Primero existió una promesa. El pedido de obras a artistas tanto consagrados como emergentes, bajo la promesa de que serían exhibidas en un museo por crearse.
Paralelamente, la solicitud de un espacio para alojar una colección contra la promesa de donación a la institución a ser fundada. El museo se construyó. Las obras se exhiben. Las cédulas indican que las obras son donaciones de los artistas, pero la colección lleva el nombre y el apellido de un particular.
Este artículo no se propone juzgar la legitimidad jurídica ni la moralidad individual de este proceso. Tampoco es preciso involucrarse en el entramado que le da origen como institución orgánica dentro del Instituto de Cultura de Corrientes a partir de la cual toma vida la Asociación Amigos del Ñande MACC. Resulta interesante analizarlo como caso límite del museo contemporáneo para preguntarnos acerca de las nociones de colección, autoría, donación y también del rol de la arquitectura cuando la institución museal está ausente o llega de manera diferida.
Mientras se cerraba este artículo, fue anunciado el nombramiento de un director para el museo. El hecho refuerza la lectura del museo como una institucionalidad construida de manera retrospectiva, en la que la formalización de cargos y funciones llega después de que la colección, el edificio y la exhibición pública han producido legitimidad cultural.
Las colecciones suelen surgir de una política de adquisiciones, de un programa curatorial o de donaciones organizadas hacia alguna institución existente.
Tradicionalmente la institución antecede a la colección y es esa institucionalidad la que legitima las donaciones. Aquí la colección antecede al museo y lo convoca.
Las cédulas de cada obra cristalizan esta ambigüedad. La inscripción “Donación del/de la artista” convive con la denominación “Colección Luis Niveiro” y produce una superposición problemática entre gesto altruista e inscripción nominal. El artista aparece como donante visible, mientras que el nombre propio se consolida como eje organizador y garante de la colección. La autoridad no proviene de la producción ni de la propiedad de las obras, sino de la capacidad de haberlas reunido.
El museo se construye donde funcionaba el Banco de Corrientes. Se recicla el edificio histórico con una lógica de preservación patrimonial hacia el exterior y actualización estética hacia el interior. La fachada se conserva intacta, pero se incorpora una estructura moderna sobre el techo que aparece como signo inequívoco de contemporaneidad. Un gesto de continuidad histórica por fuera y modernización transparente por arriba.
El interior es completamente vaciado. Se eliminan paredes, se dejan columnas y vigas de hierro a la vista, se retira el revoque hasta exponer el ladrillo original. Se construyen escaleras y entrepisos metálicos. El sistema de climatización funciona a máxima potencia en contrapartida con las altas temperaturas naturales. El contraste cromático entre el gris industrial y el rojo terroso configura una estética deliberadamente brutalista. Un espacio visualmente impactante, un contenedor magnifico. Un museo que parece contemporáneo incluso antes de serlo.
Desde su creación, el museo operó sin dirección formal, sin proyecto curatorial, sin equipos de conservación ni políticas de preservación. Las obras se exhiben sin textos de sala ni mediación alguna y en condiciones que contradicen los protocolos básicos de conservación preventiva.
En el MACC la arquitectura sustituye al museo. Allí donde no hay relato ni responsabilidad curatorial, la materialidad espectacular opera como garantía simbólica.
El museo se reduce a su imagen pública. Tony Bennett, uno de los principales investigadores en estudios culturales y museísticos, considera que el museo puede ser entendido como una tecnología cultural orientada a organizar la mirada y producir sujetos. En este caso, esa tecnología aparece suspendida ya que renuncia a sus funciones pedagógicas y críticas. No hay narrativa que articule las obras ni mediación que produzca sentido. El museo es solo una presencia, entonces, ¿qué tipo de sujeto espectador produce?
La dureza del espacio produce una ilusión de radicalidad que encubre la ausencia de proyecto curatorial. Es una estructura hermosa que exhibe obras en condiciones impensadas, donde la pared compite con los cuadros que sostiene y el ambiente transforma las esculturas en parte de una escenografía donde la arquitectura es protagonista. Desde una lectura agambeniana, el MACC puede pensarse como un dispositivo desactivado, conserva su forma, pero suspende su ética.
En todo el museo hay solamente cuatro textos, el que presenta la muestra fotográfica Sensación Chamamé ubicada en la planta baja. En el mismo espacio, un bloque con foto y descripción de formas e interpretaciones del edificio histórico. En el cuarto piso, la muestra temporaria El niño que habito deja una lectura introductoria a la exhibición de Daniela Almeida. El plato fuerte se ubica en el segundo piso: el texto que acompaña la exposición inaugural del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes.
Se trata de un material informativo que explica la existencia del museo a la vez que expone una serie de contradicciones. El relato se articula alrededor de la figura de Luis Niveiro, el museo aparece como el resultado de una voluntad individual. La reiteración del nombre propio, incluso en el cierre, donde el agradecimiento no es institucional sino personal, refuerza la sensación de colección privada legitimada en vez de dispositivo público con responsabilidades culturales.
La fragilidad conceptual se vuelve más evidente cuando el texto promete que las futuras exposiciones ofrecerán “perspectivas temáticas y curatoriales”. La formulación separa lo temático de lo curatorial como si las perspectivas temáticas no fueran,
precisamente, el resultado de una operación curatorial. Esta escisión revela una comprensión reducida de la curaduría, entendida como un agregado posterior y no como el dispositivo que produce sentido.
El texto habla de “artistas correntinos, argentinos y latinoamericanos” como si se tratara de categorías equivalentes, cuando en realidad se trata de identidades incluidas unas dentro de otras. Se produce un efecto simbólico que coloca a Corrientes discursivamente escindida de Argentina, mientras lo “argentino” aparece como una instancia abstracta y externa. Este corrimiento reproduce una lógica centro– periferia que podría debilitar la inscripción de la producción local dentro del campo artístico nacional.
La exposición inaugural se presenta como una selección preliminar de obras, más cercana al inventario que a un relato curatorial. Demasiada explicación de intenciones frente a la falta de definiciones estructurales en relación con lo público y lo privado, la colección, el proyecto, la acumulación y la curaduría. El texto fundacional funciona como un documento de transición que revela un museo atrapado entre la donación, la expectativa y la retórica del futuro. El museo queda así suspendido en un estado de promesa permanente.
La nueva definición aprobada por la Asamblea General Extraordinaria del International Council of Museums (ICOM) es la siguiente: “Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.”
Hay que reconocer el valor de las obras reunidas y el gesto inicial que permitió la existencia del museo, pero es necesario señalar que el MACC parece situarse todavía en un umbral previo a esa institucionalidad. El texto exhibido no da cuenta de un museo que investiga, interpreta o comunica desde un proyecto propio, sino de una colección sostenida más por la voluntad individual que por una estructura pública definida. En este sentido, la expresión parece un museo refiere a un estado, un momento en que la idea de museo se formula discursivamente, pero aún no se materializa como dispositivo cultural al servicio de la sociedad.
(*) La autora es licenciada en Curaduría en Artes por la UNA y se desempeña como curadora independiente.