El jueves último la nación argentina asistió a la peor de sus actitudes: la decadencia vergonzante. Un grupo de inadaptados, abusando de las libertades democráticas, tomó el Congreso por iniciativa de una legisladora y salió a catequizar nada menos que contra las vacunas. Basados en supuestos efectos adversos de las dosis contra el covid, mostraron incluso a un ridículo voluntario al que se le pegaban objetos metálicos.
Al margen de que ese esperpento magnético humano ya había sido mostrado como una rareza en un programa de TV argentino en 2014, la ocasión fue propicia para decir nuevamente: las vacunas salvan vidas y con eso no se juega.
A través de las redes sociales, el Ministerio de Salud de la Nación, en conjunto con los provinciales, respaldó el Calendario Nacional de Vacunación pero no se refirió directamente al acto del jueves que generó un fuerte rechazo del arco político y del sector sanitario. “Las vacunas del calendario son herramientas fundamentales de la salud. Cada una de ellas cuenta con décadas de uso seguro, está respaldada por evidencia científica sólida y ha demostrado su eficacia para prevenir enfermedades graves y la muerte de millones de personas”, introduce el comunicado, firmado por los ministros de Salud de las distintas provincias.
Y sigue: “Antes de ser incorporadas al calendario, todas las vacunas atraviesan evaluaciones rigurosas que garantizan su calidad, seguridad y efectividad. Ese mismo estándar se mantiene a lo largo del tiempo mediante procesos permanentes de control y seguimiento”. El comunicado llega tras la polémica del acto en el Congreso y también tras los brotes de enfermedades que ya estaban erradicadas, como el sarampión, a raíz de una caída generalizada en la tasa de vacunación.
“La aplicación efectiva de las vacunas en todo el país es una responsabilidad compartida. Requiere trabajo coordinado entre el Ministerio de Salud de la Nación, encargado de su adquisición y distribución, y las provincias y municipios, responsables de la vacunación de la población. El compromiso que asumimos es común, porque proteger a nuestros niños es la prioridad”, agrega el texto.
A modo de cierre, se hace hincapié en la vacunación como política sanitaria. “Ratificamos así nuestra convicción de que la vacunación es una política sanitaria indispensable y reafirmamos nuestro compromiso federal para garantizar que cada persona aceda, de manera gratuita y oportuna, a todas las vacunas del calendario”, finaliza.
Este comunicado no estuvo desprovisto de la profundización de los matices políticos que bañan de color a la coyuntura nacional. Según se supo, la provincia de Buenos Aires no fue invitada a firmar el documento, pero su jefe sanitario, Nicolás Kreplak, aclaró y apuntó: “La PBA obviamente apoya a las vacunas y la vacunación. Además del comunicado, provean las vacunas, impulsen planes de implementación e inviertan en difusión y promoción”, indicó.
La jornada que generó controversia este jueves en el Congreso se extendió por más de seis horas y fue organizado por una diputada del PRO por Chaco.
En uno de los paneles, Lorena Diblasi, que figura en el sitio web del Conicet como licenciada en Biotecnología, presentó a un hombre que exhibió una de las supuestas “secuelas” que, según dijo, le dejó la aplicación de dos dosis de la vacunas Covid-19 elaboradas por AstraZeneca, sin mostrar ninguna prueba.
“José Daniel Fabián” -así lo introdujo a la charla- mostró con el torso desnudo que los objetos metálicos “se le pegan” al cuerpo -tuvo varios intentos fallidos- y Diblasi sostuvo que se trata de una “magnetización”.
“Esto no es grasa en la piel, señoras y señores. A él no le sucedía esto. Y de esto no se habla. Me gustaría saber qué tienen para decir los médicos”, dijo la oradora ante la mirada del público.
Y como si fuera poco hasta un licenciado en Administración por la UBA -Pablo Stolkiner afirmó que la pandemia fue “un invento”. Un papelón asqueante.