.
El miércoles la reunión conjunta de los cancilleres de Francia, Alemania y Polonia coronó una serie de encuentros y declaraciones europeas contra una posible intervención estadounidense de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca que tiene el potencial energético y de tierras raras que hace salivar con desesperación a la Casa Blanca. “Queremos coordinar una respuesta conjunta con nuestros aliados europeos. Groenlandia es un territorio europeo y seguirá siéndolo. No está a la venta”, señaló el canciller francés Jean-Noël Barrot.
El martes, en una inusual crítica a la política de Donald Trump, España, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Polonia, así como los ministros de exteriores de los países nórdicos y Canadá sumaron su respaldo a Dinamarca y Groenlandia. “Groenlandia pertenece a su pueblo. Solo Dinamarca y Groenlandia tienen derecho a decidir el futuro de sus relaciones”, dijeron en una declaración conjunta.
En un intento de sumar músculo a estos tardíos pronunciamientos, la primera ministro de Dinamarca, Mette Frederisken indicó que cualquier acción estadounidense contra Groenlandia podría significar el fin de la OTAN. “Quiero dejar en claro que tomamos en serio las palabras de Trump cuando dice que quiere Groenlandia. Pero también quiero dejar en claro que si eso ocurre, si Estados Unidos decide atacar militarmente otro país de la OTAN, sería el fin de todo y esto incluye a la misma OTAN y, por lo tanto, al sistema de seguridad creado al final de la segunda guerra mundial”, dijo la primera ministro Frederiksen.
Imposible predecir si esta advertencia y la primera señal de unidad europea desde la operación militar contra Venezuela serán suficientes para disuadir a Trump que el domingo fue muy explícito sobre su deseo de apoderarse de Groenlandia. “Estados Unidos necesita muchísimo a Groenlandia”, dijo el presidente estadounidense. La premier de Dinamarca y el premier de Groelandia, Jens-Frederik Nielsen, solicitaron una reunión urgente con el secretario de estado Marco Rubio.
El miércoles Rubio no respondió preguntas sobre una posible acción militar contra Groenlandia, pero dijo que se reuniría con representantes de Dinamarca la próxima semana.
¿Amenaza o atracción fatal?
A Trump la amenaza del fin de la OTAN le puede resultar atractiva. En su primera presidencia y aún más en esta, ha criticado continuamente a la OTAN, ha dicho que la Organización del Tratado del Atlántico Norte es una enorme carga financiera para los Estados Unidos y ha exigido – y a medias logrado – que sus miembros se comprometan a aumentar la contribución que hacen al presupuesto común de defensa.
Con el zigzag que lo caracteriza, el mandatario estadounidense usó el miércoles su red Truth Social para reafirmar al mismo tiempo su respaldo a la OTAN. “Rusia y China no temerían a la OTAN sin Estados Unidos. A los fans de la OTAN, les quiero decir que sus miembros estaban contribuyendo un 2% del Producto Bruto Interno HASTA QUE YO VINE”, escribió. Las mayúsculas en español corresponden a las que usó en inglés: el narcisismo del tamaño, agrandado por si hiciera fatal, con la operación en Venezuela.
Desde ya que dada la volatilidad de sus pronunciamientos, no hay garantías de que respete esta promesa o que use otra excusa para renegar de lo dicho o que la junte a amenazas intimidatorias que le han dado bastante resultado con los países de la Unión Europea en materia comercial-arancelaria. La UE negoció con Estados Unidos de rodillas para que redujera su amenaza de aranceles del 30% a un 15% para la mayoría de los productos de la Unión Europea, incluido el grueso de su industria automotriz, con un apartado de 50% para el acero y aluminio.
El resultado de esta negociación dejó contra la pared a la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. Si no rodó su cabeza se debe en parte a que el tema arancelario es técnico y opaco, pasible de ser disfrazado con retórica. La soberanía, en cambio, es territorio palpable. La UE tiene un estrecho margen de maniobra. Su diplomacia, complicada por la coordinación de los intereses de 27 países, no se ha lucido hasta el momento.
Página 12